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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Poemas

viernes 26 de agosto de 2016
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La neblina

La neblina se asoma
En la oscura noche
las farolas señalan la negrura
la calle encorvada camina
hacia la Luna
que se refleja en el charco.

El puerto se mueve
el silencio golpea el vaivén de
las aguas
cruje el maderamen
la noche despierta
la brisa

El marino y su estoicismo
en la orilla del mundo
buscando lejanía
la soledad reclama sus espacios.

El buque zarpa los amores
inconformes huyen
el adiós ya no se escucha.

(de Nada es para siempre)

 

Al paso de la mula

A veces llueve el dolor llueven penas
llueve el polvo sobre los amarillos recuerdos
los perros solitarios ladran
al camino que calla ausente
lo único que se oye es la soledad
que ventea.

La bala fría duerme
se despojó del odio aún con la muerte
en la mochila.

Al despertar desahuciada
quedó la reseña
la tinta y la escritura
del poeta.

Los ojos se cerraron pegados de las nubes
se toma su tiempo dormir mirando pal cielo
bajo la mata de mango repleta de noche eterna.

No se hicieron preguntas
no se dieron respuestas.
La mula escapada lo echó de bruces
El golpetazo seco brilló
con el humo y el fogonazo
mientras certera ella
como la chillona venía
silbando de lejos.

La calma dormida se ve más tranquila
que la tristeza
más elocuente que la propia
despedida.

 

Ovillos del tiempo

Somos ovillos del tiempo
apretujados en la inercia
de nuestro ser interior
un asteroide frío
una luna de otro planeta
Sombra y sed
polvo y vacío

furia latente
espejismo moribundo e inútil
eterna búsqueda de una razón palpitante
sombra que apagas tu luz.

Enfermo dislate que
el ego del vulgo repite
en su púlpito delirante

Varados en esquivos dilemas
Dormimos sobre el surco fiel de la ignorancia
los muros infranqueables y silentes
del eterno sediento.

Arribamos a conclusiones a medias
causas mal curadas
hoy ajenas y vacías.

Confesos de creencias engatilladas
Amarrados a conductas punitivas
Exagerados los ojos sobre ritos autos flagelantes.

Heridos por nuestros propios miedos
filosas ideas que como navajas implacables trozan
una partitura de Mozart o un cuadro de Van Gogh.

Arrodillados ante el misterio de un tótem
veneno que gobierna
la oscuridad de nuestros días

Clara y precisa se derrama la historia
eje del dolor queja y silencio.

 

Una copa de amor

Desnudas tu alma de poeta y
luego brindas tus fluidos y brebajes.

Con gusto tomaría una copa
para embriagar de éxtasis mis sentidos
y al despertar la mañana sembrar mi estandarte
en la cima de tus sueños.
Después de lamer los bríos de tu alma
recoger el rocío en la clara ensenada de tus laderas
de tus ríos escarpados de imaginación y de amor
de tus tensas virtudes que nacen
en lo profundo de tus versos
en los clamores de tus ahogados gemidos
frente a mi lanza de caballero errante
que admira tu canto
quien sueña con robarte un beso algún día.

 

La silueta del hechizo

Me reconozco en el bullicio del silencio
soy quien escapa a su desatada desnudez
mi semblante se evapora
en el instante último de la realidad.

En este último vacío
me atropella la pérdida de la nada
que ausente trepa sobre sí misma
buscando
en el extraviado ser
una perspectiva lúcida desde la cornisa.

Intentando volver sobre la sombra
que trae el pozo de luz consigo
sin encontrar un horizonte
el fin o el principio de tanta oscuridad

Los recuerdos perdidos no se oyen
van pintando de espejismos grises el vacío
lo que era la luz ya no se ve
la soledad y el ocaso
han huido
son el binomio de tu realidad.

la incertidumbre hija de la duda
teme despertar
una oscuridad ajena y tal vez eterna.

Otro instante infinito antes de volver
hará que el tiempo sin medida
Aunque el miedo se teje con los mismos hilos
Es tan lejos el olvido que da vértigo mirarlo
así en silencio volveremos a nacer
Todo late al ritmo del universo.

 

La gota de sombra

Todo se hunde en una
oscuridad sin nombre
las esperanzas limitan
la lentitud del abismo.
El entendimiento se posa
en perfume desconocido
el azul se hace opaco
la luz duerme bajo
el tapete del tiempo.
El ocaso brilla en aquel borde
donde lejano su perfil
dejó la conciencia.
Todo duerme y gira hacia un eco
que no sabe despertar.
La orilla del vacío
se mece como
un péndulo vagando
en caída libre.

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