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Hablemos, de Octavio Santana Surez

Siete poemas

• Lunes 4 de abril de 2016

De súbito

Un tipo con cara de malo del cine pasó por mi noche
metiendo suspenso, el miedo sembrando. ¡Qué tipo
con cara de malo del cine, qué susto, su vaho
deja sin sonrisa los rostros pintados, borra la alegría,
torna suspensivo lo que antes un punto
final era y basta! Un miedo con cara
de tipo que punto
suspensivo fuera, del todo maligno,
llegado nocturno, sigilo y vampira
mente acolmillado y con cara de cine
con resucitados y muertos que vuelven
por alcohol a casa,
un tipo profunda
mente escalofrío con cara de malo
pasó por la calle
que besa mi mundo.

 

Cromáticas

La diferencia entre el negro y el gris
es sólo una pincelada de tristeza;
entre el rojo y la sangre: la guerra;
entre el amarillo y el sol es la gota
de un cansado sudor.

Entre el anaranjado y la sed
sólo existe una fruta de distancia,
entre el verde y la alegría
un largo desierto,
entre el violeta y el morado
un error de la luz.

Entre el azul y el cielo
la diferencia son las mentiras sobre dios;
entre el ocre y el ladrillo
la casa sencilla de un pueblo pintado
con óleo y pasión;
entre el beis y el marrón
el olor del tabaco, el café de las dos.
El espacio entre la transparencia y el vacío
con sangre y deseo
lo llena el amor.

La diferencia entre pintar y soñar
es el color.

 

Tic tac

Junto al reloj antiguo,
……………………………..que suena
como lluvia de instantes sobre el techo del mundo,
uno espera contando latidos
como si viviera.

Junto al reloj digital,
……………………………..que es mudo,
condenado al silencio uno espera
cual si en el siguiente momento vacío
habitara la muerte.

Oh, mi corazón,
este triste reloj que no logra
mi sangre entender.

 

Enfermarás

Enfermarás
cuando empiece tu tiempo a cansarse
del horror de posar detenido
al borde de esa edad tras cuyo salto
comienza el infinito.

Enfermarás de resultados definitivos,
de flechas que aún yacen en el blanco
tras haber hecho las dianas posibles;
de sumas exactas y escasos residuos;
de no más abrazos,
de no más deseo.

Enfermarás
de visiones de hijos difusos,
de amores en sueños con punto final;
de la invalidez de todos tus permisos,
del desahucio de todas tus bacterias;
de la declaratoria oficial de nulidad de todos tus principios.

Enfermarás en el momento en que los jueces de impuestos
decidan no acosarte más;
cuando la más empecinada de tus locuras condescienda
a negociar con la razón monótona del prójimo;
en el último instante
del último mes de todas tus cuotas mensuales.

Enfermarás con el último bolsillo vacío
de usura y derroche;
tras beber en las manos del hastío, como en un desierto,
los ríos venenosos,
y haber escuchado completa la música: haberla bailado
al son del recuerdo,

enfermarás

y tendrás envidia
de quienes se quedan y pueden amar,
de quienes aún consiguen ser novios de alguna,
de los que no suelen sufrir de los males
que pudren el tiempo,
de los tranquilos que ya no serás,
de los que dirán las siguientes palabras,
los versos de nunca.

Y morirás de ti mismo sin serlo,
porque fuiste quizás sólo el sueño
de torpes demiurgos, ni Juan ni su intento,
de regreso al azar de un origen que traza futuros
que no te conciernen,
como el ciego que toca la tierra
con bastones de duda y tropiezos
avanzando de oscuro hacia negro volviéndose foto,
palabras en cartas, olvido y silencio.

Y después todo.

 

Uno o cualquiera

Copiado con la incertidumbre de la cal en el agua
como letra de pez
transparente y esquiva;
solo en su rol de sombra que se aferra
a la línea tortuosa de una cara obligada;
ajustando su horario a los pasos de un alba
contagiada de oscuro, va
el habitante de una sordera tan honda como el lecho del plomo
en la saeta de las cartas sin ruta que dan contra los muros
o enviado al fin del mundo
para dar la noticia del error que otros callan;
asediado por orgasmos adonde no llega el deseo
—saliva repudiada por el labio—;
dueño de herencias que extraños derrocharon
como agua vertical o de espejismo:
hielo.

Nuevo para los siempre presentes en la extranjería de la historia;
un tipo de vigilar, dicen de él los de su propio espejo;
el de los pasos tardos —piensa el ciego del bastón mudo
sobre el césped negro de su imaginación—;
ajeno para el pan como el suspiro pómez de la piedra muerta
pero muy conocido para el perro de nadie
y el vestido que baila su ajena alegría
en la fiesta de los sábados de cada nunca.

Por ese,
línea ahora perdida en el borrón, luz en la luz,
razón en lo cierto, sangre en la intención de la daga, el confundido
por todo lo visible, ese cualquiera,
inverso como un eco, torcido como el índice de la vejez,
siempre a punto de nada, el favorito
de los rostros anónimos, voten,

voten por él

para que sea proscrito de las listas
confeccionadas con las cifras personales de los que prestan su perfil
para la salvaguarda de los asuntos del estado,
de la fe,
de la prostitución de los oficios.

 

Rincones

El gato y el ratón salen cada uno a la luz
por primera vez
el mismo día, la misma hora,

el gato desde un rincón abrigado
como una caricia de durazno,
………………………………………..el ratón
desde una oscuridad de escalofrío,

y cada uno gasta en el otro
su primera mirada. Están
en la casualidad de la misma foto,
cada curiosidad como un espejo de la otra,
extasiados.

Se asombró el gato ante la certeza del ratón
y el ratón de lo mismo. El mundo
de cada uno fue el otro en el primer atisbo de la luz. Y
podría jurarse
que el mundo fue inventado dos veces
en la misma mirada,

y después fue la luz.

 

Ojos de faro negro

De la noche salieron los gatos
en su paso de nubes oscuras, huyeron
de la noche los hondos ronquidos,
los búhos
que alquilaron disfraz de pingüino, los pasos
de los celadores —dormida
su pistola los acompañaba.
…………………………………..Partieron
los que mueren a diario
de la vida nocturna
ni raudo ni lento, si acaso
como manda el reloj que repite
latidos eternos; se fueron
las putas
del andén alcahuete a la una
de la madrugada, la luna
alumbraba en sus pechos. No quedan,
cuando el alba encandila su miedo
de sol primerizo, vestigios
de la tinta vestida de viento
que es noche y recodo
de ojos cerrados.
………………………O apenas
quedo yo, por recuerdos tomado,
de nostalgia en nostalgia mirando
—la ventana me cede dioptrías—
cómo pierde la noche su tiempo,
su tinte y su alma,
y me deja en el centro de todo
sin nada a la vista, uno,
non
disfrazado de tango y vampiro
sobre el borde de todo,
vacío
de luz y miradas,
soledad que amanezco pensando
en la luz de unos ojos perdidos.

Amílcar Bernal

Amílcar Bernal

Escritor colombiano (1950). Reside en Bogotá. Es ingeniero mecánico y se encuentra pensionado. Ha ganado varios premios y menciones en concursos colombianos y extranjeros de poemas y relatos. Textos suyos han sido publicados en diversas antologías y revistas impresas y digitales. Ha publicado los poemarios La sal de los hoteles (Ayuntamiento de Armilla, España; segundo puesto en el VI Concurso Internacional de Poesía “Miguel de Cervantes”, 2001) y Solos de retruécano (primer puesto en el VII Concurso Nacional de Poesía “Ciudad de Chiquinquirá”, Colombia, 1999).
Amílcar Bernal

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