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Hablemos, de Octavio Santana Suarez

Entre el fuego y la muerte
El lugar del escritor peruano en La procesión infinita, de Diego Trelles Paz

• Sábado 7 de octubre de 2017

La procesión infinita (NARRATIVAS HISPÁNICAS nº 588) (Spanish Edition)

La procesión infinita
Diego Trelles Paz
Novela
Anagrama
Barcelona (España), 2017
ISBN: 978-84-339-9838-5
224 páginas

He aquí una novela sobre las sombras, el olvido y la culpa. Sobre la soledad de aquellos que se vieron obligados a abandonar su país natal y que, parafraseando a García Márquez, no gozarán ni en cien años de una segunda oportunidad sobre la tierra.

Culpa de recordar. Culpa de olvidar. Culpa de escribir. O de no saber hacerlo.

Originarios de “un país descompuesto donde todo es odio”, los personajes están envueltos en una violencia cuyo posible atavismo es una interrogación sobre la esencia o no de lo peruano. Todos son perseguidos de algún modo por la muerte, que se convierte en una segunda piel de la que es imposible deshacerse. En el fuego cruzado de la represión institucional y de la ceguera senderista, la población (excepto si es blanca y pudiente) vive en un desgarro permanente. Ya lo reflejó Alfredo Pita (al que se alude en la novela) en El rincón de los muertos; Diego Trelles Paz habla ahora de la culpa de ser un superviviente entre los estragos causados por la dictadura fujimorista, y va más allá, puesto que sus personajes fracasan en la búsqueda de hipotéticos paraísos sustitutorios: el sexo, las drogas o el exilio en un París que nada tiene que ver con la bohemia vivida por tantos escritores sudamericanos y que a su vez se halla sumergido en una época de atentados y exasperación social.

Culpa de no saber escapar. De no poder hacerlo. Porque Diego “el Chato”, personaje de inspiración claramente autobiográfica, sabrá a pesar suyo que la fuga es imposible; aún peor, rebuscar en el pasado para hallar respuestas es inútil. E incluso tal vez sería más conveniente encontrar el modo de olvidar un Perú que es solamente una inmensa llaga. ¿Pero cómo, con todos esos fantasmas que uno encuentra donde menos se espera?

¿Qué le queda al autor de la novela sino contemplarse en esa procesión infinita como un penitente que deberá pasear su culpa por el mundo, a sabiendas de que nunca podrá reflejar la verdad de lo ocurrido?

La virtuosa técnica de Trelles Paz descompone el relato y forma una novela exigente, en la que la variedad de registros y los saltos temporales nos transmiten un desasosiego voraz.

Ese traumatismo del que el autor no puede escapar ilustra además una reflexión sobre el sentido de la escritura. “Para escribir hay que matar”, dirá el enigmático Pocho. ¿Es esa entonces la única salida que le queda a un autor para darle sentido a su obra? ¿De qué manera puede el personaje de Diego hacer que sus primeras novelas sean algo más que un lastre en su introspección sobre el problema peruano? Las alusiones a los primeros libros del verdadero Trelles Paz (El círculo de los escritores asesinos y Bioy) provocan una mise en abyme vertiginosa y llenan algunas páginas de una ironía mordaz: la última se transforma en Borges y el escritor es acusado de ser tan sólo un sucedáneo de Vargas Llosa de cuya sombra es indispensable alejarse.

Culpa de no saber responder a otra de las preguntas esenciales del libro: “¿de qué sirve el escritor que desconfía de sus palabras?”. En efecto, ¿cómo comprender el camino a seguir para pasar del legendario “la literatura es fuego” del premio Nobel al categórico “para escribir hay que matar” que atraviesa la novela como un escalofrío? ¿Qué le queda al autor de la novela sino contemplarse en esa procesión infinita como un penitente que deberá pasear su culpa por el mundo, a sabiendas de que nunca podrá reflejar la verdad de lo ocurrido?

Culpa, en definitiva, de estar vivo en la vorágine peruana y de vivir con el miedo a cuestas, aplastado por la roca de un Sísifo que impedirá eternamente buscar la manera cabal de conocer el lugar que le reserva a uno la muerte que acecha.

Miguel Ángel Real

Miguel Ángel Real

Escritor español (Valladolid, 1965). Es licenciado en Filología Francesa. Reside desde 1991 en Francia, donde trabaja como catedrático de español en el Lycée de Cornouaille de Quimper (Bretaña). Textos suyos han sido publicados en las revistas españolas El Coloquio de los Perros, La Galla Ciencia y Fábula (Universidad de La Rioja), así como en las mexicanas Marabunta, El Humo y La Piraña; en esta última dirige las secciones de traducción “Le Piranha Transocéanique” y “Ventana francesa”. Figura en la antología de poesía breve Gotas y hachazos (Editorial Páramo, España, 2017). Además, las revistas Le Capital des Mots y Festival Permanent des Mots han publicado algunos de sus poemas en francés. Ha sido finalista en diversos concursos de micropoesía, sonetos y microrrelatos convocados por las webs Concursos Literarios en Español y Tu Concurso Literario. También obtuvo el tercer premio del VII Concurso Internacional de Poesía Atiniense 2016 (Argentina). Es traductor de poesía española contemporánea al francés y ha publicado algunas de sus traducciones en las revistas Passage d’encres, Le Capital des Mots y La Galla Ciencia.
Miguel Ángel Real

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