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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Cinco poemas

lunes 12 de diciembre de 2016
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Teos

Yo no creo en las estatuas,
las estatuas son dioses que nunca he conocido.
Javier Bello

Los dioses, porque no los vemos,
son cuerpos saturados de granito.
Bestias que preñan ídolos desnudos
…………………….delante de las plazas.

Laceran el tiempo con la presión del mármol;
resisten, por qué no decirlo, contra nuestra imagen.
Son chivos expiatorios estoicamente admirados.

Los dioses, porque no los vemos,
dan la purificación del odio,
a través de la piedra, de todas las miserias.

Los dioses, fetos deformes que se evaporan al cielo,
se plantan por medio de estatuas intestinas
con todas las falacias de nuestro corazón.

 

Piccola patria

Vivo en un país pequeño:
sus mares son desiertos;
sus ríos a cerros se asemejan;
su único volcán se yergue en torre.

Vivo en un país pequeño:
su nación es mestizaje de palabras;
su capital es madre del pan de la tierra;
su raza es rebelde contra la alta sombra.

Es un país pequeño que cabe en el periódico.

 

Miguel en la parroquia de San Bernardino de Siena

Nos tormentos do mundo fui multiplicado.
En los tormentos del mundo fui multiplicado.
Lêdo Ivo

Este soy yo, sentado
en una banca del templo,
cabizbajo. Pienso, me imagino
a Dios sentado en una esfera
con los pies colgando.
También a san Miguel
observo. En esa esquina
de la cúpula, se asoma.
San Miguel sonríe,
blande su lanza,
y me mira desde arriba.
En las esquinas restantes
están san Gabriel y Rafael
y el Ángel custodio,
aquel que debería ser arcángel
y enmarcarse con un nombre
individual a su importancia.
San Miguel es tan guapo y varonil,
he escuchado algunas veces
en boca de mi hermana y mis amigas.
Lo imagino salirse del muro de argamasa
y bajar hasta al altar
para luchar el viento
que estropea sus alas
cuando cosecha la lluvia.
Multiplicado en las nubes,
observo las alas de los ángeles
con san Miguel al frente,
y los caballos de los santos,
y los caballos de las vírgenes
llenando el atardecer,
vencedores del viento.
Yo los oigo galopar
los altos cielos de la tarde.
Llueve sobre mí, empapado.

 

Postdata a las once de la noche

Numai mie noaptea un-i frumoasă.
Solamente para mí la noche no es bella.
Tristan Tzara

Cuando observo los labios de la noche
descubro sus dientes de mujer,
y en esa abertura descubro los míos:
hace frío, tiemblo, la ropa no me cubre.

Sonrió, palpo la voluntad del viento
y pienso en desnudar la noche,
acariciar sus nalgas y elevarlas
como nuevos soles que los peces
se esforzarían en besar.

Estoy a punto de dormir,
no hay luna que sostenga mis manos;
estoy a punto de caerme:
algo sacude a la noche, jala sus cabellos.
Estoy a punto de caer de mi escalera:
caigo la luz entre unos labios a punto de cerrarse.

 

Ojos

Todos los ojos que nos miran nos encuentran,
en la luz los ojos ciegos se abren y retoñan,
sus lágrimas inundan las bañeras
y cruzan otros ríos hasta formar caminos
que hemos de remar en las noches sin nadie.

Los ojos que nos miran nos encuentran las manos
acariciando la piel sobre la piel unida,
y celebrando un puente entre el palpar y el ver
las desnudeces secretas de los mares solos
nadan en la plenitud de las bahías del sexo.

Mis ojos te encontraron, y te miran ahora.

Javier Bautista Muñoz
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