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Pedro López Adorno:
“Cada poema madura a su manera y al poeta le toca madurar en relación con lo vivido”

domingo 18 de febrero de 2024
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Pedro López Adorno
Pedro López Adorno: “El ejercicio de la lírica ha marcado mi quehacer como poeta hasta en la prosa”.

Pedro López Adorno (Arecibo, Puerto Rico, 1954) es antólogo, escritor, crítico, docente e investigador. Estudió literatura española en The City College of New York y se doctoró en Filosofía y Letras de New York University (1982). Ha sido docente de literatura entre 1980 y 2012 en el Departamento de Estudios Negros y Puertorriqueños de Hunter College (Cuny). Es autor de más de una docena de libros. Su obra poética ha sido publicada en diversas antologías de poesía latinoamericana. López Adorno ha contestado todas nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.

 


 

“Versión del que surgía”, de Pedro López Adorno
Versión del que surgía, de Pedro López Adorno (La Otra, 2020). Disponible en la web de la editorial

—Recientemente publicó usted Versión del que surgía (2020). ¿De qué trata dicho poemario? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarle?

—Desde mi primer poemario, Hacia el poema invisible, publicado en 1981 por el Instituto de Cultura Puertorriqueña, mi obra ha intentado explorar los registros temáticos que, en esencia, son las razones de mi existir como poeta. Tres vertientes siempre van unidas a mi quehacer: el amor, la poesía y la existencia. La búsqueda de modos expresivos para poder plasmarlas sobre la página suele convertirlas en poéticas. Versión del que surgía, publicado en 2020, es una de las “culminaciones” de ese poetizar. Con cada obra publicada desde 1981 he buscado expandir los periplos expresivos de la anterior. Con humildad, devoción, dedicación y rigor me acerco al acto poético. Esa disciplina se ha intensificado en mi madurez.

—¿Qué relación tiene su trabajo creativo-investigativo previo a Versión del que surgía y su trabajo creativo-investigativo posterior? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de puertorriqueño y su memoria personal de la literatura dentro de Puerto Rico o fuera?

—Anterior a Versión del que surgía publiqué en 2018 Terapia perpetua (en formato bilingüe español/italiano) y Arca de la desmesura en 2019. Mirados más allá del lirismo, ambos libros son alegorías del proceso creador. Allí aparecen textos que son poéticas y, al mismo tiempo, poemas de amor. Y vale decirlo: todos mis poemarios entroncan, a su modo, con mi experiencia de puertorriqueño viviendo ya casi sesenta años entre dos espacios geográficos/culturales/lingüísticos: Puerto Rico y Nueva York. Nunca perdí el idioma materno, mucho menos la memoria de vivir frente al mar en mi querido Arecibo durante la infancia. El regreso a esa infancia ha sido un topos existencial en mi obra.

Sigo corrigiendo, revisando y depurando lo que insiste en quedarse en la página.

—Si compara su crecimiento y madurez como persona y escritor con su época actual, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo-investigativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?

—Tomando en consideración que de mi primer libro al más reciente hay un espacio que abarca poco más de cuatro décadas y en ellas he tenido la suerte de ver publicados trece libros de poesía (el número 14 saldrá en agosto) y dos plaquettes, sigo corrigiendo, revisando y depurando lo que insiste en quedarse en la página. En ese sentido, nunca he buscado atrechos para llegar al poema. Cada poema madura a su manera y al poeta le toca madurar en relación con lo vivido.

—¿Cómo visualiza su trabajo creativo-investigativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico y fuera? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo-investigativo a su quehacer de escritor?

—He tenido la fortuna de compartir (dentro y fuera de Puerto Rico) con un nutrido grupo plurigeneracional de poetas que surgen desde finales de los años 70 hasta el presente. Admiro en ese grupo de poetas la riqueza de sus respectivos discursos poéticos y creo que mi obra, señalando las confluencias y diferencias, se inserta dentro de ese variadísimo campo de experiencias, lecturas y lenguajes.

—Ha logrado mantener una línea de creación-investigación enfocada en la poesía, la crítica, la antología y la novela en Estados Unidos y desde o en relación con su natal Puerto Rico. ¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo-investigativo dentro de Puerto Rico y fuera, y la de sus pares?

—El ejercicio de la lírica ha marcado mi quehacer como poeta hasta en la prosa. Basta señalar que mis dos novelas publicadas hasta la fecha, La religión de los adúlteros (1996) y Más allá de un bolero (2021), son novelas líricas tal y como definió el término el teórico Ralph Freedman. En todo caso, hay una línea de pensamiento en relación con mi natal Puerto Rico a lo largo de mi obra. Cabe señalar que, salvo en contadas ocasiones, mi obra no ha tenido el tipo de recepción que han tenido mis pares dentro de la isla. Debe ser la encrucijada diaspórica en que nos vemos encasillados los que escribimos fuera del entorno nacional.

—Sé que es usted de Puerto Rico. ¿Se considera un escritor puertorriqueño o no? O, más bien, un escritor, sea éste puertorriqueño o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

—Sin embargo, ese siempre pernicioso ninguneo no ha logrado silenciar mi ser puertorriqueño. Soy boricua al ciento por ciento. Un poeta/escritor que desde Arecibo o desde el Bronx no pierde de vista sus raíces caribeñas.

Mi trabajo creativo-investigativo (cuyo eje es la poesía) responde a una ideología descolonizadora.

—¿Cómo integra su identidad étnica y de género, y su ideología política con o en su trabajo creativo-investigativo y su formación en la universidad?

—Mi trabajo creativo-investigativo (cuyo eje es la poesía) responde a una ideología descolonizadora. Esa ideología se fue enriqueciendo tras mi paso por City College (Bachillerato y Licenciatura) y New York University. En NYU fue donde obtuve el doctorado con una tesis titulada Vías teóricas a Altazor, de Vicente Huidobro.

—¿Cómo se integra su trabajo creativo-investigativo a su experiencia de vida tras su paso por la New York University? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritor hoy?

Altazor o el viaje en paracaídas, una de las grandes obras del siglo XX, es una verdadera épica del proceso creador. Leer, estudiar y analizar esa obra fue un enorme taller para mi formación literaria-crítica.

—¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo-investigativo y a la temática del mismo? ¿Cómo ha variado?

—Al transcurrir del tiempo, y con la llegada de Facebook, he empezado a notar que mi trabajo poético tiene una humilde presencia a nivel internacional. Para los creadores puertorriqueños tener cierto grado relativo de visibilidad es importante porque nos proyecta hacia otros mundos, otros lectores, otras formas de comunión cultural y, al unísono, nos da la fortaleza para batallar contra el ostracismo colonial.

—¿Qué otros proyectos creativos tiene usted recientes y pendientes?

—Entre los proyectos recientes están dos nuevos poemarios. El primero de ellos, un libro de haikús titulado El jardinero efímero, acaba de ser publicado por Nueva York Poetry Press y está disponible en Amazon. Tenemos planeada una presentación de ese libro en Casa Norberto (localizada en Plaza Las Américas) para el 27 de julio. ¡Prepárense! El segundo saldrá a fines de agosto en Amargord Ediciones de Madrid. Lleva por título Una eternidad en cada sombra. Tal parece que lo que empezó como una exploración del amor hacia el poema invisible se ha ido convirtiendo, con el paso de los años, en una eternidad que el jardinero efímero hace florecer en cada sombra.

Wilkins Román Samot

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