Publica tu libro con Letralia y FBLibros Saltar al contenido

Ojos quebrados, de Yoyiana Ahumada Licea: del papel al drama poético

domingo 10 de marzo de 2024
¡Comparte esto en tus redes sociales!
“Ojos quebrados”, de Yoyiana Ahumada Licea
Ojos quebrados, de Yoyiana Ahumada Licea (El Taller Blanco, 2022). Disponible en la web de la editorial

Ojos quebrados
Yoyiana Ahumada Licea
Poesía
El Taller Blanco Ediciones
Cali (Colombia), 2022
44 páginas

En el país donde los poetas crecen como la hierba mala, era el año 1987 y por ahí andábamos. Un anexo en Los Caobos donde nos aglutinábamos en el piso de Inés Muñoz Aguirre, para comenzar a oír nuestras voces y planear el futuro. Nos decíamos Nueva Gente, ingenuo nombre para quienes sienten la imperiosa necesidad de un cambio necesario, cual hijos de Prometeo dispuestos a robar el fuego a nuestros dioses.

Era “el país donde los poetas crecen como la hierba mala / desde pequeños se juntan en los parques / y recitan poemas entre ellos”.1 Pertenecíamos a un grupo de aprendices de dramaturgos, es decir parias, marginados, por aquellos que sostenían que la dramaturgia no es literatura.

Era 1987 y, en la lucha por encontrar un lugar, buscábamos escuchar a los maestros de las letras; ora en los jardines de la Universidad Central de Venezuela, o en el Gran Café de Sabana Grande, o ahogados en alcohol, en alguno de los tantos bares de la República del Este.

Escuchábamos letanías, versos que se arrastraban de modo soporífero, bajo la consigna de que la poesía debía ser leída desde el yugo de sus cadencias, sin emoción. Pero así no lo entendíamos nosotros. Los poemas de Baudelaire bañados en cerveza gritaban ante nosotros en el café Rajatabla, y con los aullidos de Allen Ginsberg pretendíamos desgarrar el amanecer, llorando “ante el romance de las calles con sus carritos llenos de cebollas y mala música”.2

Entonces, algunos de nosotros, parias y aprendices, decidimos hacer un espacio para leer poesía desde lo teatral, desde la emoción pura, desde la imagen en escena. Eran tiempos mágicos en que Fundarte publicaba a una velocidad generosa, y la amabilidad de Blanca Strepponi y Roberto Lovera de Sola brindaba textos a quien tan sólo lo pidiera.

Y la magia estaba servida: apareció para nosotros el Teatro Nacional y, si mal no recuerdo, comandados por Ciro Acevedo, nos dimos la mano dramaturgos, actores y poetas, y fueron los domingos de poesía, entre las esquinas de Miracielos a Cipreses, a las 11 de la mañana. Cómo olvidar la emoción viendo un teatro lleno, sosteniendo en escena los poemas del Mas doliendo ya de Santos López, mientras éste se debatía entre mirar al público emocionado o escuchar sus versos en mi voz desde el escenario.

¿Cuántas obras de una nueva generación de teatro empezaron a integrar poesía a sus textos? Imposible olvidar los esfuerzos denodados de Gregorio Scala, Alberto Ferreras o Xiomara Moreno (entre otros) por lograrlo.

De la dramaturgia de esta última hubo una obra, Perlita blanca como anillo de señorita, donde conocí a Yoyiana Ahumada Licea. Ahí ella gestaba una obra y una historia, la suya. Una vida que se hizo verso, teatro y ritmo, mientras recorría la experiencia como docente, guionista y poeta bajo la inspiración de Ida Gramcko, Rubén Ackerman, Armando Rojas Guardia y José Ignacio Cabrujas. Hasta llegado el año 2022. Ahí Ahumada decidió asumir el riesgo de un poemario en solitario: Ojos quebrados.

