Recibe 2020 con 20% de descuento en corrección de textos y corrección de estilo
Saltar al contenido

El diario de Luis

jueves 15 de diciembre de 2016
¡Compártelo en tus redes!

2 de marzo

Dulce de leche con coco.

Dulce de leche con coco era la frase que persistía en mi memoria como disco rayado, como esa espinita clavada en la planta del pie que sabía que estaba ahí porque la sentía, pero que no lograba verla ni palparla y, por esa razón, me veía condenado a vivir con ella, molestándome, haciéndome la vida imposible sin que yo pudiera hacer algo para remediarlo.

La verdad es que no me acuerdo dónde escuché esa frase por primera vez. Hace mucho que me acuerdo de las cosas por retazos y fragmentos. Por ejemplo, me acuerdo perfectamente del día en que bateé mi primer home run. Yo tenía doce años, era un carajito muy bajito para mi edad, pero lo diminuto lo compensaba con una gran dosis de chabacanería que seguramente heredé de mi abuelo, de cuyo nombre no me acuerdo tampoco, pero sí sé que era un gran conquistador de mujeres y dueño de una barbería, la única del pueblo. Fue en este pequeño local, al cual yo iba a ayudar a limpiar y poner todo en orden, todos los días después de desayunar, sábados y domingos hasta el mediodía, que aprendí a observar a la gente, a observarla de verdad. Y luego iba con mi cámara y les tomaba fotos. El antes y después… de que mi abuelo los afeitara o les cortara el cabello.

 

4 de marzo

Me aseguran que he estado aquí una semana pero, una de dos, o me están diciendo mentiras o andarán empinando el codo en sus ratos libres. Todavía estoy esperando a que Nicolás venga a recogerme, se fue hace una hora así que no debe tardar.

También me acuerdo de la primera vez que saqué a una muchacha a bailar. Ella era más alta que yo, pero eso a mí no me asustaba. No recuerdo cuándo, pero después ella se fue y se mudó a otro pueblo. Después me enteré de que se había casado con un hombre con mucho dinero y andaba toda nariz pa’ arriba. ¡Tanto que me picaba el ojo!

Volviendo al dulce de leche con coco, creo que fue… quien me brindó ese dulce por primera vez. Andábamos en el río tratando de pescar algo y él sacó una fundita de papel llena de dulces y me brindó uno.

Debió ser ahí la primera vez que lo probé.

 

7 de marzo

Me han dicho que escribir todo lo que pasa por mi cabeza puede ser un buen ejercicio para la memoria. Una de las enfermeras me ha dado un cuaderno y un lápiz y me ha dicho que escriba todo lo que se me ocurra. Eso puede resultar un poco peligroso, yo siempre he tenido demasiada imaginación.

Pero he decidido ser lo más ordenado posible y se me ocurre que hacer un listado de mis cosas favoritas puede venirme bien. Así paso el tiempo rápido.

Así que, y no necesariamente en orden de preferencia, lo que más me gusta es:

El arroz con leche, mermelada de guayaba en pan sobao, el ya mencionado dulce de leche con coco, café negro y sin azúcar, sancocho de carne de res, huevos revueltos con cebollita, los mangos de la mata del patio de Mon, asopao de pollo, yaniqueques, pastelitos y quipes, mangú con salami…

 

9 de marzo

Me doy cuenta de que en mi lista de cosas favoritas… ¡Sólo hay comidas!

Me encanta comer, no lo puedo negar, pero como dudo que en este sitio alguna vez me den de comer algo de eso, creo que debería nombrar otras cosas que me gustan, pero que no se comen.

Aquí voy:

Las fotografías, jugar dominó, sentarme en la plaza los domingos, levantarme a las cinco de la mañana para ver el amanecer, ver el atardecer, los Mets de Nueva York, la pelota, hacer chistes con Fede, pescar con Manu, escribir.

Las cosas que no me gustan las dejo para otra ocasión.

