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Poemas de Recital para viento, de David Saturno Donatti

viernes 18 de marzo de 2016
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Las músicas del cuerpo

En la noche de tu cuerpo entro, penetro como viento suave, cristalino, salvaje. Viajo en tu piel como un himno silente: nocturna música de grillo. Tus senos son corolas: jilgueros lentos bajo el incendio de tu noche.

En la ventana de tu cuerpo, soy brisa leve: volátil ingeniero de tu piel. Viajo en tus brazos como aroma de avellana. Tu boca es estambre: tu sexo, bisagra, licor tenue… ascendente en el umbral de mi garganta.

El sonido de la tierra en tus muslos, el sonido del agua en tu vello.
Tu abdomen es gota, es ala.
Tu boca es diamante, constelación, escarcha.

Mis manos, con ligereza, abren los diques de la aurora en tu cabello. Viajo en tu frente como buque naufragante. Tu aroma diluvia en la sinfonía de mar adormilada en mi cuerpo.

En mi frondosa desnudez, palpas con tu suspiro la música transparente de las nubes, los oboes en mi alba. Viajo en tus ojos como por un bosque, donde tus dedos son luciérnagas. Tu cuello es caudal. Nave de barro tu cuerpo, en mis manos nacaradas. El grito del mar, amor, desde mi lengua, recorre en tu carne las músicas del cuerpo.

El sonido de la luz en tu sombra.
………………………………Toda la tierra abierta en tu fragancia.
En tu piel soy viento: secreto río de luz,
………………………………armonía de flauta en tu vello,
………………………………epifanía de ciprés en tu pestaña.

Mi frágil música de alondra en tus labios: levitación profunda en tu sangre. Viajo en tu cuerpo como por la lluvia. Mi semen —alba blanco— asciende a tu boca, vuela tu lengua, es vino disperso en tu rostro: escafandra emparamada de blancores. En la ventana de tu cuerpo —blanco arcoíris, mi semen— ilumina tu piel… y danza.

El sonido de mi lengua en el pétalo rosado de tu centro.
La melodía de la tierra en tus brazos.
La melodía del árbol en tu pelo.
La música del azul infinito en tu regazo.

Desnuda geografía, entro en ti, como semántica de agua. Viajo en tu vientre como por un sendero vago. En tu piel soy música de viento: vuelo de pájaro radiante, temblor en tus estambres. Al salir de ti, entro en ti también, porque entro en la noche.

La noche, que es el aura de tu cuerpo.

El eco de mi lengua en tu fondo. El eco de tu lengua en mi lenguaje. Tu cuerpo, orquesta de hojarasca: país donde los ojos de la noche ven nacer en el relámpago tersos pájaros sobre el papel del aire.

(Obra finalista en el III Certamen de poesía Erótica; Canarias, España, 2015).

 

Poema XXXI: Una sombra blanca

Sombra de barro, de arena, de piel, de papel. Náufraga infinita, lenta, bajo los párpados del tiempo.
¿Es tu sombra en mi sombra?

Sombra de vaho, de hojas, de bruma, de ceniza blanca esparcida en la embriaguez de la luz.
¿Es la sombra del espejo?

Sombra de voces, de suspiros, de ecos. Sombra, sombra, sombra, cuyo rumor urde en el origen de la noche mariposas que resurgen desde la herida del viento.
¿Es la sombra de tu nombre?

Sombra de rostro ausente, de ojos ausentes, de ausente grito. Fantasma disperso en las grietas de la nada. Fantasma sin destino.
¿Es la sombra de una ausencia?

Sombra de nieve, de hierbas y de plumas. La noche, incandescente, como un poema lento, esboza su silueta luminosa.
¿Es el espectro de la nada?

Blanca sombra, azul sombra, alucinada sombra, sombra sin tiempo. El invisible polvo del abismo gravita en su soledad sin fondo. Vacíos sin génesis respiran en su vertiginosidad de luciérnaga.
¿Es la sombra de la noche?

Errante sombra. Libélula insomne en los pétalos del silencio. Como las nubes, nómada. Como el amor, sedienta.
¿Es la sombra de una sombra?

Es todas las sombras en una sola sombra. Es mi sombra. Fantasmal sombra de hombre. Mi sombra sin ti, sin el vértigo de tu sombra. Ebria de noche, borracha de estrellas, mi sombra: náufraga infinita, lenta, bajo los párpados del tiempo, leve, volátil, extranjera.

 

Poema en reversa

La bala sale del cuerpo y vuelve al tambor del arma: el cuerpo se levanta, los párpados se abren y el ser despierta.

El atardecer retrocede hasta los brazos de la alborada. La mañana vuelve a ser noche. La nota musical vuelve a los remansos de las teclas del piano.

El fruto caído se eleva y vuelve a la rama del árbol. La lágrima se incorpora del suelo y vuelve al fondo del alma.

