XXXVII Premio Internacional de Poesía FUNDACIÓN LOEWE 2024 Saltar al contenido

La mujer del Cinco

miércoles 24 de febrero de 2016
¡Comparte esto en tus redes sociales!

Cuando volteó a la derecha en la Avenida Central, el carro de atrás volvió a echarle las luces. “Pero ¿qué chingados? ¿voy muy lento o no traigo las altas?”, dijo mientras veía cómo la oscuridad se extendía en todo el camino. En algún momento el carro se emparejó para cerrarse y sacarla del carril. Pudo ver a tres hombres dentro del automóvil, el rostro de uno de ellos le resultó familiar. Frenó y giró a la derecha, aferraba con fuerza el volante mientras observaba en el retrovisor los ojos verdes que le perseguían. Me buscan por chacalosa, soy hija de un traficante.

Pocos le apostaban a la carrera de una mujer casi en sus treintas, gorda y cantante de corridos con muchos “ovarios”.

Continuó dando vueltas en las colonias, no quería que supieran en dónde vivía. No había opción ni rescate. Mucho menos en esos días en que su esposo estaba en la cárcel y en la casa sólo le esperaban sus tres niños. Lo que quedaba era continuar manejando en círculos. Conozco bien las movidas, me crié entre la mafia grande. El arrepentimiento le ascendió por la espalda como un escalofrío: “No debí haber salido”.

 

Esa noche sonaba grupero en el Farallón. La gente se reunía a pasar el rato al ritmo de las próximas estrellas del Regional Mexicano. Bajó del escenario después de cantar su nuevo sencillo. Había ido a grabar un video, pero la producción se prolongó lo suficiente como para que el sonido de los tarros vacíos acompañaran su música. El público la recibía bien pero había ciertas reservas: pocos le apostaban a la carrera de una mujer casi en sus treintas, gorda y cantante de corridos con muchos “ovarios”.

“¿Cómo viste, mija?”, le preguntó a la Gladys, la amiga de su hermana Rosa.

“Perfecto”, corearon las dos chicas. “Pero ya vámonos o no nos van a volver a dejar salir contigo, Jenni”. Cuando cumplí los 15 años no me hicieron quinceañera. Un hombre interrumpió la conversación y la jaló del brazo.

“¿No eres tú la vieja del Cinco?”. El nombre le hizo recordar a Juan, así solían llamarle. Una serie de imágenes la aturdieron: el encierro, los cargos por tráfico de inmigrantes, Gladys y su hermana. Los amigos de mi padre me enseñaron a tirar. Los ojos verdes del hombre la miraban fijo mientras continuaba lastimándola.

“Déjame en paz, cabrón”. Me querían bien preparada soy primera al disparar. Le dijo mientras sin preguntarle de dónde conocía a su esposo y qué importancia había en que ella fuera su mujer.

Salió del club con Rosie y Gladiz, condujo rápido para dejarlas puntualmente en su casa.

“Gracias por acompañarme, nenas…”.

“De nada, Jenni, para eso estamos”.

“Ya saben cómo es el Cinco, es bien celoso el cabrón, pero no me gusta ir sola…”.

“No hay fijón. Ya sabes que somos tus fans. Ya que seas rica y dejes de andar vendiendo casas nos llevas a tus giras”, dijo Gladys, las tres mujeres rieron. “¿Cómo sentiste hoy a la gente?”.

“Pues ahí voy… Mi papá me echó la mano consiguiéndome el Farallón. Pero otra vez vi al cabrón ese, el que me dijo que las viejas no estamos para cantar corridos. Aparte hoy estaba ese otro de los ojos verdes”.

“Se veía bien raro”.

“Sí, me quiso zarandear el pendejo, pero no lo dejé. Soy la Rivera rebelde y ningún cabrón me pone la mano encima”. Las casas de mi pistola de buen oro han de brillar. En el casete empezó Y voy a ser feliz, de Marisela, mientras la cantante se despedía en Ellis Street Nort Long Beach de las jovencitas. Se perdió entre los éxitos de su disco favorito mientras manejaba a las 10:30 a la ciudad de Compton, donde se encontraba su hogar.

 

Ya era la medianoche y el carro continuaba atrás de ella. Se habría bajado en el medio de la avenida de no estar recorriendo la ciudad más peligrosa de los Estados Unidos. Se detuvo a una calle de su casa. “A lo mejor así se largan”. Los hombres descendieron del automóvil. “Qué pendeja”. Por ahí dicen más de cuatro que un día me van a robar. Abrió la puerta de su carro y se lanzó a correr como robando una base, sólo que no era un partido sino la vida la misma la que se jugaba en sus botas con tacón del doce. Como una potranca fina soy coqueta y presumida. El eco de sus gritos resonó en toda la avenida. Nadie atendió. En alguna casa una señora entrecerraba las persianas de su departamento.

Cuando el convertible se alejó de la colonia, se levantó y se santiguó mirando al cielo.

Unos brazos le tomaron por la cintura. Daba patadas mientras la arrastraban por en medio de la calle. “Soy la perra brava de Long Beach”, dijo entre sollozos. Eran tres contra uno. No habido hombre que me aguante mi rienda ni mis guaridas. Uno abrió la puerta, el otro continuó arrastrándola por las greñas mientras el tercero le tapaba la boca. La subieron al carro. Reconoció los ojos verdes que llevaban horas acechándola: “el cabrón del club”. En el famoso parral, el Farallón y la sierra. También allá en el rodeo me conocen donde quiera.

Le arrancó los pantalones. La penetraba mientras repetía una y otra vez las palabras que ella le había dicho apenas unas horas. “Déjame en paz, cabrón”. Y la voz que el tipo imitaba era una voz aguda que ella era incapaz de reconocer como suya. Sentía cómo la rasgaba, el agresor escupía y se reía. “¿Te duele? ¿No que muy gallita, cabrona?”. Se dejó hacer. “Quizás si me comportaba esos cabrones no me matarían. No quería dejar a mis hijos sin mamá”, declararía después en un libro Jenni.

Una vez que el tipo se vino dentro de ella, hizo un gesto a los otros. El más alto de ellos negó con la mano… “Entonces saquen a esa puta de mi carro”. Eran palabras de alivio. El cuerpo de Jenni se estrelló contra la acera. Cuando el convertible se alejó de la colonia, se levantó y se santiguó mirando al cielo. Caminó hasta su casa, volteaba la mirada cada tanto.

Esa madrugada la pasó en vela porque su hija tuvo fiebre. ¡Por ahí nos estamos viendo, linda raza peligrosa!

Monserrat Acuña Murillo
Últimas entradas de Monserrat Acuña Murillo (ver todo)

¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio