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Máximo Peña, el psicólogo que te enseña a ser mejor padre que tu padre:
“Deseo que mi hija pueda expandir todo su potencial sea el que sea”

domingo 25 de febrero de 2024
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Máximo Peña
Máximo Peña: “La infancia es un terreno fértil, el más fértil que existe”.

Creo que fui un testigo privilegiado en los primeros años de Máximo Peña como periodista, aunque mi testimonio sólo sirva como factor de amistad duradera.

Ahora soy uno de los lectores que lo admiran como psicólogo, casi como filósofo auténtico de este tiempo.

En los años noventa me quedaba observando a Máximo con curiosidad de escritor de periódico y escuchaba sus conversaciones con los otros pasantes, en especial con Ángel Bermúdez, otro joven estudiante de periodismo cuyo talento y amor por la palabra escrita eran rasgos evidentes, notorios.

Parecían felinos mágicos, muchachos dotados de una fuerza misteriosa afincada en el deseo de realizar gestas importantes que nunca dejasen de ser justas y bellas.

Bromeaban, discutían temas de actualidad, soñaban como subidos a un techo estrellado, luminoso; palpitaban heroicos como indiscutibles embriones de otro periodismo, uno que iba a nacer y que se prolongaría desafiando fronteras.

 

“Paternidad aquí y ahora”, de Máximo Peña
Paternidad aquí y ahora, de Máximo Peña (Arpa Práctica, 2023). Disponible en Amazon

La visita

En octubre de 2023 fuimos a Madrid ilusionados por ver de nuevo a varios jóvenes periodistas venezolanos, migrantes valiosos, que forman parte importante del país sentimental y cultural que nos nutre, que nos hace permanecer lo más intactos posible.

Hablo de Mariveni Rodríguez, Luis Martínez, Marynés Carolina Castillo López, Máximo Peña y María Jesús Montes. Añadiendo de un modo especial a dos niñas que son como imanes espirituales: Maya Peña Montes y Mariam Martínez Castillo.

He ahí el asunto: veintitrés años después de haberse ido Máximo Peña y María Jesús Montes para España, los fuimos a ver muy bien acompañados por Marynés, Luis y Mariam.

Los visitamos en su apartamento de Madrid, un hogar con sabores y emociones de España y Venezuela, fundado por María Jesús, Maya y Máximo. En el espacio celestial del balcón, la parte que dejaba abierta la mirada hacia la ruta de vencejos y palomas había una red extendida, como una telaraña de atrapar recuerdos. Mosquiteros. Atarrayas. Playas del Caribe.

—Es para que no se escape el gato —dijo Máximo.

Y recordé ese concreto y definido gato. Lo conocí en un párrafo, en una imagen literaria, y se grabó como un tatuaje de conciencia: “Aún transcurrieron tres años, hasta la mañana en la que Iñaki (el gato) y yo la acompañamos en el baño mientras se hacía la prueba de embarazo. Positiva. Y nunca nada más fue igual en mi vida”, escribió Máximo en la página 16 de su libro.

 

Su éxito va más allá de lo editorial: podría convertirse en un modo de vida, es una obra que contiene todas las posibilidades de un manual existencial.

Paternidad aquí y ahora

El libro Paternidad aquí y ahora tiene una gran aceptación y difusión en España y su éxito va más allá de lo editorial: podría convertirse en un modo de vida, es una obra que contiene todas las posibilidades de un manual existencial.

Su autor, Máximo Peña, entrevistado por los más importantes medios de comunicación españoles, es un periodista venezolano que llegó a España en el año 2000, cuando tenía treinta años de edad. Ya tiene veinticuatro años de vida en aquel país, donde estudió sicología y se nacionalizó español. Significa que ha vivido casi la misma cantidad de años en España y Venezuela.

Y su éxito, su trascendencia, no me extrañó en lo más mínimo, porque Máximo Peña fue uno de los mejores periodistas que vi creciendo en Caracas, estudioso, lector incansable y con una voluntad invencible.