Un beso, en reversa, se desprende de mi boca y vuela hacia tu boca de citara. Una caricia retorna a tus manos y en ellas se hunde: en tus manos de pétalos violeta.

Un cuadro vuelve a los brazos de un pintor, le sube por las venas (con fantasmas, vacíos y colores) y se sumerge en la infinita profundidad donde brotó una noche.

La palabra vuelve a los labios que la dibujaron. El poema retorna al vacío de la mujer donde surgió una noche. El perfume sale de tu olfato y regresa para esconderse en una flor que se cierra.

El árbol vuelve a ser sólo una cepa. El ave reaparece en su cascarón.

La lluvia da reversa y regresa al vientre de las nubes. Las nubes descienden a la mar y se diluyen en el azul de las olas.

Todo retrocede, y gira, como una espiral. Pero mi sombra, mi sombra no retorna a mí: ella prefiere su exilio en el silencio. ¡Es tan lejano el origen!

 

Vaivén

El viento viene dejando abismos en mí la noche deja su desvelo.

Déjame. Violeta. Déjame regar la noche en tu rostro para besar las estrellas que se alejan como esas aves temblorosas que dejaban tus abrazos en mis brazos. Déjame abandonado en medio de tus senos para allí recogerme a mí mismo con besos. Déjame solo bebiendo el oleaje de tu desnudez y vete a buscarme en ese viento donde quiero ir como un volátil loco y cristalino.

Me dejas girando siempre girando me dejas solo girando.

Un día me dejas retornar a tus besos y un día me abandonas al silencio del niño que soy un fantasma que quiere dejarte dejarte dejarte la primavera encendida en tus bordes soy como un fantasma incandescente desapareces.

Déjame una noche sólo una noche estar solo en tu boca.

Déjame solo besando el aire no vale la pena que me dejes solo besando el aire de mi soledad te nombra en el viento de mi soledad te espero. Déjame de una vez por todas para que regreses al abismo de mis besos. Déjame si no me quieres déjame que te deje una herida de besos en todo tu cuerpo pero dime ¿por qué el olvido es tan lento?

Dejémonos abandonados a la noche para que nos arrastre el aire bésame con tu boca azul celeste para que una lluvia de alucinaciones incendie nuestras sombras y para que nuestras sombras alucinen en el fantasma de la noche.

Déjame olvidarte para que me olvides nunca me olvides pero déjame para siempre olvidarte y así poder amarte en otros labios y en otra voz y en otro cuerpo que sólo sea el tuyo y en otros besos que no me dejen nunca me olvides para siempre déjame huir hacia otros labios. Me ahogas.

Me dejas solo, solo, desmoronado en el lenguaje de la noche una estrella azul cae en mí un viento azul desmorona tibiamente tu recuerdo en mis heridas.

Déjame tus suspiros y tu desnudez desparramada en mi cama te busco y sólo encuentro tu ausencia se desparrama en mis suspiros como un abismo la noche viene dejando su escritura en mí quiero que te encuentres pero vete. Déjame solo como quien hila el tiempo loco te traerá de nuevo hacia mí te irás para que te vayas siempre déjame abandonado un día blanco en el viento que viaja por las ondulaciones de tu cabello haz camino y vete. Ahógame.

Una flor se desmaya en mí el viento y la luz de la noche huye… huye paloma de agua de luz de ceniza de rocío… huye, huye amiga, huye hacia mí.

[Para Andrea Maldonado]

 

Lenguaje artificial

Tantos verbos, estrellas y conjugaciones de luces.
Y sin embargo, no se quebranta el vacío.

¡Tanta ceniza compartida, y suspiros postizos!

Tantos hombres, aromas, caminos y metrallas.
Y sin embargo, no se agota el olvido.

Tanta lluvia y océanos.
Y sin embargo, la sed refulge (tanta).

Tantos idiomas y levitaciones.
Pero la llaga sigue la ruta de su abertura

Tantos gestos, gritos, normas y desolaciones.

Tantos mendrugos sin boca.
¿Y cuántas bocas desdoradas?

¿Y cuánta carencia restallando
en el parpadeo de los días?

Tantas caricias extraviadas
y tantos fulgores sin rostros.
¿Y cuánta piel sin desnudez?

¿Y cuántas desnudeces sin un cuerpo?
¿Y cuántos cuerpos sin nombre, ni senda, ni aroma?

Tantas habitaciones donde no entra la noche ni el día,
donde sólo gotea el tiempo y tiembla el polvo.

¿Y cuántos cadáveres ambulantes?
¿Y cuántos suicidios repartiéndose las pieles?

¡Tanta soledad… y toda la ausencia!

Tiempo sin brújula, eternidad girante.
Y tantas sombras.

Zapatos, alas, puertas, pantallas.

Tantas, tantas poleas y tantos dioses.
Y sin embargo, no cesa la muerte.

 

Prometeo Enamorado

Cada mañana el amor viene.
Y me devora las entrañas.

David Saturno Donatti
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