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La conciencia del ser o La rebeldía, de María Antonia Ortega

miércoles 3 de junio de 2020
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“La rebeldía”, de María Antonia Ortega
La rebeldía, de María Antonia Ortega (Huerga & Fierro, 2018). Disponible en la web de la editorial

La rebeldía
María Antonia Ortega
Poesía
Huerga & Fierro
Colección “La rama dorada”
Madrid (España), 2018
ISBN: 9788494868757
70 páginas

que mis palabras y mis poemas,
quedaran un momento,
como una flecha,
temblando en el aire;
como si fuera su destino…
María Antonia Ortega

“La única manera de lidiar con un mundo que no es libre es llegar a ser tan completamente libre que tu propia existencia sea un acto de rebelión”, escribió Albert Camus. Esta postura moral explica bien el espíritu de esta nueva entrega de María Antonia Ortega y de su propia vida, donde la conciencia del ser, la belleza, el alma, la igualdad y la libertad son el bastidor de su poética. La rebeldía, para la autora, “es una reflexión sobre el paso del tiempo y la humanidad, un diálogo entre la naturaleza, la sociedad y el individuo irrepetible. Y es también una rebelión contra la naturaleza humana, que se justifica a sí misma a través de la muerte”.

En este libro en que las abstracciones dialogan, también lo hacen la soledad y la compañía.

La rebeldía se puede entender como alegoría desde el primer poema “Contra natura”, que denuncia la corrupción contemporánea, el deterioro de todos los valores que diferencian al ser humano de las bestias. María Antonia utiliza alegóricamente la casa para referirse a la humanidad y a la naturaleza que han sido atacadas, y donde se ha instalado la corrupción. Se personifica en la poeta al ser expulsada de su casa milenaria, de los principios clásicos de la esencia humana, donde sólo podrá quedar simbólicamente como una criada y como una poeta a la que nadie lea. Las imágenes se singularizan con especial delicadeza: “Y yo miré con incredulidad a la Corrupta / bajo la apariencia de tan bella mujer / de nuestro tiempo”. En la casa —símbolo de la poesía y de la esencia mística del ser humano— ha irrumpido la prostitución. En “Sorge”, María Antonia quiere divinizar a la vida como Flaubert, buscando expresar las formas más puras. Ahora, la poeta dialoga con la Vida con la esperanza de que se identifique con la Piedad. La Vida es la que ha asolado la casa de la poeta y de la conciencia, la existencia humana, que se sublima a través de la belleza. En “De Natura”, considera a la Sociedad responsable de la ignominia que se ha instalado en nuestra vida. Pero la Sociedad se contrapone a la Naturaleza, a quien la poeta pregunta: “¿Has contado / todos los anillos de madera / que he ido poniendo en tu tronco?”. Frente a la Naturaleza, la Sociedad, la Vida y el Mundo, sólo nos queda la justicia de la Muerte en estos poemas clarividentes. La poeta apela a la igualdad frente a la desigualdad. La Sociedad se equivoca siempre, pero no la Naturaleza, que hace a todos los seres iguales en su desigualdad. La muerte es piadosa e iguala a todos los hombres como la poesía: “Los poetas y la muerte / se parecen / en que restituyen la igualdad”. Ortega escribe una poesía reflexiva donde dialogan la Vida, la Naturaleza, la Sociedad, la Belleza, a la que se alude como anciana y como parte de una antigüedad viva que el ser humano debe respetar. Con el paso del tiempo, a lo único a lo que puede aspirar la poeta es a la Lealtad. Es la pasión más grande a la que la bella tan anciana puede aspirar. María Antonia emprende un viaje simbólico, y en el borde del camino se encuentra a la Verdad, “una anciana algo achacosa…, que con su lentitud / casi nos impedía avanzar”. En este libro en que las abstracciones dialogan, también lo hacen la soledad y la compañía. La Soledad —a la que prefiere la poeta— cuida de los rebeldes y los incomprendidos. Ortega continúa en una poesía clara, diáfana, su reflexión humanista con la alegoría del río de Heráclito que con la brisa a veces anuncia la proximidad del mar. Todo fluye y nada permanece, aunque a veces en la poesía orteguiana parece que se detiene el curso del río, pero en realidad no alcanzó nunca tanta fuerza. En estas orillas del río, esboza un bello poema sobre la esterilidad y la maternidad, que vuelve a ser una metáfora de la Vida que se devuelve a los antepasados. También evoca la otra orilla del río, la de los marginados, la pobreza, a los que han sufrido mucho espiritualmente, a quienes como cita la poeta de Simone Weil: “la desdicha suprema / ha tocado la parte más pura de su alma”. El pensamiento orteguiano es amigo de la calma, el sueño y la paz, y desprecia cualquier atisbo de venganza, siempre estéril. Y, como Baudelaire, admirada y dotada por la belleza. En “Vois Vives” se pone del lado de David frente a Goliat; con extremo acierto, porque David “no alcanzó siempre / el triunfo, / pero inauguró los certámenes / entre rivales / que se valen / de métodos opuestos, / y emplean armas desiguales”. La rebeldía es un libro unitario, es casi un único poema, donde distintos personajes dialogan como en una tragedia griega. Pero el desenlace no es la derrota, sino la victoria del individuo, del ser, del poeta, de la Naturaleza, de la Soledad, de la Igualdad, porque “la poesía y la muerte / nacen de la igualdad entre los seres humanos”.

Su poesía es la de una poeta consagrada que conoce la poética erudita y la del pensamiento como sólo alguien como ella podría entender.

El tema de la creación es una constante en el proceso lírico de La rebeldía, es el espacio que salva a María Antonia Ortega del dolor y la vejez. En “La poesía”, la vate le declama: “Tú has dado sentido a mi vida / y testimonio de mí; / y me has creado libre”. La poesía le ha dado lealtad, amor y libertad, y todo aquello que la Sociedad y el Mundo nos quieren negar en esta generación perversa. La luna llena es otra manifestación de la Naturaleza orteguiana, como símbolo de la plenitud y la inspiración poética. María Antonia evoca los días en los que confió en el mundo, cuando la juventud nos hacía ilusos.

Es una poeta genuina, inspirada siempre, auténtica e integral, filosófica, aunque ella prefiere hablar más de “una aproximación a la esencia del ser humano, como la conciencia de su fin como principio del misterio”.

Como también recuerdan Schopenhauer y Wilde, la rebeldía es la virtud original del hombre. Es el único refugio de la inteligencia frente a la imbecilidad, como también piensa María Antonia Ortega. Nadie mejor que ella para explicar su poesía: “Es necesario nacer de la conciencia para poder escribir poesía. De una conciencia y una libertad que nace del amor y de la sabiduría, que es lo contrario del espíritu mundano y de la necedad. El camino de la poesía es el de la depuración total”. Su poesía es la de una poeta consagrada que conoce la poética erudita y la del pensamiento como sólo alguien como ella podría entender. Ojalá me haya acercado a su gnosis en estas líneas, a su ars vivendi colmado de sabiduría, fuerza y armonía: “Felices los que mantienen / su vieja rebeldía, / pues en ella también sueña su sueño”. En “Vida rebelde” culmina la escritora este libro de poesía certero, trascendente, visionario y que se mueve en la esencia del conocimiento, que está vivo en su rebeldía: “Es un dolor como el de los adolescentes al crecer los huesos. / Es un dolor de abajo a arriba. Todavía es rebeldía. / Trae fuerza”.

Carmen Díaz Margarit

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