Al inicio de los años noventa teníamos en El Diario de Caracas un equipo formidable de periodistas, incluyendo en lo formidable a los estudiantes de periodismo que trabajaban o hacían pasantía en el periódico. Uno de esos estudiantes aventajados y desenfadados era Máximo Peña. Cuando se graduó no constituyó ninguna sorpresa que se convirtiera en uno de los más carismáticos e inteligentes redactores, en especial en lo relacionado con la política.

Máximo Peña destacaba por su afilada inteligencia, por su sentido del humor que parecía un juego de billar con poesía: carambolas, toques, metáforas. Y su seriedad era como de piedra, pero de repente se reía y su risa se levantaba desde los pies y se elevaba dando la sensación de que se estaba riendo de algo que sólo él sabía. No era extraño sentirse ignorante cuando Máximo decía algo. Estoy aludiendo a sus años juveniles, cuando también trabajó en el diario El Nacional y fue uno de sus más destacados redactores.

Era obvio que no se conformaría con ser periodista nada más cuando decidió marcharse en busca de otras posibilidades. Había estado estudiando filosofía en una época, antes de escoger el periodismo. Y ya en España decidió que estudiaría psicología. Nunca ha mostrado cansancio o desfallecimiento. Su vitalidad y dinamismo son envidiables. Creo que su nobleza y su caballerosidad son fuentes de su voluntad creadora.

Quería entrevistarlo desde hace tiempo, en especial cuando leí una novela suya, todavía sin publicar. Porque Máximo Peña posee una inteligencia fuera de lo común.

Pero todo se concatena: su carisma forma parte de un precioso triángulo de ideas y sentimientos generados por tres seres que han erigido un hogar en donde todos tratan de comprenderse y ayudarse.

 

Máximo Peña
“Aún transcurrieron tres años, hasta la mañana en la que Iñaki (el gato) y yo la acompañamos en el baño mientras se hacía la prueba de embarazo. Positiva. Y nunca nada más fue igual en mi vida”.

Datos breves sobre Máximo Peña

Máximo Peña Villafranca (Caracas, 1970) es periodista, psicólogo, migrante y papá. Licenciado en Comunicación Social (Universidad Central de Venezuela), Psicología (Universidad Nacional de Educación a Distancia, Uned), especialista en Intervención Psicoterapéutica (Uned) y Máster en Mindfulness (Universidad Complutense de Madrid).

Hasta los treinta años de edad residió en Venezuela, donde desarrolló su carrera profesional como periodista. En el año 2000 llegó a vivir a Madrid, como inmigrante sin papeles. Es docente del Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal y miembro de la Asociación Española de Psicología Perinatal. El periodismo y la psicología se unen en su blog Psicología para todos. Trabaja como psicoterapeuta en consulta privada.

 

Me gusta más pensar en la infancia como semillas que hay que sembrar en el lugar adecuado y a las que es preciso cuidar con especial atención y cariño.

“La paternidad es una construcción cultural”

—El objetivo del educador moderno no es talar bosques sino irrigar desiertos, escribió C. S. Lewis. ¿Crees que eso es así?

—Desconozco el contexto de la frase, pero así, de primeras, no me gusta. Si la principal diana de la educación es la infancia, la imagen de los niños y las niñas como un desierto que hay que regar me causa rechazo. La infancia es un terreno fértil, el más fértil que existe. Si continuamos con el símil agrícola, me gusta más pensar en la infancia como semillas que hay que sembrar en el lugar adecuado y a las que es preciso cuidar con especial atención y cariño.

—El hombre ¿ignora demasiado la formación de los hijos?

—Abusando de la generalización, podríamos decir que hay cierta tendencia en algunos hombres a dejar los asuntos relacionados con la educación de los hijos en manos de las madres. En el libro cito la respuesta de un periodista español (Juanma Castaño) que en una entrevista reciente señaló: “Quiero mucho a mis hijos, me da igual a qué curso van”. No saber a qué curso van los hijos revela una desconexión con el día a día de la crianza. ¿Cuántos padres participan en los grupos de WhatsApp de los colegios, cuántos van a las reuniones escolares o a los actos que son importantes para sus hijos?

—¿Por qué el hombre actúa como padre irresponsable?

—Fíjate que desentenderse de los hijos que traen al mundo no lo hacen los monos titi, que tienen como prioridad cuidar de sus crías. Eso ocurre porque la paternidad humana es facultativa, es decir, opcional. Mientras que la maternidad es un proceso fisiológico, ser padre es una construcción cultural. Y en muchas sociedades aún se ampara y se permite la irresponsabilidad paterna. ¿Viste que en las pasadas elecciones presidenciales en Argentina el partido de Milei propuso ofrecer a los padres la posibilidad de renunciar a la paternidad para que no tengan que hacerse cargo de los gastos derivados de la crianza? Sin embargo, las cosas están cambiando y cada vez hay más padres que asumen la corresponsabilidad en los cuidados y en las labores domésticas.

—¿Las madres no influyen en los hijos varones para que actúen como padres responsables?

—Algunas sí, otras no. Como creencia y práctica sociocultural no es fácil escapar del machismo, y las propias mujeres, a pesar de ser ellas las principales perjudicadas, muchas veces en la crianza contribuyen a perpetuarlo. Pienso, además, que la madurez como ser humano, en este caso la de un hombre que se convierte en padre, pasa por hacer una revisión de la educación y los valores recibidos, y en esforzarse por no transmitir a las generaciones siguientes todo aquello que, tal vez, estuvo mal en su propio proceso de crianza.

—¿Por qué el hombre quiere huir de la formación familiar?

—La paternidad es un fenómeno relativamente nuevo en la historia de la humanidad. La maternidad ha existido siempre, pero durante miles de años se desconoció que la relaciones sexuales eran la causa del embarazo, el cual marca una diferencia abismal entre la experiencia de la maternidad y la paternidad. Para el padre, más allá del semen, su cuerpo no forma parte del proceso, hasta que nace el bebé, y con él, comienza a nacer el padre. Para las mujeres la mater­nidad es una experiencia atravesada por el cuerpo, mientras que para los hombres la paternidad es una construcción cul­tural. Así que dependerá de la cultura en la que esté insertado ese hombre la que condicione en buena medida en qué tipo de padre se convertirá. En muchos lugares de Occidente, por ejemplo, existe una enorme expectativa sobre el papel de los padres, y se espera de ellos que no sólo cumplan con el rol tradicional de proveedores, sino que participen activamente en el cuidado de los niños y en las tareas domésticas, no como ayudantes de las mujeres, sino de forma igualitaria, equitativa.

 

El rol del padre no es entrar en competición con la criatura, sino asumir, si no lo había hecho antes, que las tareas domésticas no son un asunto de mujeres, sino labor de todos.

“Traer el dinero a casa no es suficiente”

—El amor verdadero ¿surge cuando el hombre toma conciencia como padre?

—No lo creo, porque eso significaría que las personas sin hijos no conocen el “amor verdadero”. Lo que sí está claro es que con la llegada de los hijos la relación de pareja está llamada a reelaborarse. Las mujeres centrarán su atención en los cuidados del bebé recién nacido, y el rol del padre no es entrar en competición con la criatura, sino asumir, si no lo había hecho antes, que las tareas domésticas no son un asunto de mujeres, sino labor de todos, e ir incorporándose paulatinamente a los cuidados directos del bebé hasta que se alcance la mayor igualdad posible en torno a la crianza, siempre atendiendo a las diferencias individuales y a las particularidades de cada grupo familiar. No hay una forma única de ser padre. Lo que está claro, en pleno siglo XXI, es que traer el dinero a casa no es suficiente.

—Cuando eras un estudiante de periodismo, un joven desenfadado, pero sensible, ¿pensaste alguna vez en ser padre?

—En esa época no lo pensaba. Ser padre era algo que, simplemente, estaba fuera de mi marco de pensamiento en ese entonces. Vivía centrado en mí mismo, lo que a esa edad es normal, y aún no tenía la consciencia ni la madurez necesarias para embarcarse en la aventura de tener hijos.

—¿Cómo te imaginabas que serías en el rol de padre?

—Tuve la suerte de tener un modelo de paternidad positiva, mi padre fue un buen hombre que cuidó bien de mí y de mis hermanas. Para mí convertirme en padre ha sido un proceso de aprendizaje continuo, de meter la pata una y otra vez, pero intentar cada día hacerlo mejor.

 

“Tuve que rehacerme como persona”

—¿Qué te hizo buscar otra profesión después de ser periodista?

—Cuando vivía en Venezuela, aparte de periodismo, estudié filosofía, porque siempre he tenido el gusanillo del conocimiento. Luego, con la migración, y al no poder insertarme como periodista en España, tuve que rehacerme como persona, y ahí apareció la psicología como una vía de autoconocimiento, que me permite ayudar a los otros y ganarme la vida.

Todo, absolutamente todo me sorprende, empezando por mi propia existencia.

—¿Qué cosa de la vida te sigue pareciendo sorprendente?

—Todo, absolutamente todo me sorprende, empezando por mi propia existencia. Esta mañana, después de dejar a mi hija en el colegio, me fui a caminar y a hacer ejercicio en un parque. La hierba estaba húmeda, los pájaros tenían una fiesta, el sol calentaba lo justo, el aire estaba limpio; las flores, tímidamente, comenzaban a vivir una vida que puede acabar, para ellas, hoy mismo con un pisotón de un caminante descuidado. Todo eso, ¿no es sorprendente?

—¿Qué es lo que amas, más y más, de tu esposa?

—Amo la manera en que es honesta y en que se enfrenta a mí para que yo pueda ver lo que, sin ella, tal vez, sería incapaz de ver.

—¿Qué significa tu hija en tu existencia? ¿Qué deseas para ella?

—En mi proceso de hacerme con la idea de convertirme en padre, en algún momento tuve la idea de que cuando los hijos vienen al mundo te quitan parte de tu tiempo. Y aunque, en esencia, eso es verdad, desde otro punto de vista es falso, puesto que los hijos no son otra persona distinta de ti, sino una extensión tuya. Mi vida ahora es más amplia. ¿Qué deseo para mi hija? Que viva una vida en libertad, que pueda florecer y expandir todo su potencial, sea el que sea.

—¿Qué tipo de paciente busca con más urgencia tu conocimiento?

—La psicología y la psicoterapia aún no han inventado una palabra adecuada para designar a las personas que buscan ayuda. O les llamamos paciente, siguiendo el modelo médico, pero yo no trabajo con pacientes; o les llamamos clientes, lo cual mercantiliza la relación. A falta de una palabra adecuada, trabajo con personas que atraviesan momentos difíciles y cuyos emociones y pensamientos, aparte de la realidad misma, les hacen sufrir. Todos somos susceptibles de necesitar escucha compasiva, sostén, orientación y apoyo.

—Si hubieses nacido mujer, ¿cuántos hijos tendrías?

—Ja, ja, ja. Ni idea. Me quedo con la perplejidad que me produce imaginarme siendo mujer. ¿Cómo sería? Ella, y no yo, tendría que responder a esa pregunta.

A veces el azar juega un papel en nuestras vidas que nos cuesta aceptar.

—¿Qué pasó con tu novela, aquella que me impresionó tanto?

—Es una novela histórica sobre Jesús de Nazaret, pero es algo más. Se trata de un artefacto literario de deconstrucción masiva del mito cristiano. Después de que tú la leíste, pasó por las manos de una excelente editora venezolana en Madrid, Miriam Ardizzone, que la dejó lista para publicar. Sólo falta la editorial adecuada. Mientras tanto, la sigo inscribiendo en concursos; a veces el azar juega un papel en nuestras vidas que nos cuesta aceptar.

—¿Jesús fue un buen hijo? ¿Qué piensas de Jesús?

—En los evangelios canónicos hay pistas que nos permiten pensar que Jesús tuvo una relación difícil con su madre, como una mala respuesta que le da, según Juan, en las bodas de Caná, y otros momentos en los que se revela cierta distancia entre ambos o con su familia. Jesús fue un maestro judío que se levantó contra el poder religioso de su tiempo, y si hoy volviese no creo que le gustase mucho la forma que, en su nombre, adoptó la nueva religión que nació a partir de él. Es probable que si Jesús regresara fuese al Vaticano y, una vez más, sacara el látigo para echar a los mercaderes del templo.

José Pulido

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