“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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La travesía de ser diferente
Ednodio Quintero y La danza del jaguar (1991)

sábado 25 de julio de 2020
Ednodio Quintero
Ednodio Quintero realiza, en La danza del jaguar, un ejercicio olímpico de subjetividad con su protagonista (¿o alter ego?) Joe Miguel.

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Lo humano tiene una naturaleza caleidoscópica, se abre a múltiples realidades y formas y su travesía se encuentra determinada por complejas configuraciones tangibles e intangibles. La arquitectura de lo humano, por tanto, se sustenta en una interioridad que fusiona lo natural y lo psíquico. Afirma Edgar Morin que: “Así es que el mundo está en el interior de nuestro espíritu, el cual está en el interior del mundo. En ese proceso, sujeto y objeto son constitutivos uno del otro” (Edgar Morin, Introducción al pensamiento complejo, Barcelona, Editorial Gedisa, 2005, p. 69). Por consiguiente, la cultura humana transforma la biología del hombre y lo vuelve ser de totalidad: cuerpo-mente. Morin concluye diciendo: “Es evidente que cada hombre es una totalidad bio-psico-sociológica” (Ibíd., p. 21). Y por ello, todo razonamiento sobre el lugar y el destino de la humanidad es necesario pensarlo y sentirlo con complejidad pues toda reflexión “aspira al pensamiento multidimensional… implica el reconocimiento de un principio de incompletud y de incertidumbre” (Ibíd., p. 23). Así que, cuando leemos una novela, escuchamos un disco, vemos una pintura o una película, hacemos un ejercicio de incompletud y de incertidumbre de nuestra propia existencia: usamos el caleidoscopio de la conciencia y de la inteligencia y de la imaginación para indagar sobre lo qué somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. La travesía de ser diferente desde el caleidoscopio de la incompletud y de la incertidumbre.

Las personas son constructoras activas de su realidad y esos constructos son mapas mentales de su dimensión humana.

Por su parte, los investigadores españoles Pablo Martínez y JA Fernández razonan que bajo este tejido de incompletud y de incertidumbre los imaginarios transformadores crean la posibilidad de mejores seres humanos. Martínez y Fernández afirman que “…las fábulas, la imaginación, la construcción de un imaginario social, la invención de mundos alternativos, son esenciales para la creación de un futuro mejor” (Pablo Martínez y JA Fernández, “El videojuego en la creación de imaginarios transformadores”, en: blog Efeelejota, 2017; consulta: 8/5/2019). Ese es el gran poder de los imaginarios transformadores pues provocan los cambios que la sociedad precisa y remueve, por tanto, aquellos vicios o prácticas conservadoras que atascan la expansión y el crecimiento de lo humano. Martínez y Fernández sostienen como deseo final que:

…nos gustaría terminar animando a que construyamos narrativas, fabriquemos ideas y creemos imaginarios. En cualquier tipo de ficción: videolúdica, teatral, cinemática, pictórica, escrita, performativa… La fabricación de ideas es acaso la más poderosa, pues la idea es también un arma que transforma el mundo. Formémonos, seamos curiosos, y luego transmitamos ese conocimiento a otros. Y no nos quedemos ahí; construyamos realidades nuevas, realidades que nos hagan pensar y nos transformen, que nos reten y nos hagan dar un paso hacia adelante como especie.

La travesía de ser diferente desde la creación de imaginarios transformadores.

También el psicólogo George Kelly, en su teoría de los constructos personales, define que las personas nunca conocen el mundo de forma directa sino a través de las imágenes que ellos crean de ese mundo. En otras palabras, el estadounidense Kelly observa al ser humano como un científico capaz de construir y modificar quién es con la experiencia, sus conocimientos e hipótesis. Las personas, por ende, son constructoras activas de su realidad y esos constructos son mapas mentales de su dimensión humana. Kelly afirma: “La realidad está sujeta a muchas construcciones alternativas, algunas de las cuales pueden resultar más fructíferas que otras. El descubrimiento de la correspondencia definitiva entre las construcciones que somos capaces de diseñar y el flujo de los acontecimientos queda a una distancia infinita. Mientras tanto, tendremos que contentarnos con avanzar poco a poco, con inventar nuevas construcciones alternativas –incluso antes de sentirnos insatisfechos con las antiguas y con esperar que, en general, estemos avanzando en la dirección correcta”. La travesía de ser diferente desde la construcción activa de la realidad y de personalidad humana.

 

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Estas tres nociones poliédricas: el principio de la incompletud y de la incertidumbre humana, el poder de los imaginarios transformadores y la teoría psicológica de los constructos personales, pudieran ser la piedra angular para pensar y sentir la novela La danza del jaguar (1991), del escritor venezolano Ednodio Quintero, como la travesía de ser diferente. Demuestra el investigador Blas Puente-Baldoceda, en su texto crítico sobre la narrativa de Quintero, que La danza del jaguar es “resultado de una prolífica imaginación onírica… una autoconciencia de las posibilidades de la imaginación creadora…” (Blas Puente-Baldoceda, “Itinerario de una poética narrativa en las obras de Ednodio Quintero”, en: Revista Iberoamericana, Nº 166-167, enero-junio de 1994; consulta: 8/5/2019). El protagonista de la novela múltiple y compleja se llama Joe Miguel y en cinco libros (así se estructura la narración de La danza del jaguar), tomando cinco episodios de su vida, relata sus diversas aventuras para llegar a ser diferente. También el escritor Gregory Zambrano, al analizar la novela La danza del jaguar, apunta: “En La danza del jaguar todo parece un juego de disonancias que fluyen hacia una misma historia de amor, atravesada incesantemente por el acecho de la muerte, que gira concéntricamente en una suerte de calidoscopio… (…) un juego de imaginación sin ataduras” (Gregory Zambrano, La danza del jaguar de Ednodio Quintero. Una relectura”, en: revista Actual Investigación, 2011; consulta: 8/5/2019). Se nos narra pues la búsqueda total de una vida por su sentido y por las pasiones de tales sentidos o significados vitales.

 

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Para la escritura de esa novela, Ednodio Quintero confiesa que: “No tenía sentido escribir una novela lineal, tradicional. El ritmo de esa historia tenía que armarse por ‘instantes’, a través de varios libros, cinco en total. Es decir, cinco instantes en la vida del personaje, aunque el primero es un relato, sin pensar en lo cronológico. Cada libro tiene un espacio en el tiempo del personaje. Relatos míticos, delirios, horas de vida, recurrencia a la infancia. Para mí fue un verdadero desafío, sobre todo en el cuarto libro, donde trabajo con tres planos: recuerdo, delirio y realidad, como un homenaje al cuento de Cortázar ‘La noche boca arriba’. Toda la novela es una biografía en instantes intensos sin caer en el detallismo” (Alberto Hernández, “Ednodio Quintero: Los instantes del jaguar. ‘Escribir es una larga respiración’”, en: El Periodiquito, 1993; reproducido en Letralia 225, 2010; consulta: 8/5/2019). Es un yo —uno y múltiple— que lucha por su lugar en el mundo. Ednodio Quintero, en plena época del auge de la globalización y de la caída del muro de Berlín y del derrumbe del mundo soviético, realiza un ejercicio olímpico de subjetividad con su protagonista (¿o alter ego?) Joe Miguel.

Las opciones de Joe Miguel están claras: la travesía de ser diferente es la danza del jaguar.

El recorrido de vida de Joe Miguel trasciende por sus dilemas, por sus horizontes y por sus dominios narrativos y técnicos. Joe Miguel para ser diferente es un trotamundos del habla popular y de la cultura universal. Es un omnívoro de las ideas. Es un niño, es un sibarita, es un gato, es un hombre que vuela, es un hombre invisible, un gran lector, es un iconoclasta de la historia patria, lleva un diario, es una suerte de psicoanalista, es un perro, un insaciable viajero, un guerrero que combate contra demonios, un torturado de la guerra, ha cometido crímenes, un soñador promiscuo. Para narrar su biografía te cuenta sobre sus aventuras eróticas y sus parafilias más extrañas, te habla sobre sus películas favoritas (y se hace en ellas actor y guionista), te conversa sobre las canciones que escucha y canta. Conlleva una libre asociación de la memoria y de la subjetividad de manera descronalizada y en una sinestesia brillante. No es una novela masaje, es una novela caldera, una novela yunque. Es la imaginación, lo fantástico siendo disruptivo en nuestra conciencia, en nuestras acciones. Ednodio Quintero profetiza a nuestro espíritu: “No se queden con los datos de la historia, con la mera información de los días. Es hora de volar con la inteligencia, con la imaginación”. Y no es el vuelo de los exóticos o del alejamiento de la realidad. Es el vuelo para penetrar en los vericuetos donde la vida late, muerde y resucita. Es la respuesta a la inquietud de las recientes amargas frases de Roberto Echeto: “¿A qué se debe esa vocación realista, ese alejamiento de las alegorías, de las abstracciones y de las metáforas? Nuestra vocación realista perpetúa lo que hay. Creemos que retratar la realidad supone comprometernos con su refacción y no necesariamente es así. En el fondo del problema venezolano hay una crisis de la imaginación. Así como no somos capaces de imaginar otra vida ni otro futuro, no somos capaces de imaginar otras acciones que solucionen el increíble desastre en el que estamos sumidos. Nos enfrascamos en hablar de la realidad desde la propia realidad y creamos un extraño bucle en el que el retrato de lo real comienza a formar parte del paisaje. Por eso pierde densidad conceptual y capacidad de denuncia. Así el realismo se vuelve vehículo de lo mismo, perpetuación de lo que ya existe. La obra realista no nos ayuda a conocer otros ángulos y otras capas de lo que ya conocemos; nos hace ver lo mismo ampliado, y el efecto es el aplastamiento, la creencia de que aquello que nos oprime es insalvable, y, ante aquello que es inevitable, nos resignamos, creemos que todo esfuerzo en su contra es inútil” (Roberto Echeto, “Hiperrealismo venezolano en acción”, en: blog Roberto Echeto presenta…, 4 de mayo de 2019; consulta: 8/5/2019. Las resaltadas en negritas son mías). Joe Miguel es imaginación pura de guerra ante el realismo monótono de asertividades, brutal, candente como un soplete.

Por tanto, Joe Miguel también es una respuesta diferente a los retos de la imaginación y de la ficción que demanda el escritor venezolano Edgar Borges al afirmar: “Soy una expresión extraña, por no decir vetada, para las élites que han manejado este medio, tanto en lo público como en lo privado. Mi trabajo se basa en la ficción como vía para demoler y construir realidades y, al parecer, los parámetros de esos señores no aceptan nada que circule por los bordes de la llamada realidad. Pero ese es un tema que no me preocupa. Quienes diseñan el canon literario venezolano pretenden encerrar la palabra en un marco de solemnidad. Se subestima la literatura como espacio de juego, de participación lectora. Falta mucho Julio Cortázar y mucho Georges Perec para implosionar tanta seriedad discursiva… La imaginación es una apuesta que no gusta mucho a los comités de lectura de esas editoriales. Si no pretendes transcribir la realidad no eres bien visto, aún se cree que la ficción es una abstracción sin sentido. No se asume que toda realidad es una construcción y que la ficción es la mejor forma de apertura que pueda descubrir una persona para cambiar su mundo y el que comparte. El arte en lugar de correr tras la realidad, la implosiona y la transforma. Para intentar aproximarse a la realidad está el periodismo, la literatura capta todo aquello que descubre la otra mirada. Hablo de editoriales, no de autores que en Venezuela los hay muy buenos pero no son promovidos por esos clanes” (E. A. Moreno-Uribe, “Edgar Borges: la ficción como vía para demoler la realidad”, en: blog El Espectador Venezolano, 2014; consulta: 8/5/2019. Las resaltadas en negritas son mías). La travesía de ser diferente se propone en ser lúcido en imaginación y en la lucha por una conciencia de vida. Y de esa forma penetra los abismos de la condición humana y entra en tal complejidad y plantea posibles respuestas a las frustradas utopías del siglo veinte en sus variantes de derecha y de izquierda. Joe Miguel no quiere estacionarse en estados paternales o en individualismos de mercado. Las opciones de Joe Miguel están claras: la travesía de ser diferente es la danza del jaguar. Y el mismo Ednodio Quintero nos explica qué significa esta danza del jaguar pues al escribir la novela: “En ella, también sin darme cuenta, me estaba jugando los huesos y la piel. Reclamaba, con las voces de la lírica o con sorda furia, mi derecho a bailar desnudo, embadurnado en arcilla, bajo el sol equinoccial, a orillas de un río de las llanuras. Como el jaguar —kaïkousé en lenguaje pemón—, que sólo se junta con su hembra dos noches al año, buscaba hacerme oír en la selva vacía de ideas y de sentido de este final de milenio. Quisiera creer que sobreviví al intento. De cualquier manera, el impulso de aquella enloquecida danza me mantiene con vida” (Ednodio Quintero, El combate, Kaïkousé –hacia un ars narrativa—, Caracas, Monte Ávila Editores, 1999, p. XIII). La danza del jaguar es la travesía de ser diferente por la complejidad del despojo, por la fe en los imaginarios creadores y por la construcción caleidoscópica de una realidad más auténtica y más desafiante. Sigamos la travesía. Seamos diferentes.

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