Al nuevo y al viejo lector
Llegose el tiempo de las Carnestolendas...
(“La vida y hechos de Estebanillo González”, Anónimo)
Estos son los hitos en la vida del gran Góngora, según un primo lejano de Quevedo (creo que vivía en Padrón). Les ruego que se olviden de todo lo que han leído hasta ahora.
Año 1568: Góngora planea ocultarse disfrazado de Catulo pero es descubierto por su último editor. A finales de otoño sufre un ataque de pánico en un simposium de mitología nudista.
Año 1569: Detención de Góngora tras prepararle una emboscada a su profesor de erudición. Se desbarata en el pasillo la más que probable conferencia sobre simbología acidalia.
Año 1570: Disuelven la facultad tras una pedorreta de Quevedo. Góngora intenta apaciguar los ánimos con un harpa pero tiene que ser rescatado al poco tras enredarse en ella. Inicio del proceso de gongorización.
Año 1571: Disertación de Góngora sobre los primeros pobladores del monte Helicón. Quevedo consigue huir a Argamasilla de Alba con lo puesto.
Año 1572: Góngora enamorado de Psique. Su confusión es grande. Ella se muestra fría y distante como una estatua. Seguramente lo es.
Año 1573: Acaba la disertación de Góngora sobre los primeros pobladores del monte Helicón. La facultad declara formalmente ese día fiesta nacional con el beneplácito unánime de las autoridades del Estado.
Año 1574: Góngora consigue el aplauso de su decano a su obra “A mí, Júpiter”. Poco después intenta su admisión disfrazado de vestal en la Academia romana de supercherías clásicas pero es rechazado. Al parecer, no les está permitido afeitarse.
Año 1603: Tras las malas críticas recibidas por su última composición Góngora entra en un estado cataléptico del que sólo regresa tras un par de bofetadas de su editor. Fin del proceso de gongorización.
Año 1604: Góngora se suicida. Posteriormente decide jugar una partida de cartas. Esa misma noche es acusado de llevar 112 cartas bajo los gregüescos. Él lo niega. Se comprueba que Góngora no miente, resultan ser 112 sonetos. Sin embargo es expulsado de la partida a perpetuidad tan pronto como se dispone a leerlos.
Año 1627: Quevedo gana el certamen internacional rítmico de Barbaridades y el derecho a recibir una monumental peineta por parte de los miembros del jurado. Muere Góngora entre estertores ininteligibles al enterarse del asunto. Acusan formalmente del asesinato a su asesor de etrusco, un primo de Quevedo.
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En opinión de un distinguido sociólogo de la prestigiosa cátedra barroca de la Universidad de Salamanca reflejado en un informe denominado “Argh” (expresión pronunciada por el rector justo al acabar su lectura), asistimos a un momento crítico de la historia humana. Se atreve el buen hombre en pleno siglo XVII a señalar un gran número de cambios traumáticos que se materializarán en pleno siglo XXI. A saber: los ríos cristalinos serán transformados, si nadie lo remedia, en simples abrevaderos, la gente se dará los buenos días a través de un mecanismo alojado en los glúteos, el civismo será sustituido por la moderna licantropía, los perros aprenderán a llevar a sus amos de la correa e, irremediablemente, le encontrarán el gusto, la zanahoria no colgará del palo sino el palo de la zanahoria, el lanzamiento de jabalina será suplantado por el de reloj de pared, las gilipolleces sustituirán a los árboles, los clásicos serán censurados y engrosarán las redes de contrabando intelectual, las hogazas serán un artículo de lujo y los collares de longanizas adornarán los escaparates de las joyerías, el césped, antaño patrimonio de la clase media, será en todas partes el menú del día (aviso: no habrá segundo plato), las preguntas incómodas serán requisadas y también las camisetas cómodas y la libertad de expresión no será expresión de la libertad, la verdad será más escasa que los diamantes y además no la comprará nadie, ni siquiera los ricos, las buenas ideas serán objeto de papiroflexia, los caramelos se olfatearán y los perfumes se chuparán, las gafas se llevarán en el cogote, los suegros serán los mejores amigos, las regalices se masticarán en régimen de condominio, habrá ciudades en Marte y antros de mala muerte, los cauces se secarán y las marmotas desarrollarán insomnio y malos hábitos, las