Angélica González-Gopar y yo hemos coincidido varias veces: en TVE en Canarias en nuestra época de becarias, en varios periódicos que no nombro porque no lo merecen, y dirigiendo sendos proyectos dirigidos a mujeres en vulnerabilidad social, ella desde una ONG, y yo desde un organismo público local. Era una buena y sagaz periodista. Y cuando decidió dedicarse a la ficción, me pareció una voz nueva, con talento y originalidad. De verdad, creo que podría aportar mucho a la narrativa española actual. Me gusta este relato, aunque ella sabe que no es de mis preferidos, porque me ahogo al leerlo. Creo que supo transmitir ese "estado de urgencia" que azuzaba al protagonista, la premura por salir de la monotonía y de una vida insuficiente.

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