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Tres textos breves de Douglas Bohórquez

sábado 1 de agosto de 2020
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Rapsodia para Lezama Lima

Esta tarde cuando caminaba por la Isla vi a Lezama. Fue como una repentina iluminación. Cuando giré para hablarle ya no estaba. Desde su escapadizo rostro vislumbré a Narciso. Recordé sus palabras: “Narciso, Narciso. Las astas del ciervo asesinado / son peces, son llamas, son flautas, son dedos / mordisqueados”. Entonces supe una vez más que amó obsesivamente la belleza hasta verle sangrar la perfección de la “lengua alfilereada”. Amó también la Isla y su increíble tornasol de rojo tiburón nocturno. Hasta lo más hondo descendía para hablar de su giratorio deseo de la madre. “Deseoso es aquel que huye de su madre”. Dánae otra vez lo interrumpía “entre labios y vuelos desligados”. Todo es siempre nacimiento y luz, solía decir. Resurrección. Ahora otra vez recordaba a la madre, la comunión y la casa como extraños viandantes cotidianos poseídos por el misterio del paisaje. Entre ellos vivía. Puro trópico enredado en su deseo. Desde el sueño visitaba a carámbanos, caracoles, lebreles. Con dificultad respiratoria recorría la Isla. Allí lo vi aquella tarde, fugazmente. Luego supe que le habló al doctor Angélico para proponerle ser ilustre guía de las ballenas que van a morir a la costa entre antílopes y serpientes “de pasos evaporados”. Pero el doctor le dijo no, prefiero ser el padre de los tristes toronjiles.

Hoy vi de nuevo a Lezama cuando entraba por el zaguán de su casa. ¿A dónde va, Maestro?, le dije. Hacia Dánae voy —respondió—, hacia Narciso.

 

Ñángara

¿Quién era el niño maltratado? ¿Y quién era el que maltrataba al niño?
¿Una persona adulta? Y entonces, ¿qué persona era esta?…
Todas estas interrogantes recibían la misma respuesta: “No sé…, pegaban a un niño”.
Sigmund Freud

Pegan a un niño. No soy yo. Es el niño. Desde aquí se escucha. Lo castigan porque ama furiosamente a su madre. Porque quiere su seno, su piel, su calor, su cuerpo. Porque quiere volver al vientre, a ese lugar imantado por el deseo, donde estaba, bello refugio contra la miseria y el ansia. Por eso chilla. Porque no entienden que tiene hambre y tiene que chillar. Y otra vez lo vuelven a castigar porque ahora habla y dice madre padre perro chulo puto, porque ahora roba lo que no le dieron, porque es pecado no comer como Dios manda, no vestir decentemente, fornicar, desear a la mujer de su vecino, tan bellos sus senos, su piel, su boca, su cuerpo y por eso le dice calladamente tú eres mi obsesión, mi mejor fantasía, no me importa tanto castigo y tanto pecado y tanta policía, no me importa que otra vez me peguen, la cárcel, la insolencia, solamente quiero amarte de nuevo como si fuera el primer día cuando nací otra vez sobre tu seno y recordé que chillaba para que no me dejaran allí tan solo, como si fuera un residuo, un ñángara, un desperdicio el mismo acusado de siempre, el mismo maldito expulsado de todos los días.

 

Litoral

Con alguien que no existe discuto. Siempre discuto sobre la improbable frontera de estos días en la que pocos amigos persisten. Ningún rostro se asoma por el litoral, ningún nombre, ninguna bandera, sólo gestos de un enigmático pasajero apoyándose en su pequeño paraguas. De pronto algo gira en la mañana como un iluminado mástil invisible que golpea sobre la nostalgia y me convierte en un extraño sobreviviente de la vigilia. ¿Avanzo? No sé si avanzo entre mis antepasados o toco la luz de los maravedíes. No sé si despierto o regreso. A veces amanece lluvia sobre las tapias. Entonces este viaje este recuerdo de barco encallado en su salitre es nube es viento es sólo aire de playa entre girasoles.

Douglas Bohórquez
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