bebidas espirituosas se servirán con gárgaras, el Imperio romano (esta vez de cartón piedra) volverá a constituirse por espacio de tres años (finalmente será destruido por una ligera brisa), los mejores empleos serán hallados gracias a la radiestesia, se descubrirá que la Osa Menor está pintada a mano, la moneda será sustituida por la avaricia virtual, las barbas serán reversibles y las ideologías también, habrá más gamberros y borregos que nunca, o sea, habrá lana para rato, los peluquines llevarán raíces (pero no ideas), los caimanes desarrollarán modales y las mofetas olfato (de todos modos no se fíen), las coles de Bruselas adquirirán la nacionalidad luxemburguesa, ya no habrá aplausos en los desfiles sino controvertidos cantos tiroleses, serán posibles las conversaciones telepáticas incluso en las reuniones de vecinos, se descubrirán las ruinas de una pequeña mesa de billar en Marte (una misión comprobará si todavía funciona), el precio del aire se pondrá por las nubes, las viviendas no serán más grandes que los ataúdes y las relaciones no más largas que los epitafios, la soberbia será consumida en toneles y la humildad en vasos, los zánganos se rebelarán y arrancarán a la abeja reina la promesa del parlamentarismo (luego se echarán una siesta), los asesores bancarios colgarán cintas atrapamoscas en las esquinas, todo se hará a distancia excepto la salsa boloñesa, sobrarán tantos amigos que no nos quedará ni uno, la morra decidirá el sentido de los tratados internacionales, los atriles serán reconvertidos en palillos de dientes, la vanidad tendrá, por fin, su propia calle, los logros científicos serán divulgados mediante libretos operísticos, la crisis económica llegará (casi) a Alfa Centauro y la sociología, como disciplina científica, será engullida por la gastronomía. En conclusión: apañados vamos.
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Un cortesano llamado Lucas trabó cierta amistad con Felipe II en los últimos años de su reinado. He aquí su valioso testimonio recogido en un viejo recorte de diario.
Felipe II es un genio. Muy al contrario de lo que se dice por ciertos mentideros ingleses, su carácter es absolutamente bondadoso y ama las artes como nadie, o eso parece. Tan es así que ha contratado a un músico y hace acompañar todas las decisiones que toma en su despacho con un arpegio. También quiere redactar una ley en rima consonántica. Sólo adquiere un carácter sombrío en el momento en que alguien pretende estornudar; es un fenómeno muy curioso. Ahora, sin embargo, los tiempos han cambiado y de qué manera. Hace unos meses el rey me preguntó por la razón de cierto estornudo. Al parecer estaba firmando una premática. Desde ese momento nuestra amistad se ha ido enfriando. De hecho, en una reunión de cortesanos, noté cierto pellizco en el cogote. Imagino que se trata de un aviso.
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Entre las historias barrocas de Florián de Ocampo se cuenta la siguiente cronología de los reyes godos. Tengo grandes dudas sobre la autoría. Basándome en el estilo (una chapuza), me inclino a pensar más bien en otro cronista como autor de tamaña estupidez: el bufón real.
Año 393: En Hispania todos se lían a tortas. Los alanos vencen a los vándalos, los vándalos a los suevos, los suevos a los alanos. Entonces, para sorpresa de todos, la guerra da un giro de 360 grados: los alanos vencen a los suevos, los suevos a los vándalos y los vándalos a los alanos. Seguidamente un ejército de visigodos que llevaban sin ducharse desde su salida del Danubio exhiben sus axilas y echan a todos los demás, que huyen con el rabo entre las piernas.
Año 394: Es coronado Alarico I, el primer rey godo.
Año 395: Vuelve a ser coronado Alarico I. Al parecer el jefe de protocolo se había hecho un lío con los papeles (la letra goda es como los godos, complicada).
Año 418: Teodorico, un tipo con cara de visigodo, reclama su derecho al trono. Inmediatamente se aferra a él con cuerdas. Otros quince pretendientes intentan desatarlo con ayuda de sus dientes. Finalmente lo echan a suertes: ganará aquél que no reciba un pedrusco. Resultado de la votación: catorce chichones y un mordisco, o sea, unanimidad según el jurista allí presente, un picapleitos barbudo experto en saqueos.
