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Dos cuentos breves de Blanca Caballero Pacheco

jueves 14 de junio de 2018
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Hilos concéntricos, negros y grasientos

Mis pupilas están fijas e inmóviles, amarradas a una tela de araña grasienta y negra que se encuentra en la pared blanca del cuarto. Miro con detenimiento cómo la mosca cae, y la pericia de la araña para llegar a ella, envolverla cuidadosamente para luego darse el gran festín. A lo lejos sólo se ve una mancha negra e inocente. Conozco cada hilo de la tela de araña, cada vuelta concéntrica que la forma, conozco y puedo con los ojos cerrados dibujarla en el aire, de tantas veces que la he visto. Por las mañanas, cuando me levanto, mi vista se dirige a ella con temor, comprobando tranquilo que no se ha ido; cuando por las noches me acuesto, vuelvo a mirarla, repasando lentamente toda su forma. Imagino mi travesía por ella, visualizo los obstáculos que se me oponen. Me interno en su laberinto y salgo airoso de ella. No hay sustancia viscosa que me ate, no hay araña que se me acerque, no tengo miedo para recorrerla, ni pánico para traspasarla.

 

Lectura para una tarde apacible

Me releo y me muero de aburrimiento, esas frases o palabras escritas, las mismas que están en el aire o que están en mi pensamiento, que leí un día por descuido almacenándolas sin darme cuenta. Pensamiento plano, flotando encima de mí, perpendicular y oneroso; estoy temerosa de que colapse y me caiga encima. Perspectiva de convertirme en polvo, sencillamente, sin truco y sin laureles. Hastío de tardes grises, calladas, pero así es mejor, no hay bochorno por las oraciones insípidas y estúpidas. Cansancio hasta el infinito sin salida. Mecanismo de defensa: comenzar a olvidarse, primero las palabras, de ellas los sustantivos que designan los lugares o a las personas; me aferro a los verbos con pánico. Si se pierden, ¿cómo puedo comer, dormir o beber? No tengo estrategia ni táctica elaborada para situaciones complejas como esta.

¿Qué es mejor, estar callada o dejar que las palabras salgan a borbotones? No sé, el tedio me envuelve con ganas sin intenciones de soltarme. No puedo controlar mis dedos, ellos marcan con compás caribeño las teclas de la máquina que he tratado de esconder. No hay solución. Sigo aburriéndome hasta la muerte con mis palabras insulsas y vacías.

Blanca Caballero Pacheco
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