
Arturo Torres Ortiz, también conocido como R-Two, se adentró en el mundo del hip-hop hace más de treinta años. Sin embargo, en 2018, este pilar de la escena underground de Puerto Rico lanzó lo que podría considerarse su trabajo más auténtico y personal hasta la fecha: Vida, lucha y victoria, tres palabras que tienen un significado profundo para él.
Originario del barrio Jurutungo de Río Piedras, Torres Ortiz se sumergió en la cultura del hip-hop nacional a finales de los años 80, y para la siguiente década ya estaba rapeando con pasión. Asistía a programas de televisión en la época en que Rubén DJ y Vico C estaban en la cima de la escena musical. Mantuvo su estilo underground, fiel al boom bap, mientras que otros artistas intentaban emular el sonido del dancehall jamaiquino y panameño, sin saber que estaban dando forma a un nuevo fenómeno que más tarde sería conocido como reggaetón.
R-Two es padre de tres hijos, dos de los cuales nacieron durante la producción de su último disco. Su hijo mayor, Hakeem, es poeta, y Arturo le dedica una canción en el álbum. Torres Ortiz, el padre de un buen poeta, ha contestado todas nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.

—En 2021 publicó usted “Una para Hakeem”. ¿De qué trata esta canción? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarla?
—Esta canción surge de la necesidad que tenía en aquel momento de expresarle a Hakeem algunas preocupaciones y mi amor a través de una canción. Él apenas comenzaba la adolescencia y por experiencia propia sé que se puede tornar algo difícil, ya que uno cree que sabe más que nadie durante esta etapa. Además, mi relación con su madre no era la mejor. Ellos vivían en Humacao y sólo podía verlo dos fines de semana al mes. Me preocupaba que me necesitara en algún momento y no contara conmigo de inmediato.
—¿Qué relación tiene su trabajo creativo previo a “Una para Hakeem” y su trabajo creativo entonces y hoy? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de artista, escritor, músico, productor, y su memoria personal de caribeño dentro de Puerto Rico o fuera?
—Bueno, mi trabajo creativo en todas las etapas ha sido el mismo. Mi arte se inspira en una combinación de sentimientos y vivencias. Nunca he buscado galardones ni fama. Para 1998 estuve con un sello discográfico ya que llegó la oportunidad, pero no pasó mucho tiempo para darme cuenta de que si quería crear música genuina, con algo de conciencia social, y no guiarme por premios y tendencias, ese no era el lugar para mí. Desde principios de los 2000 comencé mi carrera como artista independiente, y eso es lo que he hecho hasta el día de hoy. Algo que me facilita el proceso creativo es que tengo lo que llaman un setteito, o sea un micrófono, una máquina para hacer mis propios instrumentales, más el apoyo de varios colegas de la escena del hip-hop en Puerto Rico.
—Si compara su crecimiento y madurez como persona, artista y escritor con su época actual en Puerto Rico, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?
—En un principio sólo quería rimar cualquier cosa, pero a medida que fui madurando como persona sentí la necesidad de decir algo más allá de que soy el mejor. Y comencé a notar la falta de conciencia en el rap de Puerto Rico. Así que desde entonces he tratado de mantener un balance entre rapear por presumir técnicas y flows, pero llevar un mensaje algo consciente sin sermonear a los que me escuchan. En el proceso me convertí en productor musical de mis temas. Como persona comencé a conectar con personas de otros países y a conocer diferentes formas de pensar acerca de otras escenas dentro y fuera de Puerto Rico.
—¿Cómo visualiza su trabajo creativo con el de su núcleo generacional de artistas y escritores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico o fuera? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo a su quehacer profesional y de escritor?
—En Puerto Rico a principios de los 90 el rap comienza a dividirse en dos vertientes principales, una era el que al día de hoy se popularizó y que, como una forma de blanqueamiento, hoy se conoce como música urbana. Y el otro, underground, que es el de la escena de hip-hop local que precisamente nace de nuestra necesidad de espacios y plataformas para expresar el rap que nos gusta, que estaba lleno de comentarios, críticas y conciencia social. So, como a mitad de los 90 comienzan a surgir diferentes grupos dedicados a fomentar al hip-hop como cultura y como un agente de cambio. Mi trabajo, al igual que el de otros colegas dentro de la escena de hip-hop, a diferencia del rumbo que tomó el “género urbano” ha sido uno que se inclina más a la conciencia social. Dentro de este marco yo trato de ser lo más versátil que puedo y no limitarme a sólo hablar de política. Pienso que uno de los factores que influyeron en mí fue el hecho de ver cómo muchos de mis amigos en el barrio no entendían su entorno y el porqué de muchos de los males que nos rodeaban, y por eso trato de utilizar mi experiencia como base de mi proceso creativo y trato de no sonar regañón, pero no glorifico muchos de los actos en el entorno donde crecí. Yo nunca terminé mi bachillerato en Trabajo Social, pero en medio de mis estudios descubrí mi amor por la sociología y, a su vez, que el elemento social dentro de la cultura hip-hop fue lo que me atrajo. Conocer y entender diferentes grupos sociales siempre me ha llamado la atención. Le digo esto ya que mi profesión o empleo no guarda ninguna relación con ninguna de mis pasiones. Pero me paso el día pensando en flows y rimas nuevas.
