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Extractos de La hora del lobo, de Eduardo Longa

miércoles 24 de febrero de 2016
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Nota del editor

“La hora del lobo”, de Eduardo Longa

La hora del lobo
Eduardo Longa
Ediciones del Movimiento
Maracaibo, Zulia, 2016
ISBN:
34 páginas

Hoy ofrecemos a los ojos letralianos algunos de los textos que conforman La hora del lobo, el primer poemario del escritor venezolano Eduardo Longa, que aparece bajo el sello de Ediciones del Movimiento y será presentado este jueves 25 de febrero a las 4 de la tarde en el Museo de Artes Gráficas Luis Chacón (Centro Comercial Don Matías, PB, locales 7 y 18), en Maracaibo, Zulia, con palabras de Carlos Ildemar Pérez y Luis Perozo Cervantes.

“La hora del lobo es el momento entre la noche y la aurora cuando la mayoría de la gente muere, cuando el sueño es más profundo, cuando las pesadillas son más reales, cuando los insomnes se ven acosados por sus mayores temores, cuando los fantasmas y los demonios son más poderosos...”.
Ingmar Bergman

Ícaro

Fuiste Ícaro
al momento de saltar

El abismo
aguardaba en silencio
desde mis ojos

Te dejaste caer
limpiando el miedo
de tus alas

El riesgo que soy
no admite retorno
pido perdón por eso

Solo te queda
ignorar al sol
y volar
hasta que la cera
lo permita

 

Amanecer

Sin amantes el cuerpo queda lejos
Gabriela Rosas

Sostuve al sol por los cabellos
conté otro cuento infinito
para que no llegase el día

No necesitaba más el tiempo
podría devolverlo si quisiera
porque no hace falta la luz
si el resplandor de mi alma
se refleja en tus ojos
cuando me siento casi a salvo
en el fragor de tus abrazos
y en el rítmico vaivén de tu respiro

Todos los amaneceres del mundo
estuvieron entre nosotros
en una sola madrugada

 

Torre de Babel

I

Hay un fuego
encadenado
a nuestros pies

Sobrevienen terremotos
que nos vuelven inestables
desde dentro

Negamos tres veces
la divinidad
que nos habita

En la penumbra
el gallo ya no canta

 

II

Hay un espacio
entre silencio y palabra
para el deseo
y el aleteo
del colibrí nervioso
que son tus manos

La oscuridad
no esconde ni disimula
las intenciones

 

III

Tu dedo índice
es una navaja
sobre mis labios

el silencio corta el aire
que no respiramos

En un descuido del tiempo
se confunden al fin
estas lenguas
como en aquella
torre de Babel

y ahora nos pronunciamos
ininteligibles
para alcanzar un cielo
que al fin sea nuestro

 

Pendencieros

Habitarte sin reservas
sin que nada más importe
sin temores ni pecados
sin abrazar expectativas
bautizando en el fuego los cuerpos desnudos
transparentes
trascendentes
transversales

Esconderme en tus esquinas
quebrar los bordes imposibles
que jamás han sido fronteras
y terminan siendo puentes entre nosotros
animales sedientos de placer
pendencieros
persuasivos
peligrosos

Reconstruirnos por dentro
con el tacto escarbando bajo la piel
buscando señales extintas de vida
y por fin comprender
que la magia nunca estuvo dentro de ti
el milagro eras tu
cuando estabas conmigo

 

Sacrilegio

Pronuncio tu carne
te haces verbo
entre mis labios
mis paredes en silencio
se guardan
esperan
que abras las ventanas

Descoses misterios
que nadie más escucha
y te quiebras en dos
revelando en ti
un universo entero
bajo la lluvia que soy
cuando caigo

Hay algo profano
en el vino tinto de tus venas
en el pan que como
antes de la comunión
de los espacios vacíos
que otros dejaron
pendientes

Nuestro tiempo no existe
pero él aún no lo sabe

Culmina el sacrilegio
volvemos a los cuerpos
que somos

Que San Pedro olvide mi nombre
ya no quiero salvarme

 

Estatuas de sal

El hambre está despierta
nos camina por dentro
se pierde y se devuelve
por las veredas del alma

La ciudad se está llenando
de estatuas de sal
y lamentos de un ayer
tan ajeno como lejano

Se vacían las gargantas
de palabras ensangrentadas
y el tiempo pierde la carrera
contra las balas sin nombre

Cierro los ojos
recuerdo que en el infierno
también se reza

El vacío es un país sin bandera
donde sin querer
se nace ausente

 

Paraíso en blanco y negro

Canta el río sus dolores
entre olvidos y pesares
arrastrando entre sus aguas
maldiciones
flechas rotas
últimos alientos

Canta la tierra su desventura
en cada árbol que crece
como una herida abierta
a merced de la sal

Canto mi necesidad de ti
desde los huesos
hasta dejarlos sin voz
Me arranco la paz de las entrañas
y la ofrezco como sacrificio

ya no me queda corazón para latirte

Canta el aire
lo irreversible de tu ausencia
y en cada respiro
esta incertidumbre de ti
me sepulta

Te desvanezco
más allá de tu sombra
como un paraíso en blanco y negro
en la penumbra de mi lucidez

amarte siempre ha sido mi epitafio

 

La hora del lobo

Entra el miedo
midiendo sus pasos
para no hacer ruido
y las horas olvidaron
el camino de vuelta
al reloj

entonces el viento
silba preguntas
sin respuestas
dibujando esperanzas
de falsos caminos
en las ventanas de tus cielos

El tiempo es el eje de todos los vértigos

La fe es una túnica
que no alcanza
para cubrir todo el cuerpo
cuando su eclipse sofoca
la escala de grises
que llevas por dentro

La noche rompe una a una
las fotografías en tus paredes
Sostén en tus fauces el destino
y acepta que el pasado
no tiene amigos

No hay suficientes errores
si te vuelves inmune a sus silencios

El lobo nunca está solo
si lo acompaña la luna
a pesar de las sangres
los duelos irremediables
y los depredadores naturales

Sé como el lobo
que no pide perdón al bosque
por salir cada mañana
de cacería

Eduardo Longa
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