Un cuervo viene a verme, se detiene en la banca donde me encuentro sentado en la plaza de la ciudad; me mira con sus azules y profundos ojos.
Aletea fuerte y emite graznidos chirriantes para llamar mi atención, yo lo veo también y mi alma se pierde en la intensidad de su mirada.
Salta de un extremo a otro muy alterado; de pronto vuela hacia la esquina de la plaza, se posa en la banqueta bajo un gran arce rojo, donde yace el cuerpo de un cuervo muerto.
Al lugar comienzan a llegar otros córvidos, algunos descienden en el suelo, otros en las ramas del árbol. Sus sonidos se vuelven ensordecedores, todos contemplan el cadáver inmóvil en el pavimento.
Un ave de ojos castaños y plumaje oscuro se acerca al fallecido; tal vez es su padre, lo inspecciona con el pico, le da vuelta y piensa que lo mató un auto.
Otro cuervo desciende desde una rama del árbol, se posa muy cerca del frío cuerpo del muerto, brinca y brinca de un extremo a otro del occiso, lo vigila muy atento; quizás sea su madre y sospecha que tal vez, en su vuelo, se golpeó contra el árbol y murió.
En ese momento llega al lugar un viejo y polvoriento perro tuerto, con sarna en la piel, cola quebrada y pelo mugroso. Olfatea al ave muerta, lo empuja con su nariz, lo revisa cual médico forense, los cuervos extienden sus alas. Todas las aves enloquecen volando en círculos frenéticos alrededor del perro; chirrían, graznan y emiten diversos sonidos espeluznantes. “¡Él lo mató! ¡Él lo mató! ¡Perro asesino!”, gritan los cuervos en su funeral.
El perro, al escuchar tanto ruido, huye despavorido del lugar por temor a ser atacado.
El cuervo que me ha guiado a presenciar semejante evento se acerca a la tapa de una quebrada botella de vidrio, la cual contiene licor y se encuentra muy cerca del ave muerta. Picotea la tapa de la botella, algo señala.
En ese instante, el cuervo que parecía muerto se incorpora, camina tambaleándose. Intenta volar, pero no lo consigue, aletea un poco, se eleva unos centímetros, cae al piso mareado. Se levanta y camina errático hacia el centro de la calle, revolotea un metro; un auto que viene a gran velocidad ¡lo embiste con el parabrisas!, lanzándolo contra el pavimento. Lo deja totalmente destrozado y empapado de sangre.
Su familia, parientes y amigos saciaron su curiosidad. Rodean al cuerpo despedazado. Graznan y componen un coro con un sonido musical creciente. Elevan el vuelo, abandonan el ave muerta y se retiran del funeral.
- El funeral de los cuervos - jueves 1 de mayo de 2025


