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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

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jueves 19 de octubre de 2017

Está de rodillas frente al árbol. Dicen los viejos que es el más antiguo, pero no lo parece: sus hojas se mantienen vivas en cualquier estación. No vayas, le dijeron a Elena. Pero a la mañana siguiente, con el cabello trenzado y envuelta en una manta, caminó más de tres horas hasta el cinturón boscoso que separa a su aldea de otras.

Vivió sola desde niña en un pequeño cuarto. Los señores Colmenar habitaban la casa cercana. Le dijeron que era huérfana: mintieron, ellos eran sus padres. Le enseñaron lo básico, no tuvieron tiempo para más: sembrar, cocinar, conseguir leña.

Sólo cuando la pequeña revuelta fue extinguida llegó al lugar un grupo de pobladores para bajar los cuerpos y enterrarlos.

Ha sacado su historia de entre las palabras de los vecinos, quienes, se han mantenido con prudencia alejados de ella. Por ser nieta, hija, de rebeldes.

Elena deshace la trenza y cierra los ojos. Dibuja en su mente los rostros de su familia, son difusos. Permanece quieta, sin permitir que le distraigan los leves sonidos del paraje; presiona a su mente para que pueda reconstruir, o inventar, los hechos que desconoce. Supone que a unos pasos de donde está ella ahora debió estar el grupo armado que obligó a los ancianos a presenciar las ejecuciones. Aprieta los párpados, inclina el cuerpo. Frente al árbol debieron estar sus padres y abuelo. Su madre fue la primera, después su padre. Antes de ser elevado, su abuelo gritó con la soga enredada: “Maldito pueblo de cobardes”.

Sólo cuando la pequeña revuelta fue extinguida llegó al lugar un grupo de pobladores para bajar los cuerpos y enterrarlos. Las cuerdas estaban deshabitadas, moviéndose, bajo el dominio del aire.

Baja despacio la frente hasta tocar la tierra. Su respiración adelgaza, los órganos se adormecen. ¿Dónde están sus cuerpos?, se pregunta con una voz que humedece al polvo; la duda envuelve su piel, se esparce entre los cabellos como una fragancia desconocida. Después de un marcado silencio, nace un eco detrás de otro en el vacío. Elena tiembla, inhala con fuerza, entre repetidos intentos por levantar la cabeza: algo se lo impide. Su pelo crece deprisa, avanza sobre la tierra entre las hojas secas, se pega a la corteza y rodea al árbol hasta abrazarlo. Los sonidos se unen, crecen como murmullos. Ella intenta darles significado en medio de la parálisis, pero éstos maduran de golpe en un grito que desgarra sus oídos. Un grito que gira entre el viento y se va, como puño, a golpear las ramas.

Marina González Cornejo

Marina González Cornejo

Escritora mexicana (Ciudad de México, 1967). Estudió diseño gráfico en la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam). Textos suyos han aparecido en las revistas electrónicas A Buen Puerto y Sinfín.
Marina González Cornejo

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