Casa
teníamos por casa un alto mástil
su precaria sombra giraba como un reloj de sol
llegado y vuelto a ir con intermitencia laboriosa
su brazo al cielo
en magro gesto debajo nos tenía.
gregario estandarte del que fuimos poseedores
---------guardianes / herederos.
acordamos evocar extravíos
-----------desnombrarnos herejes
-----------indagar.
aferrados al bocado inmaterial de aquella sombra
que a porciones llegaba
alguna vez avizoramos
el pronóstico informe del nido de un albatros.
teníamos por casa un alto mástil
desprovisto de velamen y cordajes
sin flameantes acechos también él
sólo a nosotros nos tenía
envueltos en el frescor de la cercana playa
-------la irreverente tropa
ostentó la apropiación definitiva de su altura
por la que al cielo remitimos
acuerdos / advertencias
omisiones.
Certidumbre
certidumbre del pecho
cuando la daga irreverente
con magistral segregación dispone
-----—he aquí el orificio necesario—
-----—he aquí el filo de sabiduría violenta—
el pecho alberga más que vulnerables ritmos
--------------------------pórticos de sueños
--------------------------bocanadas de hastíos.
alarmas iniciales lo develan ileso
cuando al amanecer respira
----------no se expone
secretamente le invaden cautelas
-----------------------tamaños del enojo
-----------------------los dispares alientos
vibra frente al error / desestima advertencias.
------------no se expone
lleva humildades
y una plenitud radiante en los contornos.
Ciudad / La noción absoluta
sórdido bloque la ciudad
con sus vagones de suicidios
sus semáforos obscenos
y alguna trompeta enloquecida
al pavimento le atribuye
--------selvas de muchedumbre
--------vitrales asociados por la luz
--------portones que resguardan
tejados / dispersiones / reencuentros.
adheridos al nocturno parpadeo de la bahía
nos arropamos bajo el fantástico obelisco
y a su muchedumbre integramos
en anónima empresa.
colosal guarida la ciudad / montaje abierto a toda noción
desigual / absoluta.
- Tres poemas de Rafael Amador Díaz Pérez - lunes 19 de octubre de 2015