Desde el título mismo se anuncia el encuentro de dos ríos que unen la generación de la que emerge la poeta: teatro y poesía. Esos ojos quebrados, rasgados ante la velada escritura de las hojas, esas secas quebradizas que inundan la puesta en escena de sus recitantes, o quizás aquellas que arden bajo sus vivas manos y mismo fuego / ese pasado, esas cabezas de muertos. Ojos quebrados que atestiguan el punto de partida de su autora: La memoria es saldo de la herida.

Si Dalí y Buñuel rasgan los ojos en El perro andaluz, Ahumada los quiebra ante las visiones familiares en la lejana Galicia, como un tejido, como variaciones en punto de cruz: Nana, meiga / no duermas, desbarata / la tela, vuelve al llanto / miñaxoia.

Son versos para ser dichos en voz alta, versos “performánticos”, “performantizados”, “performantizables”, pues su fuerza empuja al actor a rasgar el velo que Ahumada interpone entre éste y el público. Lo atestiguo, pues fui a quien, del conglomerado recitante, le tocó invocar las sombras míticas de la poeta, denunciando: arruinan piedad / el hartazgo / colma / toda compasión / envenena. Poder decir esto, sin la performance del anfiteatro griego, no es tarea fácil.

Pudiera afirmar que si Ojos quebrados se hizo sobre escena en 2023, fue gracias a esa declaración de los 80 de darle teatralidad al poema. Una sentencia contra la letanía, y un ensalzar el vínculo entre poesía y musicalidad en el decir: Quiero iniciar el sueño de tu batuta / corchea en mano / imprecisa nube espalda.

Ahumada continúa avanzando, invitando a músicos a sonar sus guitarras, caja y mandolina, para acompañarla en ese ejercicio de despojamiento llamado poesía.

Y ahí es donde Ahumada continúa avanzando, invitando a músicos a sonar sus guitarras, caja y mandolina, para acompañarla en ese ejercicio de despojamiento llamado poesía, donde ella reúne las hebras de sus ojos / el asombro. Así alza vuelo sobre sus cenizas, reconstruyéndose en cada verso, pues como ella misma declara: “Este poemario es un viaje hacia mis huesos, la perdida y la posibilidad de renacer (…). Fue hecho desde la necesidad de convertir un dolor muy profundo en belleza y revelación”.

Experiencia que parte de lo que el crítico Graham Saunders conceptualizó como poetic drama a propósito de la obra de Sara Kane, y que el dramaturgo/director José Tomás Angola, hace pocos años, volviera a hacerlo posible en Venezuela (2016) a partir del texto Polvo de hormiga hembra, de Ahumada, en una puesta en escena donde tecnología y poesía se entrelazaron como vía de expresión artística auténtica y arriesgada, asumiendo una postura contra los estándares teatrales de la puesta en escena de los recitales poéticos, así como un frente de oposición contra la perversión del verso compuesto en inteligencia artificial.

Retos que, por otro lado, han llevado a un logro magistral, en el trabajo de la banda metal Quebrantos, bajo la dirección de Jesús Santana, quienes a partir del poema “Tú”, de Armando Rojas Guardia, conformaron toda una experiencia sensorial en el juego rítmico entre voz, rock y deconstrucción de la caracterización tradicional del verso.

Joyce decía que la palabra plena se reconocía cuando cabía en la boca del lector. Un recitante puede parafrasearlo: cuando la palabra plena es saboreada en la boca y en la musicalidad de su enunciación; en su proyección desde la escena hasta las fibras de los rostros que en la oscuridad la esperan…, y, ¿por qué no?, también en aquellos habitantes del Olimpo donde “mueren eternos / los poetas”.

Johnny Gavlovski
Últimas entradas de Johnny Gavlovski (ver todo)

Notas

  1. Gutiérrez Plaza, Arturo: Pasado en limpio. Bid & Co Editor. Venezuela, 2006
  2. Ginsberg, Allen: Aullido. Recuperado el 6 de febrero de 2024.
¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio