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Christian Encarnación:
“La patria de un escritor es el idioma que lo posee”

domingo 28 de abril de 2024
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Christian Encarnación
Christian Encarnación: “La literatura dominicana está resultando un objeto de interés para la comunidad internacional, quizás debido al abandono de ciertos temas históricos que ya se encontraban anquilosados y sobreexplotados”.

Christian Encarnación (Santo Domingo, República Dominicana, 1997) es poeta y fotógrafo. Es estudiante de Licenciatura en Informática en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Parte de su trabajo poético-creativo ha sido publicado, entre otras revistas, en Cuadernos del Hipogrifo (Italia), Revista El Humo (México), Oupoli (Francia) y La Libélula Vaga (Cuba). Una parte de su obra ha sido traducida al francés. Ha sido invitado a recitales y conversatorios de poesía dentro y fuera de República Dominicana. En 2021 publicó su primer poemario, Ausencia del vacío (Editora Nacional), con el que ganó el Premio de Poesía Joven Zacarías Espinal 2021. En la actualidad se dedica a la gestión o difusión literaria y escribe libros de aforismos y poesía.

 


 

Hace algún tiempo publicó Ausencia del vacío (2021). ¿De qué trata este libro? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarlo?

Fue un libro en el que traté los temas que me preocupaban y formaban parte de las experiencias que nos acompañan desde el origen de nuestra especie: infancia, amor, creencia, violencia, muerte y, por supuesto, ausencia. En él recogí visiones e impresiones sobre el mundo que me rodeaba, también de ese mundo que no vemos y del que vienen todas las cosas. Hay mucho de mí en el libro, pero eso que hay de mí puede haberlo de cualquier otro también.

Escribí ese poemario en distintas etapas de mi vida. Lo considero un proceso de creación-destrucción porque ya perdí la cuenta del número de veces en que lo desarmé y lo volví a armar hasta que lo sentí listo para compartirlo con el mundo. Trabajarlo no fue algo sencillo; me gusta crear libros que rompan, tanto al autor como al lector. Cuando me llegó la idea del libro estaba en un momento muy difícil de mi vida (lo que luego pasaría a ser mi estado natural). Lo concebí como una carta de despedida, los poemas finales dejan ver eso, quien lee con atención puede notarlo.

 

La importancia del Caribe radica en que yo nací y crecí aquí, mis vivencias y todo lo que soy está ligado a República Dominicana.

¿Qué relación tiene su trabajo creativo previo a Ausencia del vacío y su trabajo creativo entonces y hoy? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de dominicano-caribeño y su memoria personal de lo caribeño dentro de República Dominicana y el Caribe?

Los temas que trabajé antes de Ausencia del vacío y los que trabajo ahora son los que me siguen obsesionando y se han convertido en la base de mi obra. Entre ellos podemos encontrar el dolor, la memoria, la pérdida y las transiciones que padecemos los humanos. Ese primer poemario me hizo descubrir cómo yo quería elaborar mis libros. La importancia del Caribe radica en que yo nací y crecí aquí, mis vivencias y todo lo que soy está ligado a República Dominicana. El aislamiento insular (“la maldita circunstancia del agua por todas partes”, como escribiera Virgilio Piñera), las calles de la Zona Colonial y su condición de ser un lugar que se detuvo en el tiempo y el ruido caleidoscópico de la ciudad de Santo Domingo, eso está presente en lo que escribo y ha influido en mi creatividad. Al final, también somos el espacio que habitamos.

 

Si compara su crecimiento y madurez como persona, escritor, con su época actual de escritor en República Dominicana, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?

Soy menos impulsivo a la hora de escribir, más metódico y crítico. Busco una mayor pureza en el verso. Escribir es algo que requiere mucha paciencia y trabajo, hay que tener cuidado con ir rápido porque uno puede estrellarse. Escribo como quien va a dar un paseo por el parque, es algo que me satisface y puedo disfrutar en silencio y sin prisas. Para mí es una necesidad espiritual, un susurro que hasta ahora no he podido ignorar. Como persona y escritor diría que el cambio más importante ha sido la oportunidad de entrar en contacto con múltiples pensamientos. La lectura y la escritura han expandido mi mente y me han llevado a conocer a personas (vivas y muertas) que influyeron directamente en mi manera de pensar y de ver las cosas. Gracias a eso soy más exigente y más atento con los detalles.

 

¿Cómo visualiza su trabajo creativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en República Dominicana y fuera? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo a su quehacer literario?