Año 466: El nuevo reinado de Eurico sufre un total de dieciocho golpes de Estado con un total de dieciocho chichones en su cabeza. Finalmente es asesinado por un mal chiste de Teodorico II titulado “Nerón, las hemorroides imperiales y el cirujano chipriota con una copa de más” (por una cuestión de buen gusto no voy a reproducirlo).
Año 510: Convención de pretendientes. Un poco de orden no es mala idea pero tanta barba junta dificulta los debates. Imposible saber quién es quién, menos aún conocer al ganador, así que se recurre al sistema de siempre, a los pedruscos. Gana Amalarico. Es el único que tiene un pedazo de mármol por cabeza.
Año 586: Recaredo, un narizotas, anuncia que renuncia al pillaje. Al ver que nadie se ríe abandona su incipiente carrera de humorista.
Año 621: Al final de su reinado, Sisebuto, otro rey godo, recibe una monumental patada en el trasero. Decide recurrir la decisión, que se resuelve con una nueva patada, en idéntica extremidad. Es lo que pasa cuando contratas a un abogado que todavía estudia la carrera.
Año 710: Espicha un aterrorizado rey Witiza tras descubrir que detrás de su aparatosa pelambrera no había nadie, ni siquiera el tal Witiza.
Año 711: Se agudiza la decadencia del reino visigótico. Rodrigo, el último rey godo, muere asesinado por su propia gallina tras una discusión sobre unos huevos.
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Lope, el genio teatral, tenía unos cuantos enemigos. Algunos de los siguientes grafitis barrocos se atribuyen a... En fin, vaya usted a saber.
Lope apesta, Avellaneda apesta, el imperio apesta, creo que apesto hasta yo. Efectivamente, apesto.
Horror: Lope y su forúnculo de rimas. No hay pomada que valga.
Por favor, que alguien invente los críticos teatrales o los cuñados idiotas.
Lope rodeado de las musas. Ni por esas.
Vienen las Carnestolendas, ¿y qué? Sólo de pensar en Lope se me van las ganas.
¿Andáis estreñidos? Eso es que no vais al teatro últimamente.
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Para los que gustan de las curiosidades ahí va el único fragmento conocido de la zarzuela inacabada atribuida a Calderón de la Barca, “Historia de un croissant y su incierto tránsito intestinal”.
CROISSANT: Oh cruel destinooo. Llegó el almuerzo, el almuerzo de Mariana de Austria.
MARIANA DE AUSTRIA: Fabulosooo panorama, fabulosooo. Qué ambiciosas tostadas, qué henchidos bollos, qué colosales torrijas pondrán fin a mis carencias existenciales. Este croissant, sin ir más lejos, bienvenido seaaa.
CORO DE MANZANAS: Piedad, Mariana, piedad para el croissant.
MARIANA DE AUSTRIA: Ahora mismo te mordisqueo e inundo en el Rihn descafeinado.
CORO DE PERAS: Piedad, Mariana, piedad para el croissant.
MARIANA DE AUSTRIA: Sin embargo, no me resisto a leer antes la prensa, en especial la sección de repostería austríaca y los anuncios de contactos.
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Esta es la nota de prensa publicada en el periódico oficial de la corte de Felipe IV. Es algo así como un noticiario alquímico.
Si el mes pasado nuestro periódico daba la campanada con el experimento electrolítico entre los cátodos de un sándwich de queso y los ánodos de un retrato de Felipe IV, no es menos sorprendente el resultado de los experimentos de los, desde este momento, afamados alquimistas García y Menéndez. La razón es el inesperado fruto de sus ensayos con el cadmio mucolítico, al que ya empezaban a considerar como de la familia o, al menos, como alguien con el peso atómico aproximado de su jefe. La intención de los curtidos García y Menéndez, aparte de aprender solfeo con un xilófono de probetas, era estudiar la posibilidad de sintetizar el cadmio a través de la caleidoscopía elíptica de polímeros semejantes, esto es: transformar cadmio en confitura de boniato. Fue un momento tan épico como el descubrimiento del estaño o el último corte de pelo del conde-duque de Olivares (sí, yo tampoco salgo todavía de mi asombro, parecía un hippie). Gracias a ello han alcanzado por fin la gloria del salario mínimo. Enhorabuena, jóvenes.
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Finis
- Sonetos del amor - viernes 20 de febrero de 2026
- ¿Dónde está el humor? - viernes 23 de enero de 2026
- Tres homenajes - viernes 12 de diciembre de 2025


