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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Aviso oportuno

viernes 24 de febrero de 2017
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Como todos los días desde que vivimos juntos, llegué a casa a las siete de la noche. La luz roja de la contestadora parpadeaba: “Amor, llegaré tarde, la junta se alargó, ya sabes, presupuesto. No me esperes a cenar. No te preocupes, si necesito algo te llamo. Te amo”. Quise confiar en que me llamaba desde la oficina y no desde un restaurante donde esas juntas se prolongaban por horas después del trabajo, pero no había forma de saberlo, el teléfono no tiene identificador de llamadas. Caminé hacia la cocina para alimentar a Manu y Lía. No había comida así que tuve que prepararme algo de cenar, se me ocurrió llenar la olla y cocer unos espaguetis. “¿Cómo se le ocurrió irse sin dejar algo preparado para cenar?”, estaba cansado y hambriento y aun con eso debía preparar mi cena. Se había hecho una insoportable costumbre en N. El teléfono sonó.

—¿Sí?, ¿qué pasó?

—Vaya, pensé que no te iba a encontrar. Te marqué hace una hora y tuve que dejarte un mensaje. Era urgente, ¿no lo escuchaste?

—Sí, pero acabo de llegar —traté de reconocer la voz de N., sonaba muy ansiosa.

Pues el asunto está así. Vi tu anuncio en el periódico y la verdad es que no me había animado a llamarle a un extraño.  

—Qué bueno encontrarte. Fue un día muy difícil, ¿sabes? Encontré una carta de Paul el viernes, decía que vendría hoy. Tenía que verlo en el aeropuerto, su avión llegaría a las cinco, yo estaba allí desde las tres porque nunca me gusta llegar tarde a ningún lugar. Nos conocimos en un bar de Dublín hace más de dos años. Me gustaría decirte por qué yo estaba ese día en el Dockers, pero no lo recuerdo, creo que fui a recoger a Milla o…, no me acuerdo. Él estaba con Dave, Larry y Adam quienes, por cierto, no me simpatizan del todo. Paul y yo hablamos mucho tiempo, nos fuimos a su departamento y ya sabes. Estuvimos así un par de meses hasta que tuve que regresar. Fue lo mejor de ese viaje. Hace medio año viajé a Irlanda porque lo extrañaba muchísimo. ¿Alguna vez has extraño tanto a alguien que crees que enloquecerás? Pues eso sucedió, tenía que verlo. Él no podía viajar porque su esposa anda metida en proyectos, negocios no sé de qué tipo y él le ayuda, ¿te dije que es casado? Bueno, ese es su defecto. Estuve sólo un par de noches en la ciudad. Memoricé cada parte de su cuerpo porque sabía que no nos veríamos en mucho tiempo. Guardé cada particularidad de su piel, el color y cómo huele después de haber hecho el amor. La primera vez que vino fue hace un año, cosas de trabajo, y se quedó en casa. Es un tipo adorable, deberías conocerlo; es guapo, inteligente, amable. En fin. Llegó. Pero estaba con ellos, sus amigos a quienes tampoco simpatizo, ¿ya te lo había dicho, no? Nos soportamos por Paul pero es desgastante ser hipócrita. Hicimos el amor, pero todo salió mal, le llamaron sus amigos y tuvo que irse sin darme una explicación. Tengo miedo de que no volvamos a vernos y que él nunca me ame. La última vez trajo vino y preparé pasta…

En ese momento recordé que los espaguetis estaban en la estufa, quizá deshaciéndose.

—Me disculpas un momento, estaba cocinando antes de recibir tu llamada, dejé algo en la estufa y temo que…

—Ya veo. Hay cosas más urgentes. Pues el asunto está así. Vi tu anuncio en el periódico y la verdad es que no me había animado a llamarle a un extraño, pero el anuncio es tan sugerente, y lo de Paul me hizo sentir…

—¿Cuál anuncio?, ¿de qué me hablas?, ¿quién eres?

—“Llámame cuando tengas algo que decir pero nadie a quien contarlo. Anonimato y seriedad absoluta”. Eso dice el anuncio que pusiste en el periódico —hubo un silencio prolongado—. Creo que me equivoqué de número. Lo lamento.

Me quedé un momento con el auricular en la mano ya sin la voz ansiosa, esperando el final de la historia.

Desconcertado me dirigí al teléfono. Un 2 parpadeaba. Pulsé el botón. Se reprodujo el mensaje de N. y luego: “Vi tu anuncio. Me urge hablar contigo. Te marco al rato”.

Valeria Robles
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