 

17 de marzo de 2015

Ayer intenté ir a la piscina otra vez, pero me agarraron justo cuando tenía un pie fuera de la puerta. Ellos dicen que aquí no hay piscina, pero yo no les creo nada. Estoy seguro de que ayer me bañé en la piscina: me veo jugando con una pelota de muchos colores y nadando como un pececito. Ellos insisten en que no hay piscina. Me dio por patalear y gritar, pero después decidí que lo mejor era planificar mejor mi escape. Ya tengo el lugar ideal para esconderme: en el patio hay un cuarto de cachivaches y los enfermeros nunca pasan por ahí. Sólo debo esperar a la hora después de comida, a que todo el mundo esté durmiendo, esconderme ahí un rato y luego, ¡zas!

No sé dónde dejé mi dominó, si pudiera encontrarlo no estaría tan aburrido.

 

18 de marzo

¡Me atraparon in fraganti!

Todo había ido a pedir de boca hasta el momento en que intenté esconderme en el cuarto de cachivaches. Estaba muy oscuro, pero yo me sentía como en casa en esa oscuridad. Me hacía sentir tranquilo, en calma. Me hubiera podido quedar ahí toda la vida. Y eso fue lo que pasó, que me quedé lelo y me descubrieron.

Ya en la noche intentaba dormir y no podía. No encontraba sitio y podía escuchar unos gemidos a lo lejos, como si alguien tuviera una pesadilla. Traté de hacer eso que le dicen a uno que haga para poder dormir, lo de contar ovejas, pero no recordaba cómo eran las ovejas. Creo que al final conté burros.

Mañana será otro día, supongo.

 

20 de marzo

Tuve un sueño rarísimo. Soñé que estaba en un salón de baile, todos bailaban “La cumparsita”, pero todo el mundo tenía puestas máscaras de carnaval. Había por lo menos tres diablos cojuelos. Me levanté con el corazón en la boca y mojado de pies a cabeza. A mí siempre me gustaron más los boleros.

Me vino a la memoria algo que me pasó antes de irme a la universidad a estudiar; estábamos los cuatro sentados jugando dominó y de un momento a otro el gordo salió diciendo que no iba a ir, que se iba a quedar, que la ciudad no le gustaba. Le di tremendo cocotazo y le hablé bien fuerte. El día en que nos fuimos lo monté en el carro yo mismo. Siempre fue demasiado sensible. Tremendo abogado en que se convirtió después. ¿Abogado?

Al otro no le presto más mi cámara. Siempre toma las peores fotos. Por más que intenté enseñarle, nada. Es así: te paras derecho, miras por el objetivo, enfocas bien y tomas la foto. Tampoco es que sea el teorema de mengano ni nada. Las cosas complicadas le dan igual y las sencillas lo vuelven loco. Pero yo lo entiendo, él nació en la época equivocada.

 

24 de marzo

Hay algo que se me escapa de la mente y no logro atraparlo, pero mientras este nuevo enigma se burlaba de mí, me vino a la mente algo que vi una vez: no sé si fue que lo vi en una película de esas que tanto le gustan a Mon. Eran muchos muertos y mucha gente disparando, la gente corriendo y yo parado en una esquina viendo todo y tomando fotos. Pero si yo estaba ahí no pudo haber sido una película. Que yo sepa no soy actor de cine… o a lo mejor sí. Estoy confundido. No recuerdo bien qué fui.

¿O era a Fede a quien le gustaban esas películas? Qué buen lío.

De ella recuerdo su nombre, su cuerpo, su risa. Pero no puedo recordar su cara. Por más que busco no encuentro.

 

31 de marzo

Quisiera poder decir que mi vida fue espectacular, que tuve una vida llena de aventuras, que fui un buen esposo, un buen padre, que hice el bien sin mirar a quién, pero como tengo tremendas lagunas no puedo jurar sobre una Biblia que fue así.

Tengo recuerdos dispersos, de una vez que robé unas canicas a un vecinito, de otra vez en que me acosté sin cepillarme los dientes o de la vez que le dije a mamá que no iba a ir a misa porque me dolía el estómago. No me dolía el estómago, es que el padre hablaba mucho.

