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Hakeem Torres:
“Mi literatura es una faceta de mi visión creativa”

domingo 9 de marzo de 2025
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Hakeem Torres
Hakeem Torres: “La relación colonial de Puerto Rico con Estados Unidos ha matizado mi arte”.

Hakeem Torres (Humacao, Puerto Rico, 1998) es poeta. Se graduó con altos honores de su Bachillerato en Artes (B.A., 2021), con concentración en Humanidades de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Días en la Tierra (2024) es su primer poemario. Él ha contestado todas nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.

 


 

—Hace poco tiempo publicó usted Días en la Tierra (2024). ¿De qué trata este poemario y cómo recorre usted entre la literatura y la realidad o no ficción? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarlo?

—En Días en la Tierra yo intento hablar de la experiencia contemporánea de Puerto Rico, hablar de mi estado emocional y pensamientos en los que pondero a lo largo de mis semanas. Considero que es un poemario que utiliza la ficción como herramienta; si hay momentos tomados de mi experiencia de vida, venerando la fuerza de mis vínculos, son por medio de mis palabras. Las emociones como marcadores temporales informan mi vida y mi literatura, pero lo que diría es que uso el realismo como estética, pero no como una representación de la verdad. La ficción resulta más poderosa para excavar las verdades más suprimidas.

“Días en la Tierra”, de Hakeem Torres
Días en la Tierra, de Hakeem Torres (Pulpo, 2024). Disponible en la web de la editorial

—¿Qué relación tiene Días en la Tierra con su trabajo creativo anterior y hoy?

—Este es mi primer libro, así que no es como si los demás podrían saber tanto sobre mis otros trabajos creativos, pero yo puedo decir que como todo poeta tuve mi período en la intermedia y la high en la que escribí poemas de amor y de depresión, luego cambió a un approach más político, esto definitivamente influenciado por la Universidad de Puerto Rico cuando ingresé en 2016, pero para ser honesto yo había abandonado la poesía. Me estoy centrando en la narrativa y estuve publicando unas cuantas con La Interferencia, una revista independiente en España que estuvo activa por unos años. Los textos siguen por si los desean leer, pero definitivamente también ya no estoy en ese lugar como narrador. Días en la Tierra es un producto de mis ejercicios de narrativa, no por arrogante, pero cuando escribía mis cuentos o historias cortas me enfoqué en la construcción de imágenes y creo que logré dominar algunos aspectos al tomar una foto con mis palabras, depositando significados en metáforas elocuentes. Al menos eso intento.

—Si compara su crecimiento y madurez como persona y escritor, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo inicial con el de hoy?

—Claro que he cambiado como persona desde que comencé a escribir, pero la cosa más directa que me viene a la mente es la intención con la que toco los temas. Hubo algún momento en que la moraleja, el hablar de algo “real”, era la prioridad del arte que creaba, pero eso lo he abandonado, no porque ya no hay temas pertinentes que discutir, sino porque prefiero presentar una situación y dejar que respire. La intuición me ha hecho creer en el silencio. La opinión del escritor siempre se va a presentar en su texto, por la naturaleza de que todos somos seres parcializados, pero mi perspectiva no es la importante. Lo que importa es lo que evoca en el lector; una vez que yo suelto una obra ya ese trabajo de nivel espiritual hizo lo que tenía que hacer por mí. Mis trabajos una vez publicados le pertenecen al espectador y la relación que puede tener con mi literatura. Que mi arte sólo es una herramienta, más para que otro pueda dar cimientos a sus experiencias individuales.

—¿Cómo visualiza su trabajo creativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico y fuera?

—Realmente yo he sido un recluso, he leído literatura contemporánea, muchos poemas gestionados por La Impresora, Sad Vacation Press, Pulpo, Tachuela y la Editorial Cundeamor, pero ahora es cuando finalmente he logrado conocerlos y todos han sido fantásticos; creo que lo que unifica la literatura contemporánea en esta isla es el abandono de los espacios domésticos, la ausencia de comunidad y la erosión de la cultura puertorriqueña ante las ráfagas del colonialismo. Pienso que todas estas editoriales y los escritores que han publicado contribuyen masivamente en colectivo y participo de esa tradición, es una aportación minúscula a un movimiento literario más grande que está ocurriendo en Puerto Rico.

—¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo dentro y fuera de Puerto Rico, y la de sus pares, bien sean escritores de poesía u otro género?

—Ha sido fantástico ver cómo las personas que han leído mis textos me han comentado sus reacciones a mis poemas. Es divertido escuchar la interpretación de tu poema. Hasta el momento todo lo que ha llegado a mí ha sido positivo, he tenido de colaborar con mis pares gracias a mi poesía y eso es suficiente. He conocido a escritores que admiro gracias a mis textos y esa es recepción suficiente. En cuanto a recepción internacional no sabría decirte, honestamente no estaría sorprendido si mi libro no ha salido de Puerto Rico (contando diáspora).

—Sé que es usted de Humacao, Puerto Rico. ¿Se considera un autor puertorriqueño o no? O, más bien, un autor de literatura o de poesía, sea ésta puertorriqueña o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

—No niego de ninguna manera que mi arte está influenciado por mi entorno y claramente mi sensibilidad política y artística está informada por las realidades de Puerto Rico, pero creo que es obtuso reducir mis intenciones literarias en este archipiélago; creo que la literatura, como tradición universal de la cultura humana, obliga a que tengas un discurso que está fuera de tiempo, espacio e idioma. Mis influencias son varias, la manera como las Antillas se relacionan en el Caribe condiciona mi realidad material y perspectiva artística; el hecho de que soy una persona negra en una época neocolonial, donde vivimos en el mundo poscanónico supremacista blanco, informa como me desarrollé como escritor. La relación colonial de Puerto Rico con Estados Unidos también ha matizado mi arte; la mercantilización de narrativas te hace partícipe, como escritor, de una corriente informática que es más grande que tu archipiélago.

—¿Cómo integra su identidad étnica y de género y su ideología política con o en su trabajo creativo?

—Soy bastante claro de qué represento, no lo escondo. Mis ideales políticos, mis perspectivas filosóficas, la manera como me relaciono con las identidades étnicas y de género, se pueden ver en mi literatura. El propósito de mi literatura, y creo que de toda gran literatura, es condensar la experiencia humana e inyectarla en la conciencia del lector para que pueda entender la subjetividad del otro, corroer el yugo de la dinámica sujeto-objeto en que nos relacionamos. Mi realidad étnica es evidente por medio de mis referencias y un poema explícito que se titula “Conga”, en Días en la Tierra, pero este libro no se centraba originalmente en perspectivas políticas, sólo las recoge y las plasma frente al lector esperando su reacción. Ya mi trabajo narrativo se enfoca en alguna temática, sobre condiciones materiales, como clase, la moralidad de los roles de géneros en un mundo neoliberal y los fracasos del capitalismo a escala global.

—¿Cómo se integra su trabajo creativo a su experiencia de vida? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritor hoy?

—Yo siempre estoy trabajando en mi mente en mis nuevos proyectos, mientras friego, mientras trabajo, mientras como, mientras descanso. No tengo un itinerario fijo de cuándo escribo; realmente lo he intentado, pero no me es natural; diría que cuando ya una idea se añejó bien en mi alma es cuando toca la tinta y papel. Mi literatura es una faceta de mi visión creativa, pero me ayuda a facilitar otras ideas, performances, obras de arte que están en construcción. Escribir es en sí terapéutico también, y aunque no es ese el fin principal por el cual escribo, me ha ayudado a conocer más sobre mí y mi familia, y me ha ayudado a crecer como persona.

—¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo y a la temática del mismo? ¿Cómo ha variado?

—Mi libro no lleva ni seis meses fuera y es mi primera obra publicada, así que no he visto diferencias en cuanto a la opinión de la gente sobre la obra en sí. Sí se han presentado nuevas oportunidades gracias a la recepción positiva que he tenido con las personas que han tenido la oportunidad de leer mis poemas. Sí me gustaría saber cómo maduró mi libro a lo largo del tiempo y ahí le podría brindar una mejor respuesta, y otra cosa que espero con ansias es poder ver cómo Días en la Tierra se verá con el resto de los libros y de las obras de arte que planifico presentar en el futuro.

—¿Qué otros proyectos creativos tiene usted recientes y pendientes?

—Tengo varias cosas en las que me estoy enfocando. Continúo trabajando en la instalación digital de Días en la Tierra en Instagram, en la que colaboro con varios artistas para crear un lenguaje visual y sonoro, por medio de la fotografía y la música, que esté acorde con la estética del poemario. Colaboro en esto con mi editora Gabi; Nicholas, que fue el fotógrafo; Nadirr, una dj espectacular, y Cleo, una escritora tremenda, diseñadora gráfica y mucho más. Con Veneno, que es un colectivo al que pertenezco, también estamos gestionando dos libros, un poemario de Gabi y una novela de Luis Rivera que esperamos salgan este año. Ya me encuentro trabajando en dos novelas en las cuales me estoy disfrutando el proceso, pero no tengo una expectativa de cuándo estarán listas para el público.

Wilkins Román Samot
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