—Ha logrado mantener una línea de creación literaria enfocada en la música. ¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo dentro de Puerto Rico y fuera, y la de sus pares?
—Pues honestamente la escena de hip-hop en Puerto Rico no es grande, es bastante limitada. Pero dentro de lo que cabe he tenido una buena recepción. Fui el primer emcee en solitario que recibió y firmó con una disquera. Y fui el primero en salir de una disquera de inmediato ya que no entendían nada acerca del arte dentro de la cultura hip-hop. Desde entonces comencé a trabajar como artista independiente y a colaborar con otros colegas de Puerto Rico, el Caribe y América Latina, donde he tenido mejor recepción que en Puerto Rico a pesar de no contar con una maquinaria ni la economía necesaria para promocionar mejor mi música.
—Sé que usted es de San Juan, Puerto Rico. ¿Se considera un escritor puertorriqueño o no? O, más bien, un escritor, sea éste puertorriqueño o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?
—Sí, soy un escritor puertorriqueño.
—¿Cómo integra su identidad étnica y de género y su ideología política con o en su trabajo creativo y su formación en la Universidad de Puerto Rico?
—Realmente, es algo que se puede identificar en mi trabajo, pero al momento de escribir no lo pienso a menos que sea mi identidad el tema.
—¿Cómo se integra su trabajo creativo a su experiencia de vida como estudiante antes y después de su paso por la Universidad de Puerto Rico? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritor en Puerto Rico hoy?
—Mi paso por la universidad fue uno turbio de principio a fin por todo lo que no tiene que ver con los cursos, pero eso es otra historia. Traté de ser una esponja y absorber lo más que pude durante mi paso por ella. Desde temprana edad la sociología siempre me llamó la atención, aunque en un principio ni lo sabía. Crecí creyendo que lo que me gustaba de Rubén Blades, de Juan Luis Guerra, Public Enemy, etc., era la música. Dentro de mi confusión me matriculé en la UPR para ser músico, sin entender que ya lo era, y es cuando descubro que en realidad lo que me interesa es la dinámica de los individuos y las sociedades. A través de mi trayectoria como emcee pude notar mi necesidad de ilustrar de alguna manera la realidad de mi vida como individuo interactuando con mi sociedad. Sobre todo, los distintos grupos dentro del entorno en el cual crecí. El entendimiento que tengo del mismo lo tengo gracias a una combinación entre lo vivido, mis padres y el hip-hop. Cuando llegué a la universidad fue como una reafirmación de lo que había entendido durante toda mi vida, mas encontré nuevas palabras para explicar cosas que veía, pero no sabía cómo verbalizarlas. O sea, aprendí un montón y adquirí nuevas herramientas. No fue en vano mi paso por la IUPI.
—¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo y a la temática del mismo? ¿Cómo ha variado?
—Como dice el refrán: nadie es profeta en su tierra. En Puerto Rico la escena de hip-hop es pequeña en comparación con nuestros vecinos de República Dominicana y Cuba, y si nos extendemos por América Latina, lo es mucho más. Ese factor siempre ha sido limitante ya que nuestro público hasta el internet fue el que pudimos obtener de boca en boca, y básicamente es el público que nos ha acompañado desde entonces. El otro factor es que muchos de mis colegas y yo no estábamos dispuestos a sacrificar nuestros valores y nuestro arte para obtener algún tipo de apoyo, ya fuera promocional o financiero; so, nuestros proyectos básicamente fueron producto de nuestro esfuerzo colectivo. En la época del internet crecimos y servimos de influencia para muchos de los artistas reconocidos hoy día, como Canserbero y Lil Supa, de Venezuela; Rxnde Akozta, de Cuba, con quien he colaborado, y algunos más. Pero al gozar ellos de mayor territorio para desplazarse mejor a través de toda América Latina, lograron crear una pequeña industria y capitalizar sus proyectos. Además, existe una pequeña confusión en otros países en torno a los boricuas y piensan que si rapeas eres reggaetonero, ya que hemos sido arropados por la popularidad de otro género musical en el cual se rapea, pero sus bases y fundamentos no son las mismas.
—¿Qué otros proyectos creativos tiene usted pendientes y recientes?
—Aunque ya antes de 2018 había participado en varios proyectos colectivos como Fuego Universal y Raiza Tronco Yramas, mi primer proyecto independiente fue Vida, lucha y victoria, el 18 de octubre de ese año. Para octubre de 2023 lancé un EP titulado La peste junto al productor puertorriqueño NuffCed. Actualmente estoy terminando un proyecto que titulamos Un nuevo día con YallZee, otro productor boricua. Ya he comenzado a trabajar La peste 2 con Nuff. Si no hay inconvenientes al terminar con esos proyectos comenzaré a grabar lo que creo será mi último proyecto, del cual no quiero revelar su título aún, pero será un viaje por los procesos de vida de los individuos en un barrio en Puerto Rico.
- Arturo Torres Ortiz, R-Two:
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