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Rafael Pabón Ortega:
“Hoy escribo menos y pienso más”

domingo 27 de abril de 2025
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Rafael Pabón Ortega
Rafael Pabón Ortega: “No me puedo desprender de quien soy: un boricua caribeño, apasionado y sandunguero con inclinaciones insurreccionales y sediciosas”.

Nacido en Chicago el 5 de noviembre de 1960, Rafael L. Pabón Ortega es un puertorriqueño con una amplia formación académica, que incluye una Maestría en Administración Pública de la Universidad de Puerto Rico y un Diploma de Estudios Avanzados (DEA) en Filosofía, Ciencias de la Conducta y Sociedad de la Universidad Complutense de Madrid. Con experiencia como mediador de conflictos, maestro, profesor y consejero en crisis y salud mental, ha coordinado programas educativos y de salud mental en Puerto Rico, Filadelfia y Nueva York.

Desde finales de los ochenta e inicios de los noventa, Rafael se ha destacado como escritor, enfocándose en crónicas, reflexiones sensibles y retratos caricaturescos de la sociedad urbana de Puerto Rico. A pesar de su popularidad en las redes sociales, fue despedido en 2014 de su puesto en el Centro de Mediación de Conflictos del Tribunal de San Juan por considerar su estilo de escritura como demasiado gráfico y ofensivo. Este despido fue visto por muchos en el país como un acto de censura, y Rafael presentó una demanda por su derecho a la libertad de expresión, la cual aún está pendiente de resolución.

Debido a las restricciones impuestas por su despido, Rafael tuvo que emigrar a Estados Unidos, donde actualmente reside y trabaja en la administración y coordinación de programas de salud mental en la ciudad de Nueva York. Es el orgulloso padre de Mariela Pabón, una talentosa ilustradora y autora, y de Rafa Pabón, un exitoso cantante y compositor de música urbana nominado para un Latin Grammy. A pesar de los desafíos que ha enfrentado, Rafael continúa con su pasión por la escritura y sigue siendo una voz relevante en la comunidad literaria. Rafael me ha contestado todas nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.

 


 

“Surviving a lo Bori”, de Rafael Pabón Ortega
Surviving a lo Bori, de Rafael Pabón Ortega (Secta de los Perros, 2024). Disponible en la web de Librería Laberinto

—Hace poco publicó Surviving a lo Bori (2024). ¿De qué trata este su primer libro? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarlo?

—Este libro es el resultado de toda una vida de cuentos y relatos, es un poco biográfico, un intento de entender las contradicciones y retos de vivir en una de las colonias más antiguas del mundo, de entender por qué nos vamos sin querer y regresamos queriendo, es un intento de entender nuestra capacidad de mantenernos caribeños a pesar de vivir en el país que nos niega, es un desahogo, de todo un poco. La oportunidad surgió al momento de entender que para mantener la cordura en la colonia y en la metrópolis hay que escribir, escribir con nostalgia y con coraje.

—¿Qué relación tiene su trabajo creativo previo a Surviving a lo Bori y su trabajo creativo hoy? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de puertorriqueño y su memoria personal o no de lo caribeño dentro de Puerto Rico y Estados Unidos?

—Lo vivido antes de escribir el libro me preparó para lo que venía después. Me crie en una familia que creía en la independencia de Puerto Rico. Participé en las luchas estudiantiles y sociales que defendían nuestra soberanía y nuestra tierra. Viví la represión y las campanas de odio y miedo hacia nuestros ideales. Me aferré a nuestras tradiciones y cultura como acto de resistencia al colonialismo. Me identifiqué más con el Caribe y Latinoamérica que con Norteamérica. Esto me marcaría para siempre, lo llevaría conmigo al emigrar y se reflejaría luego en mis textos.

—Si compara su crecimiento y madurez como persona y escritor con su época actual, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?

—Cuando residía en Puerto Rico y trabajaba de mediador de conflictos para la corte fui censurado por mis escritos por entender que eran muy gráficos, crudos y políticos. Fui despedido e inhabilitado de trabajar en el gobierno por siete años. Estuve un tiempo afectado por la censura y eso se reflejó en mis escritos. Fui más cuidadoso, menos directo. Luego de radicado en Nueva York y superado el trauma del destierro y la censura, recobré mi voz y comencé a escribir de nuevo, pero sobre mi experiencia de inmigrante caribeño. Los escritos adquirieron un contenido más inclinado a la crítica social, con más profundidad, un toque de humor con sarcasmo, y con la irreverencia y el coraje que me quedó luego del despido. En otras palabras, perdí el miedo.

—¿Cómo visualiza su trabajo creativo con el de su núcleo generacional de investigadores y escritores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico y fuera? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo a su quehacer y a su trabajo escrito de interés y cruce entre Puerto Rico y su diáspora?

—Creo que mi trabajo se distingue de los demás, porque mi realidad fue distinta. No fui un emigrante que se fue solamente por razones económicas, me fui por un despido, por la censura y por sentir que el país me cerraba las puertas y no me daba espacio para crecer. He encontrado escritores jóvenes que relatan y describen mejor los procesos y las complicaciones existenciales que yo también comparto, sin quedarse exclusivamente en el nacionalismo nostálgico y patriótico que añora un pasado y un país que ya no existe, muy característico de los escritores e investigadores de mi generación. Me he nutrido mucho de la capacidad de lucha y resistencia cultural de la diáspora boricua neoyorquina y de sus formas de manifestarla a través de sus múltiples y variadas expresiones culturales y artísticas. Eso, combinado a mi trabajo de adiestrador en temas de salud mental para las comunidades latinas de inmigrantes en Nueva York, me nutre también del contexto necesario para poder escribir crónicas que retraten un poco la vida de los inmigrantes en esta ciudad.

—¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo dentro de Puerto Rico y fuera, y la de sus pares?

—Siento que he tenido mucha recepción en Puerto Rico y en Nueva York. Los lectores se identifican con mis angustias y mis luchas y las hacen suyas. Mi estilo directo, irreverente, salpicado de humor caribeño, convierte mis historias en un bálsamo para nuestros traumas colectivos, en una voz necesaria que no deja de denunciar ni de expresar que nuestra permanencia en estas tierras extrañas es pasajera y nuestro norte está apuntando siempre al regreso al Caribe. También ayuda a los compañeros de la diáspora criados aquí a entender lo complicada que es la vida en la colonia y todas las contradicciones y frustraciones que eso conlleva y que nos llevamos con nosotros a donde quiera que vamos. Es recíproco, yo aprendo de ellos y ellos de mí. Eso lo hace especial.

—Sé que es usted de Puerto Rico. ¿Se considera un autor puertorriqueño o no? O, más bien, un autor caribeño, sea éste puertorriqueño o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

—Cuando aterricé en Nueva York aparte de puertorriqueño me convertí en otro inmigrante caribeño. Esta ciudad está repleta de dominicanos y boricuas. Esa sensación de pertenecer a una comunidad tan grande y repleta de vida, bulliciosa, ruidosa y caótica, rica en colores y sabores, sonidos y olores, me dio la fuerza necesaria para resistir y afirmar mi cultura caribeña. El grupo de puertorriqueños que me acogió solidariamente cuando llegué fue el colchón que me protegió de caer sumergido en la nostalgia y la depresión, llenando mis necesidades más íntimas y del alma, exponiéndome a las comidas y tradiciones que dejé. Esto me ayudó a curar con creces cualesquiera desgarradura y me permitió retomar la escritura y mi deseo de contar.

—¿Cómo integra su identidad étnica y de género, y su ideología política, con su trabajo creativo y su formación en la Universidad de Puerto Rico?

—Todo se mezcla como en un gran guiso. Todo ingrediente cumple su función. No me puedo desprender de quien soy: un boricua caribeño, apasionado y sandunguero con inclinaciones insurreccionales y sediciosas, que comprobó y corroboró durante su vida universitaria lo que ya se sospechaba instintivamente, que el sistema estaba jodido y había que luchar para cambiarlo, ya fuera a las buenas o las malas.

—¿Cómo se integra su trabajo creativo a su experiencia de vida tras su paso por la Universidad de Puerto Rico? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritor hoy?

—Mi experiencia de vida incluye la universidad y todo lo ocurrido en la periferia y marginalidad de los barrios que rodeaban el centro docente. La universidad me ayudó a afinar mi conciencia social y política, a entender las teorías que intentaban explicar las desigualdades sociales y económicas, el colonialismo y la lucha de clases. Eso ocurría por el día. Por la noche me dejaba seducir por la decadencia malandrina de los barrios vecinos y aprendía otras materias que me ayudarían luego a sobrevivir en el mundo real. Todo eso, junto a mi influencia familiar y crianza en un barrio de profesores, fue terreno fértil para cultivar una de mis mayores pasiones, la escritura.

—¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo y a la temática de éste? ¿Cómo ha variado?

—El público que me lee desde mis inicios nunca me ha abandonado. Se han sumado muchos más y todos permanecen en mi red de lectores. No hay mucha diferencia en mis lectores; soy yo el que ha cambiado. Antes de la censura escribía más relajado y sin pensar mucho en las consecuencias de mis palabras o en los grupos que pudiera ofender. Con el tiempo me fui concientizando de la importancia que tiene lo que uno escribe y de toda la gente que te lee sin tú saberlo. La salida del país y el destierro, con todos los retos y el dolor que eso conlleva, me hizo escribir con más seriedad y profundidad. Luego de los años y de manejar el estar viviendo en el extranjero, retomé aquella voz más rebelde y un poco anárquica. Hoy escribo menos y pienso más.

—¿Qué otros proyectos creativos tiene usted recientes y pendientes?

—Ahora considero varias opciones de proyectos; otro libro, un podcast sobre mis crónicas, cortometrajes y componer canciones para el género que se me cruce en el camino. El tiempo dirá.

Wilkins Román Samot

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