El torero arrepentido
Érase una vez un joven torero que preparaba ilusionado su próxima corrida de toros. Llegó el ansiado día y el muchacho había preparado con esmero hasta el último detalle. Todo debía ser perfecto, nada podía fallar en tan gloriosa tarde.
Comenzó la corrida, las ovaciones y los aplausos se escuchaban por doquier. El torero, henchido, se pavoneaba una y otra vez logrando hacer un auténtico espectáculo de aquella tarde de toros.
En su afán por impresionar al enfebrecido público que clamaba “¡olé!” sin cesar, el vanidoso torero hizo un giro sobre sí mismo. No calculó bien su hazaña y tropezó consigo mismo, cayendo de bruces al lado del toro moribundo.
El toro, con la voz trémula y el aliento entrecortado por el intenso sufrimiento, exclamó:
—¿Te has hecho daño?

Relatos para despertar el corazón dormido
María del Mar Gómez Guerra
Cuentos
Cantabria (España), 2020
ISBN: 978-84-15484-81-3
100 páginas
El torero palideció al escuchar las palabras del pobre animal.
—¿Cómo dices? —preguntó.
La voz del toro, herido de muerte, exclamó nuevamente entre quejidos de agonía.
—¿Te has hecho daño?
El torero, perplejo, murmuró:
—Estoy a punto de matarte, ¿y tú te preocupas por mí?
El toro, sin fuerzas, respondió:
—No comprendo tu afán por quitarme la vida, yo jamás te hice daño alguno. Pero aun así, no soy nadie para juzgarte.
El torero, conmovido por las palabras del pobre animal, lloró amargamente sobre la arena teñida de sangre.
Miró fijamente a los ojos del toro, y exclamó con la voz entrecortada por su propio arrepentimiento.
—Perdóname. Efectivamente tú nunca me hiciste daño, y yo sin embargo he decidido matarte para satisfacer mi ego y enriquecer mi bolsillo.
El toro sonrió agradecido y, con un débil hilo de voz le respondió:
—Estás perdonado. Me siento recompensado al comprobar que también los seres humanos tenéis corazón.
Tras una dura lucha por sobrevivir, el torito logró recuperarse. A partir de entonces vivió con el torero arrepentido, quien fundó una dehesa, para proteger a todos los toritos indefensos de la región.
Moraleja:
Ningún ser que se llame a sí mismo humano tiene derecho a matar a otro ser vivo para lucrarse. Todos los seres vivos tenemos derecho a vivir.
El espejo de la verdad
Érase una vez un espejo cuyo don era reflejar los defectos de cuantas personas se miraban en él.
Un buen día se le acercó un joven que, con la osadía propia de la juventud, le dijo:
—Ya sé que soy perfecto, pero ¿cómo me ves tú?
Su imagen se proyectó nítidamente en el espejo. Su apariencia era aparentemente normal excepto sus ojos, que aparecían enormemente abultados y llenos de manchas negruzcas.
El espejo exclamó:
—Tu mayor defecto es la mentira, es por eso que tu mirada no aparece limpia, sino llena de manchas oscuras. Sigue tu camino, y de ahora en adelante cambia tus mentiras por sinceridad.
A continuación se le acercó una hermosa dama que, presa de su vanidad, le dijo:
—Ya sé que soy perfecta, ¿pero cómo me ves tú?
Su imagen se proyectó de inmediato con total normalidad, excepto su boca que era deforme, y de ella brotaba una enorme lengua viscosa y llena de costras sanguinolentas.
El espejo exclamó:
—Tu mayor defecto es la calumnia y la difamación, por eso tu lengua parece no tener fin. Sigue tu camino, y de ahora en adelante cambia tus comentarios maliciosos por elogios sinceros.
Unos días más tarde se le acercó un caballero de mediana edad y de apariencia cruel.
—Ya sé que soy perfecto —le dijo—. Pero ¿cómo me ves tú?
Su imagen se proyectó de inmediato. Era aparentemente normal excepto su corazón, que parecía una masa de espinas.
—Tu mayor defecto es la maldad que anida en tu corazón, por eso aparece invadido por escajos, símbolo de las heridas que produces a todas aquellas personas que, por un motivo u otro, se han acercado hasta ti. Sigue tu camino y, de ahora en adelante, cambia tu odio por amor.
Pasado un tiempo, llegó hasta él un niño de apariencia humilde.
—Ya sé que no soy perfecto, pero quiero conocer mis defectos para poder subsanarlos —le dijo.
Su imagen se proyectó con una singular belleza digna de un querubín, y rodeado de una deslumbrante luz blanca.
El espejo exclamó:
—Tú, a diferencia de los adultos, no tienes defectos. Tu mayor virtud es la inocencia, por eso tu imagen se refleja perfecta. Sigue tu camino y, pase lo que pase, no permitas que nunca muera el ángel que llevas en tu corazón.
Moraleja:
Todo aquel que se alaba, es el que más defectos tiene. Sólo los niños tienen un alma pura.
La rosa de nácar y oro
Érase una vez una extraña rosa cuya rara belleza era la causa de la admiración de todos aquellos que posaban sus ojos en ella.
Estaba situada en la cima de una montaña. Sus pétalos blancos, salpicados de partículas diminutas de oro, centelleaban con la luz del sol, emanando unos bellísimos destellos.
Un intrépido guerrero, que había quedado prendado de tan singular belleza, decidió llegar hasta la cima de la montaña para apoderarse de ella y así tenerla consigo para siempre.
Emprendió un largo y duro camino. En su largo peregrinar, tuvo que sortear toda clase de dificultades. En primer lugar, se encontró con una manada de lobos hambrientos, con los que tuvo que emprender una lucha encarnizada, de la cual salió victorioso pero lleno de heridas y magulladuras.
Más tarde, tuvo que soportar las inclemencias del tiempo. Soportó inagotables días de calor, y el aire gélido de la noche. Pero nada parecía hacerle desistir de su empeño.
Por fin, un amanecer logró llegar hasta la rosa, se acercó a ella, y en un arrebato de pasión la cortó.
Cuál fue su sorpresa al comprobar que la rosa, apenas sintió el contacto de la mano humana, se desvaneció por completo, quedando reducida a un extraño polvo de nácar y oro, que en alas del viento se dispersó por toda la montaña.
El guerrero, hincado de rodillas en el suelo, lloró amargamente al comprender que no se puede obtener por la fuerza lo que voluntariamente la vida no te ha concedido.
Moraleja:
Por mucho que intentes conseguir algo, cuando no está destinado para ti no tendrás más que obstáculos, y hagas lo que hagas no lo conseguirás jamás.
- Tres cuentos de María del Mar Gómez Guerra
(del libro Relatos para despertar el corazón dormido) - domingo 15 de febrero de 2026