No sé qué más decir por ahora, quizás vuelva más tarde.

 

2 de abril

Hoy fue un buen día. Tuve una media hora de total claridad. Rectificando: hubiera sido un buen día si no me hubiera acordado de que Nicolás me dejó acá a propósito. Primero me dijo que teníamos que ir a la capital porque ahí era donde estaban los mejores doctores. Luego todo ese largo trayecto, y los médicos, y los exámenes. Y luego de varios días de ir y venir, me trajo aquí y me lo explicó todo. Que me tenía que quedar aquí, que me iban a atender bien, que vendría a visitarme la prima no sé quién, que la tía estaría pendiente de mí. Puras tonterías.

No soporto ni a la prima ni a la tía.

 

8 de abril

Me pregunto si tendrán mermelada de guayaba. Es la que más me gusta. Hoy vino el doctor, un hombre medio entrado en años, con menos pelos que más y a quien por su cintura se le notaba que tenía un buen diente. Me dijo que tenía una enfermedad que empezaba con A, pero claro que ahora ni me acuerdo cómo es que se llama, es un nombre rarísimo. Bueno, no importa. La cosa es que dice que mi mente se está apagando y que pronto no recordaré nada de nada. Me lo dijo más finamente pero en resumen, eso.

La vida pasa en un santiamén. Sí me acuerdo de la primera vez que fuimos y de la gozadera del viaje. Qué bien la pasamos. Y eso es todo lo que queda. Recuerdos. Mientras yo pueda recordarme, todo lo que ya viví seguirá existiendo. No pertenecerá al pasado.

Y luego ella. Y las tinieblas. Y la guerra.

 

18 de abril

Está claro que me voy a quedar aquí.

Me acuerdo del viaje. El trayecto fue largo y luego llegamos a la capital y qué bulla, compadre. Cuánta gente y qué calor.

Nicolás me había dicho que sólo era para que los médicos me vieran. Yo ya había quedado con los muchachos de ir a la placita a beber cervezas y luego a casa de Mon a jugar. A ellos no les gustó mucho la idea del viaje. Pero bueno, era la ida por la vuelta. Supuestamente.

Reloj, detén tu camino…

Daría lo que fuera por acordarme de su rostro.

 

19 de abril

Cosas que no me gustan:

La hipocresía, el color amarillo, la limonada (muy ácida), acostarme muy tarde, levantarme muy tarde, el reguetón (¿qué clase de música es esa?), los espaguetis blancos, la comida sin sal, los huracanes, los funerales, las despedidas…

Antes de que se termine de escapar de mi mente, algo que me gusta mucho y se me olvidó poner es: la música de Los Panchos.

 

20 de abril

Las lagunas se van convirtiendo en océanos.

Recuerdo que me besó antes de marcharse y luego salió por la puerta sin decir más nada. Había notado cómo se miraban, una sonrisa por ahí, otra por allá. Ellos pensaban que yo no me daba cuenta y yo, me hice el loco.

Espero que la comida de hoy no sea sancocho. No me gusta.

En una la vi salir de la habitación de él. Tampoco se dieron cuenta y otra vez me hice el loco. Me hice el loco porque… no sabía a quién de los dos quería más o a quién de los dos odiaba más. Y todavía no logro acordarme de su cara.

Desde hace un tiempo ya no cuento los días porque tengo un lío en la cabeza. Desde hace un tiempo me ha cogido con sentarme debajo de la mata en el patio; me siento bien ahí, calmado, y me da la sensación de que lo he hecho muchas veces ya.

Un día ella volvió y vi en sus ojos que era para quedarse. Luego volvió a irse y no la vi más. Creo que murió o desapareció entre los muertos. O me convencí de que se había ido y me había dejado otra vez. Sí, debe ser eso.

 

22 de abril

Las lagunas se han convertido en océanos.

Ahora sí que estoy jodido.

Michelle Guzmán
Últimas entradas de Michelle Guzmán (ver todo)

¡Compártelo en tus redes!
Recibe 2020 con 20% de descuento en corrección de textos y corrección de estilo