Servicio de promoción de autores de Letralia
Saltar al contenido

Palabras contra la distancia

sábado 30 de mayo de 2026
¡Comparte esto en tus redes sociales!
Palabras contra la distancia, por Miguel Ángel Real
Tuvimos tanto tiempo para mirar el mundo antiguo / que las esperanzas se volvieron estatuas de sal / y aunque aprendimos que el futuro tiene entrañas de hielo / allí estaba la palabra.
“Ética y escritura”, edición especial por los 30 años de Letralia
Este texto forma parte de la antología publicada por Letralia el 20 de mayo de 2026 en su 30º aniversario

No habrá Babel

Me queda la palabra

Blas de Otero

Las calles fueron sombras sin matices,
las sonrisas un fruto seco y áspero,
y de la esperanza de la luz caía
plomo fundido sobre los silencios
porque olvidamos la palabra.

Sobre la alfombra raída de los días
la planta de los pies era una llaga
y en los gritos no cabían ni viajes
ni proyectos;
un marco de cansancio rodeaba las horas
sin palabras.

Tuvimos tanto tiempo para mirar el mundo antiguo
que las esperanzas se volvieron estatuas de sal
y aunque aprendimos que el futuro tiene entrañas de hielo
allí estaba la palabra.

Surgiremos un día, y si lo hacemos
será por fin por la palabra:
su esencia, que es destello,
desgarrará máscaras y augurios
para crear un lenguaje común sin horizontes
donde brillen las sílabas más densas,
las voces en los bares, los poemas más claros.

Se hará un presente que colme nuestra espera
si caminamos juntos por verbos sin mayúsculas,
y lo que fue tenue, irrealizable,
llenará páginas y calles y distancias
sobrepasando vértices, olvidos:
se volverán concretas las promesas
porque no habrá otro Babel, ni demiurgos,
ni murallas, ni orillas que se alejan
si tenemos paciencia de palabra.

 

Por la palabra

Basta la palabra para aplacar hachas.
Calma las almas, pasa las alas a la nada,
basta para ajar alambradas hasta la cáscara
para dar a las almas fantasmas la rara paz.

Palabra parada: arpa para la garganta,
zarza armada para matar las larvas,
arranca barcas varadas, ataca las fachadas falsas.

Alarma jamás apagada:
la palabra labra, magma a magma,
faca a faca,
zarpa a zarpa,
las amargas babas.

Avanza la palabra,
lacra la mala mañana, la gabarra rajada.
Alhambra alfa, amagada carga, arma.

Palabra: amar a rajatabla
a Amaranta hasta Aracataca.

 

Cala

En las dudas de mis sueños de niño,
la cala era borrosa lejanía:
Mediterráneo tan esperado
tras la definición del diccionario,
camino oculto, afán de aventura,
esa ilusión escrita e ignorada.

Allí, los ímpetus de eternidad
limpiaban las aristas de las rocas.
Cada lugar era un refugio,
un lienzo que valía por sí mismo,
y las luces agazapadas
prometían blandas heridas:
no había nada turbio entre los pinos,
sólo la claridad que dibujaba
órbitas de reflejos en la arena,
bajo unas aguas cuya transparencia
desafiaba lecciones aprendidas.

Y otra realidad llegaba siempre
entre cada palabra nueva.

del poemario Geográfica mente, que será publicado en junio de 2026 por Ediciones Lastura (España).

 

Mañanas

Me despierto cada día buscando las palabras justas,
las palabras sin límites ni trampas
que sirvan para deshacer circunloquios
y contar a los míos la debida esperanza, sin metáforas.

Me despierto como desnudo de objetivos,
con el miedo de la vanidad entre las manos,
e intento recordar que la paciencia es necesaria
y que la urgencia que llega de la radio es lastre.

No es nuevo que la mañana sea esfuerzo,
que no sepamos negar el desaliento
como dormidos de inercia, como máquinas
que no definen nada y que caminan a ciegas.

No es nuevo verse arropado por lo absurdo
y repetir gestos para acunar la ira latente,
que no tiene raíces y sin embargo brota,
y crece, y le deja sin alba a la mañana.

Habrá que mirarle a la cara a las palabras
y dejarse llevar por las definiciones simples
—no banales, no huecas: simples—
que nos hagan encontrar esa luz escondida
de la felicidad cotidiana, que nos lleven
hasta la transparencia de los días jóvenes
que a pesar de lo que el tiempo impone
siempre caminan por delante nuestro.

Habrá que mirarse cara a cara
y perder el miedo a las voces vacías
que le roban valor a lo evidente:
los momentos pequeños y profundos
que se levantan siempre y que no vemos,
y llamando a las cosas por su nombre
—piel, amor, silencio, caminares—
recobrar el tiempo y ser más libres.

 

Ya no estamos para cuentos

Ya sé que cuando cierras los ojos
te gusta imaginar que paseas sobre una gran calabaza
y pensar que los ratones que hurgan en el desván
son corceles.

Son cosas que pasan en los días de lluvia,
o si las voces en torno
adquieren un tono más avinagrado que de costumbre.

No te culpo: lo mismo me ocurre a mí
cuando al pasado le busco una razón
o leo un buen poema y me digo
que el sentido existe tal vez
en palabras de cristal que me van
como anillo al dedo.

Me pregunto, sin embargo,
por qué a veces
mis párpados me recuerdan
que no pueden conocer la medianoche.

Entonces me repito:
no le cedas al adormecimiento ni un segundo.
Esculpe / escupe realidad
y olvídate de las hadas madrinas
que sólo nacieron con la intención de encadenarnos.

Así que más vale que no seas Cenicienta:
los sueños
no duran nada de nada.

 

Lejanía

Escucho tu mensaje.
Comienzo en el salón, pero enseguida
tu voz entrecortada me lleva a un rincón más tranquilo.
No quiero que nadie me interrumpa.

Comparto tu emoción de inmediato,
especialmente en los silencios que como tantas veces
dicen más que las palabras,
y la distancia vuelve a ser un golpe bajo,
una descarga eléctrica que me devuelve
uno a uno, en un desglose interminable,
los kilómetros que me separan de la amistad concreta,
esa herida que se reabre siempre
cuando uno deja de mentirse
y extraña dolorosamente los abrazos
no como un concepto noble,
sino como una ciencia irrefutable.

Puedo decirme: así es la vida,
acepta tu elección, siente la fuerza
que te llega desde tan lejos,
sé dichoso por tener amigos grandes
aunque no podáis veros a menudo,
pero las frases hechas
le roban el oxígeno al presente,
que es lo que hoy cuenta.
Lo que quema.

Son cosas así de tangibles
—el llanto que se adivina y me empapa,
la evidente hondura del vacío,
ese amor sincero y raro,
la búsqueda cada vez más torpe de los vocablos justos,
las cálidas respuestas que no combaten frío alguno,
la impotencia como verdad única frente a los mapas—
las que definen a la lejanía.

 

Palabra-luz

¿Y si la luz fuese palabra?

La calidad de las sombras repta
por los instantes.
Mañana de niebla
que transpone promesas;
jardines sinónimos de sendas;
algarabía que se aprende
si conseguimos olvidar la espera;
vaivenes de matices
que quieren contrastar con lo venal
y muestran las certezas del mundo
en versos que derraman paisajes.

Rayo, día, febrero
como un perfil fino
de humedades que no duran.

Obstinarse en la palabra.
Porque ¿y si fuese luz?

 

Las palabras torcidas

Yo diría que las líneas son creaciones del hombre,
como el odio y la vergüenza y la fe en los cuentos:
observo una ciudad y los raíles del tranvía se reflejan
en mínimas sombras aéreas. Son sólo cables,
borrones en un cielo que no puede ser perfecto,
jirones que acabamos por pensar inevitables,
como el daño y el olvido y los rencores.

Yo no creo que un lago tenga líneas,
no creo que una cordillera o un bosque se defina
con trazos geométricos: es el hombre
el que atesora en las formas que crea las variaciones de su orgullo;
el presunto progreso no entiende de silencios,
elabora un tiempo que nada significa, que es venal,
y contra la esencia de la vida que se ofrece sin más
se entrechocan los trazos y rechinan las reglas
que ensordecen las ansias simples de ser libres,
como el castigo y las palabras torcidas de los libros sagrados.

Es de hombres el afán de conquistas,
pero no humano.

 

Ese silencio

Es difícil recordar
cuáles fueron
las palabras exactas.

Pero el silencio
es indeleble
y eterno.

Miguel Ángel Real
Últimas entradas de Miguel Ángel Real (ver todo)

¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio