correcciondetextos.org: el mejor servicio de correccin de textos y correccin de estilo al mejor precio

Saltar al contenido

Polvo de hormiga hembra, de Yoyiana Ahumada Licea

lunes 15 de junio de 2020
“Polvo de hormiga hembra”, de Yoyiana Ahumada Licea
Polvo de hormiga hembra, de Yoyiana Ahumada Licea (Eclepsidra, 2013).

1

Detrás de todo mensaje artístico, sea plástico, narrativo o dramático, es bien sabido, hay otro mensaje: otra capa que activa los sentidos, nuevo o diferente al original. Metafórico. El poético. Cuando se traza con la intención de hacer poesía en el drama, el discurso necesita de otros ingredientes para que haya mímesis. Un discurso que a primera vista cuesta destejer. Un mensaje oculto tras otro mensaje. El discurso teatral debe ser teatral, controversial, para darle al actor/receptor espacio para crear, para hacer de la “acción” poética otro espacio, otro discurso.

Maya, prima ballerina, está en cama. Es una enferma que sufre una rara patología. Una mujer que se ha encontrado con el fracaso.

Discurso y mensaje se hacen uno: significados que ocultan: máscaras. Un lenguaje para todos los sentidos.

Cierro los ojos como lector y entro en un texto teatral. Veo luces y sombras. No se trata de estar en el teatro, en primera o última fila. Estoy sentado frente a la computadora y leo un texto titulado Polvo de hormiga hembra, de Yoyiana Ahumada Licea. Bueno, leo un texto teatral. No estoy frente a una puesta en escena. Labor de texto. Es sólo una lectura, lo que puede provocar en mí, en el lector que se quiere alejar de su yo, una reacción incómoda porque no está en el teatro, sentado en mullida butaca mientras los actores se desplazan por proscenio o salen bailando del telón de fondo. O se asoman por las bambalinas para curar los nervios.

Es decir, leo. No veo en tiempo real, lo imagino. Cierro los ojos mientras oigo la voz de Maya Ortiz. O la reinvento. Atiendo a las voces de la madre, del maestro, del doctor, del amante/amor, de la enfermera, y entonces entiendo que Maya, prima ballerina, está en cama. Es una enferma que sufre una rara patología. Una mujer que se ha encontrado con el fracaso: con la enfermedad. Una muchacha que ha sido sacudida por las asperezas de la madre, la condescendencia de una enfermera y los términos médicos que se convierten en personajes en los diálogos cruzados.

 

2

El “intermedio” me permite tomar una taza de café, mirar por la ventana. Ver el humo que viene de la montaña. Observar con curiosa persistencia a una mujer que pasa por la vereda con un tapabocas y una bolsa de mercado de la cual asoma un pan.

Vuelvo a la pantalla donde la muchacha, la balletista, se retuerce de dolor. Entonces, la morfina. Un diálogo demencialmente poético. Un diálogo en el que se atraviesan la realidad y la fantasía. Un grupo de bailarines, un médico que se pone una sábana y aparece como lo que es. Etc. Ese etcétera me obliga a imaginar el escenario. Blackouts, cenitales, estroboscopios, pausas, desplazamientos. La acción es casi nula. Necesariamente nula desde el cuerpo de Maya. Prevalecen las palabras, porque la muchacha, Maya, ya no baila. Cree bailar mientras conjuga sus tiempos verbales. Mientras recuerda. Está en cama. De manera que el lector que soy se sumerge en el baile en pasado, en esa Giselle que elucubra, que la somete a la memoria cargada de pases, de saltos casi mortales, de carreritas por el centro del escenario mientras el maestro, tras bambalinas, se come las uñas. Todo eso lo imagino.

 

3

Quiero pensar que soy un personaje de esta obra de Yoyiana Ahumada Licea. Y me obligo a sentir los dolores en la punta de los pies. Me obligo a sentirme Maya, a ser ella desde la invasión de voces que la rodean, que la hacen ejecutar movimientos de danza, ¿“dancescos, dantescos”?) mientras la punza el dolor. Y el fracaso. Ya no podrá bailar mientras otros lo hacen a su alrededor. Si quien esto escribe pudiese estar en el teatro, diría otra cosa. Leo e imagino. Me tortura el discurso como éste tortura a Maya. Detrás de la voz de la enfermera, tan poético, siento, yo Maya, otra cosa, otro sentimiento, otra punzada. Y la madre, aterradora. Eso de estar yo —yo lector sufriente— en el teatro como espectador. Pero sólo leo. Eso sí, paso a decir que la tecnología imita la realidad escénica, que es real. Hay dos “semas” en escena, dos significados con sus respectivos significantes: los videos son el reflejo de lo que podría pasar si la enfermedad no es recurrente. Si el personaje del fracaso se recupera y vuelve en punta de pies a provocar aplausos.

Pero me desvanezco en la sombra del teatro. Solo, como estoy golpeando las teclas, reviso el rostro de Maya. Entonces ella ha querido ser Alicia Alonso, Nureyev, Bocca, Isadora Duncan… pasan los fantasmas delante de sus ojos y su voz se congela. Mientras tanto, quien lee, quien imagina estar en una fila cercana a proscenio, intenta entrar en el otro discurso: el del dolor: metadolor. Ella, Maya, saborea la tragedia, su tragedia, desde la poesía que de su voz emana, pero que igual emerge de la enfermera o de los sometimientos de la madre y el maestro. Y los fantasmas. Los que entran y salen de los videos, los que danzan y la llevan a moverse en medio de su enfermedad.

 

¿Polvo de hormiga? ¿Cenizas? Y ¿hembra? Queda en el lector/espectador la curiosa revelación, la extrañeza, porque el teatro no es para leerlo.

4

Polvo de hormiga hembra es una densa metáfora. Un cuadro: podría ser parte de una aventura plástica. Poses de rostros, retratos. Cuerpos que flotan. ¿Degas? La puesta lo es. La lectura la imagina. En acotaciones se deja ver la presencia de algunos referentes. La misma boca de los personajes menciona, nombra, dice de presencias ausentes. Duendes poéticos.

¿Polvo de hormiga? ¿Cenizas? Y ¿hembra? Queda en el lector/espectador la curiosa revelación, la extrañeza, porque el teatro no es para leerlo. Se puede dramatizar para disfrutarlo a solas o entre amigos. Es para representarlo, verlo, oírlo u olerlo en tiempo real, someterse a él, a sus crueldades, bondades, angustias, desviaciones, sombras y luces.

Algún día me sentaré con la autora a ver su obra. En vivo.

Alberto Hernández
Últimas entradas de Alberto Hernández (ver todo)