En mi generación veo una explosión de voces diversas y originales, cada una con su forma de abordar la escritura. Ha resultado enriquecedor compartir con los autores; estamos en un intercambio constante de ideas, estilos y perspectivas, lo cual ha nutrido mi creatividad. Juntos, exploramos temas contemporáneos, desafíos sociales y culturales. Mi trabajo creativo se beneficia gracias a estas interacciones, pues inspiran y desafían, permitiéndome crecer como escritor y contribuir al panorama vibrante de la literatura en la República Dominicana y más allá.

 

Mi trabajo ha tenido una buena acogida tanto dentro de la República Dominicana como fuera de ella.

Ha logrado mantener una línea de creación literaria. ¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo dentro de República Dominicana y fuera, y la de sus pares?

Mi trabajo ha tenido una buena acogida tanto dentro de la República Dominicana como fuera de ella. Desde que comencé a publicar mis poemas en redes sociales me topé con lectores y escritores que vieron potencial en mí y fueron clave en que yo madurara como autor. Algunos de ellos me han traducido a otros idiomas, permitiendo así que mi voz se expanda más allá de las barreras de la lengua. Todo este intercambio ha sido muy positivo. La literatura dominicana está resultando un objeto de interés para la comunidad internacional, quizás debido al abandono de ciertos temas históricos que ya se encontraban anquilosados y sobreexplotados, permitiendo esto el rescate y reinvención de otros temas que han abierto el paso hacia una literatura más universal, sugerente y atractiva.

 

Sé que es usted de República Dominicana. ¿Se considera un escritor dominicano o no? O, más bien, un escritor de literatura, sea ésta dominicana o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

Soy un escritor dominicano porque nací en República Dominicana, pero, de nacer en el desierto, igual habría sido escritor. Escribir va más allá de una nacionalidad o del espacio de creación. Tiene que ver con cierta sensibilidad, con una manera especial de ver las cosas. Es cierto que cada país brinda una perspectiva distinta para escribir, pues cada uno posee su propia riqueza; sin embargo, creo que la patria de un escritor es el idioma que lo posee.

 

¿Cómo integra su identidad étnica y de género y su ideología política con o en su trabajo creativo y su formación de origen dominicano?

Cuando escribo no soy nada ni nadie. Hay un desprendimiento de mi persona. No puedo reducirme a un número, nombre, creencia, raza, género, postura, etc. Quisiera citar un fragmento del poema “Voy a hablar de la esperanza”, de César Vallejo, que lo explicaría mejor: “Yo no sufro este dolor como César Vallejo. Yo no me duelo ahora como artista, como hombre ni como simple ser vivo siquiera. Yo no sufro este dolor como católico, como mahometano ni como ateo. Hoy sufro solamente. Si no me llamase César Vallejo, también sufriría este mismo dolor. Si no fuese artista, también lo sufriría. Si no fuese hombre ni ser vivo siquiera, también lo sufriría. Si no fuese católico, ateo ni mahometano, también lo sufriría. Hoy sufro desde más abajo. Hoy sufro solamente”.

 

¿Cómo se integra su trabajo creativo a su experiencia de vida como estudiante antes y después de su formación y desarrollo profesional? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritor en República Dominicana hoy?

Sigo siendo estudiante. La escritura me acompaña a todos los lugares, el poema puede llegar en cualquier momento. Estar en la universidad me permite conocer personas, tener experiencias y desarrollar mi capacidad de observación, es un espacio en donde se dan situaciones ideales para ejercitar la creatividad. Escribir también es algo que me absorbe; cuando estoy escribiendo no puedo pensar en otra cosa que no sea eso.

 

No creo que un premio literario haga mejor a un autor, pero le da cierta proyección que se agradece bastante.

¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo y a la temática ficcional o no del mismo? ¿Cómo ha variado?

Luego de ganar el Premio Joven de Poesía Zacarías Espinal de la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo 2021 comencé a ser más leído; eso catapultó mi trabajo y, por así decirlo, le dio una base. Vinieron más lectores hacia mí, la gente comenzó a comentar mi libro y eso me ayudó mucho porque ya estaba creando obra, un nombre dentro de las letras dominicanas y, no menos importante, una mayor cercanía con quienes seguían mi trabajo. Esa es la diferencia más notoria. No creo que un premio literario haga mejor a un autor, pero le da cierta proyección que se agradece bastante.

 

¿Qué otros proyectos creativos tiene usted recientes y pendientes?

En estos momentos me encuentro trabajando en un libro de poemas muy alejado de lo que suelo escribir.

Wilkins Román Samot

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