“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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La corporación de los espejos

jueves 25 de octubre de 2018

Tomando en cuenta los pormenores que las drogas suscitan, cualquier trabajo que permita tener techo, ropa, baño y mantener la economía de un vicio: es bueno. Excelente de hecho. Así sea el de reflejo. ¿Qué más da? Algunos tienen el talento de mimetizarse y otros lo hacemos por dinero, pero de alguna manera todos somos buenos en ello. El vulgo lo reniega. Nosotros nos aceptamos como se acepta la necesidad de agua, excreción, cigarrillos, etcétera. ¿Cómo llegué aquí? Es una pregunta que carece de total sentido, pues este trabajo es como un sueño, como un orgasmo quizá o los efectos de la cocaína; sólo de un momento a otro estás contratado y como la paga depende del talento, te esmeras en entrenar y ser cada vez más idéntico al ser humano que pueda costearte. No necesitas portar un papel con tus actitudes, ni llamar algún ente, tener buena conducta fuera del trabajo o postularte. Sólo se obtiene. Es como nacer; la similitud no puedo negarla. El contrato no tiene un tiempo de vigencia establecido, puedes sólo experimentar y retirarte (aunque no conozco a nadie que lo hiciera).

Las jornadas consisten en lo siguiente: la imitación fiel y perenne del cliente en todos y cada uno de sus actos.

Al ingresar al empleo todo novato aún conserva su cabello y pestañas, sus ropas y muchas de sus características. Son aún personalidades aparte de sus clientes, y como éstos suelen ser permisivos al principio, les contratan psicólogos y asesorías farmacológicas psiquiátricas hasta que pierdan todo vestigio de la personalidad que les quede. Claro que estas grandes regalías al trabajador dependen del nivel económico del patrón. El doctor Fritz cuenta que en el pasado hasta las propiedades individuales de las mentes (como el pensamiento) eran purgadas de los trabajadores… en la actualidad por cuestiones del sindicato (pequeños triunfos revolucionarios) nos motivan a conservar nuestros recuerdos y nombres (claro está que aceptando sólo ante nuestros clientes el nombre de reflejos).

Las jornadas consisten en lo siguiente: la imitación fiel y perenne del cliente en todos y cada uno de sus actos. En cada uno de los casos. En cada momento. Si hace algún gesto, si se rasca la cabeza, si se peina o se afeita, si mata una mosca, si se masturba, si tiene sexo, todo se imita (algunos contratos con el sexo son excesivo delicados, sólo se puede si dos condiciones existen: la primera, que la participante o el participante que no es nuestro jefe debe tener un reflejo de la misma compañía con el fin de evitar enfermedades de transmisión sexual. O en segundo caso, si nuestro jefe desea vernos imitarle sin la dama o caballero como pareja, cosa que sucede la mayoría de las veces). Incluso sabemos de empleados que siguieron su labor a pesar del crimen que cometían sus patrones. Robos de banco, asesinatos, peleas callejeras… Éstos fueron juzgados y liberados con rapidez por ausencia de víctima, hasta el momento no habían coincidido disputas entre clientes. Algunas cosas requieren de práctica y dominio, verbigracia: si va al baño se debe ir con él, si come, lo mismo, si se viste de tal y tal manera debemos vestir idénticos. Imitar la cojera de su pata con un bastón o algún sustituto, las manías, las expresiones del rostro, los enamoramientos, los ataques al corazón, la fiebre, las convulsiones, la peritonitis, lo paralítico… Al principio adaptarse a estos ritmos es todo un desastre, pero con los años se consigue tal sincronía que hasta con los ojos cerrados se puede ser el otro. A esto le llamamos maestría. En algunas ocasiones ciertos empleados llegaron a ser confundidos con sus contratistas. Nunca en condiciones desfavorables.

Philip Fernán es conocido por crear esta corporación, creó la necesidad y los medios de satisfacerla. Le llamaban el Freud… De nuestra paga, apenas nos es debitado un 5% de las ganancias netas por años, además nos dota de seguro de vida y enfermedad. Ayudas legales y todo lo referente a utilería. Es el magnate de la época, se dice que él inicio todo esto imitando en las calles la conducta de las estatuas, y un día pensó: ¿qué sucedería si llevo esto al máximo?

Todo es mudo, no tenemos permitidos los sonidos en nuestro trabajo, mas no somos mimos. Los acabamos. Aunque hoy día ya existen muchas ramas de labor en estos tiempos tan diversos. Están los más avanzados que sólo trabajan por breves cantidades de horas, éstos no tienen uñas, cejas, pestañas, ombligo, pezones o ningún tipo de cabello. En menos de tres minutos están transformados con utilería en una copia idéntica del cliente sin importar la altura o contextura de los mismos. La verdad que estos trabajos guardan acuerdos de confidencialidad, pero todos sabemos que son para fetiches extraños y complacencias de ancianas y viudas, drogadictos que con una simple foto de un famoso pueden obtener por horas una copia viva del objeto deseado. Pero esto es un secreto a voces… El mismo dueño de la empresa encarga a sus mejores trabajadores sustituirlo en reuniones a las que no desea asistir, visitar a su madre, las visitas al médico y mantener relaciones maritales con sus esposas.

Otros contratos para los de clasificaciones más bajas nos pagan por posar como esculturas en las casas de las clases más altas, por dejarnos pintar el cuerpo o para modelar las piezas de algún diseñador famoso imitando a sus modelos. Pero esto no es nuestro servicio general, pues para hacerlo cumpliendo el basamento legal debemos apenas ejercer de reflejos a cosas o personas. Ustedes pensarán en la locura de este hecho, pero en nuestras calles ya todos tienen un reflejo, todos son dos. Hasta los animales. Es fácil costearlo; incluso los bancos generan crédito para esto, créditos para dos autos idénticos, dos casas idénticas, prendas iguales, etcétera. Incluso en las elecciones pasadas el gobierno consideró sumar dinero en el presupuesto público del Estado satisfaciendo esta nueva necesidad en los estratos más pobres y orfanatos. Incluso, algunos oficiales en las cárceles pagan nuestros servicios (los convictos, también). Nosotros los trabajadores los acompañamos a las escuelas, universidades, a sus casas, trabajos, centros comerciales, de viaje, a la piscina, al parque, de pesca, cacería, saltos de paracaídas, tiro al blanco y toda actividad que pueda hacer algún hombre y pueda ser imitada. Las celebridades ya tienen los suyos personales y algunos de nosotros hasta en los conciertos hemos aparecido en la tarima con nuestros jefes, en el público, en las colas, en la iglesia junto al párroco, en la cama por la noche, el desayuno, los malos ratos, las operaciones, las peleas maritales, conduciendo, en los vuelos. Hace unos meses se inauguró por iniciativa de los inversores el reflejo en las competencias deportivas, juegos olímpicos y competencias de distintos artes. Esto generó nuevas variables del fútbol, el beisbol, el basquetbol, la esgrima, el golf y el tenis, en estos son únicos —reflejos— ya que la cantidad de personas y la sincronía lograda por nuestros expertos es increíble. Joaquín, el mejor de la compañía, consiguió ganar 34 medallas olímpicas en diversas disciplinas imitando (y empatando) a los mejores en las categorías olímpicas. El único lugar donde no estamos son las guerras. Es una curiosidad notar que no se ha suscitado ninguna en años. Todos están satisfechos.

He decidido invertir mis ahorros en fundar una corporación de espejos. Creo que nos hará mucho bien y serán más efectivos.

Hasta el Papa tiene un reflejo. Los científicos y filósofos investigan la consecuencia de nuestra existencia como oficio, pero ninguna conclusión enorme puede derivar de ello, pues ellos mismos poseen un doble que hace de reflejo incluso en pensamiento. Somos apátridas, no tenemos lugar fijo, pertenecemos al mundo, a cada país o persona que pueda pagar por nosotros, nuestras leyes son otras. Algunos dictadores y narcos lucen por lo menos cien reflejos de sí mismos al mismo tiempo para pasear en sus dominios. Nadie nos agrede u ofende, los hombres comprendieron que somos inofensivos y la ONU inflige castigos a quien ose tocar nuestro oficio. Pues sus miembros poseen nuestros servicios…

¿Y lo malo? Ya lo habrán notado, todos somos drogadictos, la mayoría ha consumido en algún trabajo cocaína, dediles de la misma por el ano, la vagina, oídos. También heroína en inyecciones, crack, marihuana, LSD, y cualquier sustancia que se deba para cumplir nuestra labor a la perfección. Hasta inhalar pega si se debe. Las clínicas de rehabilitación están plagadas de trabajadores que Philip calla con regalías. En los periodos de vacaciones, a veces contratamos alguno de nuestros amigos para que nos haga compañía, y en ocasiones, por la confusión, nos imitamos mutuamente por años. Yo por suerte hoy estoy jubilado, sólo me drogo como de costumbre y no pago el servicio de mis ex compañeros. He decidido invertir mis ahorros en fundar una corporación de espejos. Creo que nos hará mucho bien y serán más efectivos, quizá incluso lleguen a sustituirnos, pero nada es seguro. Las variables y la costumbre de nuestro trabajo ya son imparables. Un reflejo de nuestras sociedades.

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