Saltar al contenido

El gerifalte
(esperpento)

jueves 19 de junio de 2025
¡Comparte esto en tus redes sociales!
A Ramón María del Valle-Inclán

Don Casto Mejunje Papanato era un gerifalte de la cabeza a los pies. Su difunta abuela se manifestó en este sentido tras observar cómo su nieto de dieciocho años —ya por entonces le llamaba Don Casto— engullía con inusual porte su plato de alubias con chorizo. Porque en casa de Don Casto Mejunje Papanato las habichuelas eran siempre con chorizo y no como en otras, en que ni siquiera había plata ni lentejas ni Mejunjes. A Don Casto Mejunje Papanato le llevó treinta años y un día llegar a gerifalte, lo mismo que a Alejandro Magno. Por eso, a partir de su ascenso a los laureles del poder absoluto pasó a llamarse Don Casto Alejandro Mejunje Papanato de los Magnos y desde entonces también las alubias pasaron a cocinarse en casa —en la suya, se entiende— con al menos dos chorizos. Cuentan las crónicas que su popularidad llegó a alcanzar niveles colosales. Las repetidas gestas del gerifalte fueron la comidilla de hogares, revistas y semanarios ímprobos. Así, todos terminaron sabiendo de los doce trabajos que Don Casto culminaba con éxito todos los días justo antes del almuerzo, entre ellos la fatigosa lectura de la prensa papanata. Mas hete aquí que a los diez años de cesáreo poder a Don Casto Alejandro Mejunje Papanato etc etc etc empezó a acompañarle la mala suerte, lo cual es sumamente extraño en un gerifalte, sobre todo en los de su talla, aproximadamente la de Julio César con laureles. El primer síntoma de este nuevo ciclo de su dictadura fue la imposibilidad manifiesta de ejecutar al principal líder opositor tras encasquillarse los fusiles del pelotón un total de veintinueve veces. Indignadísimo, se plantó Don Casto en el patio y pidió al condenado, voz en alto, que desapareciera de su vista. Acto seguido, el condenado se volatilizó, lo cual fue atribuido a un prodigio de Don Casto, que pasó a llamarse Don Casto Alejandro Mejunje Papanato de los Magnos y Asombros. Sucesos como este presagiaban que el buen hado de Don Casto había comenzado a torcerse, si bien lo más grave fue la flatulencia excéntrica descompensada que desarrolló, producto de tanta alubia y tanta, tantísima egolatría. Consistía ésta, al parecer, en un exceso de metano concentrado en glúteos y abdomen que le otorgaba cierto honorable parecido a uno de los hermanos Montgolfier, artefacto incluido. Un secretario suyo, gran observador, propuso llamar al gerifalte Don Casto Alejandro Mejunje Papanato de los Magnos y Asombros Montgolfier. No hubo tiempo de debatir la propuesta. Don Casto, el último de los Mejunjes, estalló.

Aarón Andrés
Últimas entradas de Aarón Andrés (ver todo)

¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio