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Dos textos de Blanca Caballero Pacheco

jueves 26 de julio de 2018

Ademán prolongado

Un decir adiós perpetuo, ademán simple que persiste, hoy fue un amigo que se ha ido, despedida sin saber si hay retorno, un adiós que interrumpe tu camino, que te deja un vacío sin frontera. Otros adioses más profundos, donde sabes que nunca habrá un encuentro, despedida apretada que le dices adiós a uno mismo, donde mueres en cientos de segundos, donde un poco de ti se ha ido lejos y no encuentras jamás tu misma imagen, porque se han ido tus comienzos.

Un adiós al suelo que conoces, que ha sido siempre tu sustento, un adiós a todos los que recoges, a tu casa, tus libros, tus amigos, a tus sueños de niño que te dieron tu forma de ser y tus tesoros.

Somos solamente mendigos de amores perdidos y escondidos que vamos por las calles sin un rumbo, buscando frenéticos los vacíos que dejaron los adioses de los nuestros.

 

Cacería

Me detengo enfrente al espejo y comienzo lentamente a escudriñar la imagen que devuelve; esa que está ahí, no la conozco, tiene ojos de fiera y melena de león. Sacudo mis cabellos con energía, dejando que se expandan por mi piel y camino rozando apenas la corteza de la tierra. Mis ojos pueden captar el más tenue rayo dispersado, mis oídos el ruido silencioso de los duendes; distingo los olores a gran distancia. Me froto sutilmente contra la hierba húmeda del rocío y mi cuerpo se impregna de aromas matinales. Estoy al acecho; vigilando la presa que se evade. Tomo la copa que me alcanzas, la llevo a mis labios con ojos tan brillantes que en la oscuridad en que nos hallamos, puedes sentir las chispas que desprenden y alumbrar con ellas el espacio. Apuro en un trago el elixir de la vida, me transformo en animal acorralado. Tiemblan los músculos, tiemblan mis labios, sube la sangre cadenciosa. El aire se agolpa en los pulmones, aprisionando mis sentidos hasta el límite, acompañado del deseo reprimido; salto, grito y lloro; las culpas, los anhelos, y las pasiones. Me acerco con cautela a tu regazo, coloco suavemente mis manos en tu frente, así llego, despacio, con ansias a la entrega.

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