XXXV Premio Internacional de Poesa FUNDACIN LOEWE 2022

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Acuática

sábado 29 de febrero de 2020

La bikini azul cuelga de la pata de la cama y deja un charco de agua con cloro sobre el piso de madera. Lila, con las piernas separadas, respira adormecida por el calor asfixiante. Su cuerpo ha cambiado desde que la empujaron a la pileta. Fue a principios del verano. Estaba en el borde, la punta de sus pies flotando sobre el agua. El sol le daba en la nuca. Escuchaba la discusión de sus tíos como música de fondo. Su tía se puso de pie y el tono de su voz se volvió más agudo. Lila levantó la vista. En ese momento, su primo Lautaro pasó por detrás y apoyó una mano caliente y pegajosa sobre su espalda. La empujó con la fuerza torpe y apresurada de un chico de doce años. Lila cayó como un bloque de cemento. Todo su cuerpo golpeó el agua al mismo tiempo. Los pies, los muslos, el abdomen, los pechos, la frente. Las palmas de las manos intentaron, en un acto reflejo, detener la caída, pero se hundieron con el resto del cuerpo. Fue ese golpe seco de agua fría lo que le alteró el sistema.

Se ha sentado en el fondo de la pileta a esperar a que se le vaya todo lo acuático del cuerpo.

Sus ojos cambiaron de azules a marrones barro. Sus pies se volvieron resbaladizos como si estuviera caminando sobre musgo. Sus costillas empezaron a abrirse en busca de aire y en los días de lluvia su boca comenzó a lanzar burbujas. Su novio, entre sorprendido y asqueado, rompió con ella. Cada vez que le quitaba la ropa se quedaba mirándole las costillas, el movimiento rítmico de su respiración. Su caja torácica se hinchaba como un globo y sus costillas se deslizaban, flexibles, bajo su piel. No se atrevía a tocarla. Se quedaba allí de pie mirándola como si fuera algo imposible de entender.

A veces, ella también se siente extraña, pero se está acostumbrando. Ya no usa ojotas para no resbalarse y cuando llueve se apresura a apretar los labios. Siente cómo las burbujas se le acumulan en el estómago y se remueven molestas. En otro momento, hubiera pensado que eran mariposas, pero ya no cree en el amor. No está segura de que alguien vaya a volver a amarla. Eso la pone un poco triste, pero sabe que no puede hacer nada. Ya ha intentado revertir el efecto. Se ha lanzado al agua como una tabla de madera un centenar de veces. Ha probado en otras piletas. Ha tomado agua con cloro. Se ha sentado en el fondo de la pileta a esperar a que se le vaya todo lo acuático del cuerpo, pero no ha habido ningún cambio. Ya ha asumido que se va a quedar sola, viviendo en la casa de sus tíos mientras los escucha discutir. Pero al menos se ha encargado de su primo Lautaro.

Se lo ha llevado a pasear a lo profundo de la pileta y lo ha sentado en el fondo. Le da dicho que deje escapar todas las burbujas y que espere, que ella ya regresa. Lila ha salido del agua y ha entrado en la casa. Ha colgado la bikini azul en la pata de la cama y se ha acostado. Desde principios del verano que el calor excesivo la adormece.

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