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Tres poemas de José Petronilo Amaya

miércoles 2 de marzo de 2016
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De paseo

Mis poemas salen conmigo / a dar la vuelta,
a veces, efusivos brincotean gustantes
—como si se presintieran en alguna antología
o pronunciados íntimamente por labios sin desliz—
van a mi lado por avenidas y callejuelas
—gozan el contoneo de las señoritas—
o por jardines donde las flores se reconocen metáforas,
me llevan a caminar atardeceres como atajos
o a embriagarme en euforia de tabernas.

Y si ando arrastrando la cobija, no me abandonan
: van conmigo a bares de mala muerte,
a centros burocráticos donde el tedio domina
o acompañamos, igual, cualquier sepelio;
han llorado conmigo, amigos inmutables,
hemos trovado juntos a José Alfredo,
y en no pocas ocasiones, nos extraviamos
por los suburbios más afligidos.

En moteles / siempre abiertos / o con chicas hospitalarias,
en tabernas y billares o ante “hache autoridades”
mis poemas camaradas han sido versado aval:
los autógrafos que andan por ahí / desbalagados
—a verso suelto—, fueron / puede decirse / de sobrevivencia.

 

Como quien mira llover

Íbamos a oír la lluvia —a ver gotear,
por ejemplo—: poníamos miscelánea de música
—de Wagner o Bunbury algunas veces,
de José Alfredo y Maná, otras—
mientras la tormenta se venía y los relámpagos nos inundaban /
mientras los pájaros buscaban nido y arbustos y encinos se mecían de gusto /
nosotros avivábamos ardientes ansiedades.

En el parabrisas mil gotas se suicidaron,
formaban (hu)ecos por donde el arco iris nos veía;
entre ramas, a salvo, las aves se cortejaban.

Al crecer nuestro deseo,
irradiaciones vehementes eclipsaron los cristales,
tú y yo —recuerdas— hacíamos cabriolas y, sin pretenderlo,
recreamos aquella escena / memorable, de Titanic

 

Onomatop-ella

Tras, tras, tras… pienso que son tus musicales tacones
y traca, traca, traca: el corazón baila sus latidos.

Mmm, uff, uff, zas… me abrazo de pura lástima,
nada de ti llega sino más ansias de que llegues.

El vaivén de la cortina evoca tu paso endomingado,
y como loco de remate me pongo a imaginar
el tono de tu tibio jadeo y tus besos de miel: mua, mua…

¿Qué espero a ciencia cierta? ¿Qué nota me consuela si no estás?
Las solitarias calles bostezan, el eco triste triste se estremece,
el celular calla —ring ring regañado— tu ausencia vaga y ancha
llena mis ojos de filosarcilla / me destaza así, tic tac, tic tac,
sin poder darle nombre a este vacío.

Ay, ay, ay, ay de muerte que nos deja seguir vivos,
que nos deja golpearnos contra el amor
—como contra el muro más macizo—
nos deja ver en fragmentos de vidrio con nitrato de plata
los pedazos del amor que no nos dimos:
es falso lo que niegue toda ilusión.

Vuelvo a la imposibilidad de que vengas
:rompo el ritmo de letanía: glu, glu, glu,
danzas en la botella y yo estoy tristísimo en el fondo,
muchacha de huidas imprevistas, virgen
estelar, me dejas en blanco y negro,
sin huella que seguir ni luna para colgar la soledad.

Quítale el desamparo al lunes / que agarre ritmo la memoria,
vuelvan melodías con tu aliento / no naufraguen los ojos en su mar,
que el corazón se sobresalte: tac tac, tac tac / y el placer salga al recreo: talán, talán,
y el tilín y el tolón tuturutú, tuturutú / Toc, toc, toc, toc…

José Petronilo Amaya
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