
La niña que se diluyó en el tiempo es un descenso vertiginoso hacia los abismos de la psique humana, un poemario que explora con intensidad descarnada los territorios del dolor, la locura y la disolución del ser.
Desde su epígrafe de Dante, el libro establece un diálogo con los círculos infernales, pero aquí el infierno es íntimo, psicológico. La autora construye un universo poético donde la protagonista —esa niña que se diluye— experimenta una desintegración progresiva de su identidad, atrapada entre la memoria de una infancia truncada y el avance inexorable de lo que parece ser demencia o enfermedad mental. Ruth Ana maneja un lenguaje denso, barroco en momentos, repleto de imágenes que oscilan entre lo sagrado y lo profano: cruces de ceniza, espadas, sangre, telarañas rotas. La repetición y la circularidad refuerzan la sensación de encierro mental. Versos como “Ni hojas, ni flor, ni tallos, / ni fruto, ni tierra” funcionan como estribillos que marcan la esterilidad y el vacío.

La niña que se diluyó en el tiempo
Ruth Ana López Calderón
Poesía
Editorial Pasanaku
Sucre (Bolivia), 2025
82 páginas
El poemario aborda con valentía temas difíciles: el abuso, la soledad, la enfermedad mental, la pérdida de la memoria y el lenguaje. Hay referencias constantes a una infancia robada, a “monstruos” y traumas que persiguen a la protagonista. La figura materna ausente o distorsionada aparece como herida fundamental. No es un libro complaciente: su oscuridad es deliberada y sostenida, casi sin respiros de luz. Sin embargo, precisamente en esa honestidad brutal reside su fuerza: es un testimonio poético del sufrimiento psíquico que raramente se expresa con tanta crudeza en la poesía contemporánea.
Muy recomendable para lectores que aprecien la poesía introspectiva y sin concesiones, capaz de mirar de frente al abismo humano. Tras la lectura de este libro, notamos que algo (no sabemos bien qué) ha cambiado en nuestro interior.
Para terminar, adjunto uno de los poemas del libro:
Cruz de cenizas
Es un espacio diminuto
con polvo y escaso aire.
Los signos de interrogación
empapelan el entorno.Hasta el fondo clavado
el misterioso puñal.
No hay sangre en la herida,
una cruz de cenizas en la frente
y el lienzo que recubre el cuerpo
es antiguo como su dolor.Allí, en lo más profundo del laberinto
su voz se pierde, casi se apaga
y en ese resquicio murmura:
¿La demencia es mi suerte
.....................................o mi maldición?Ninguna voz responde.
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