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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Cinco sonetos mortuorios

miércoles 8 de febrero de 2017
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Para Pilar Muñiz

Soneto XI

Dejó el tiempo malvado en cada rizo
El blanco más mortal y despiadado,
Haciendo su cabello más callado,
Más claro que la nieve y el granizo.

Su rostro, que era joven, vio invernizo,
Su piel halló vencida y derrotado
Un rostro por los años ya cansado,
Que, a fuerza de ser bello, se deshizo.

Sus labios un suspiro sacudieron
Dejándola en el lecho, ya rendida,
Las tardes que por ella transcurrieron.

Así cayó y así acabó su vida:
Sus ojos y sus labios descendieron,
Quedando para el sueño allí dormida.

 

Soneto XII

Heló el viento las fuentes del camino
Que lloran ya su sueño y que, cuajadas,
Recuerdan su alegría alborotadas
En otro tiempo alegre y peregrino.

Heló el viento, con ánimo mezquino,
Las cumbres silenciosas que, nevadas,
Aguardan nuevos meses, y calladas,
El rayo esperan, siempre repentino.

Los reinos alcanzó y los horizontes
El beso de granizo que, no en vano,
La sierra mira alegre, aunque dormida.

Heló el viento la falda de los montes
Los campos que, risueños en verano,
Gimieron al partir de allí la vida.

 

Soneto XIII

Decid del sol que es fuerte su lucero
Para que en él encienda la esperanza,
Como un aliento alegre cuya danza
La luz eleva allí donde la espero.

Mas no digáis que, débil, su platero
Se extingue ya en la vieja lontananza,
Su luz haciendo mísera mudanza
Que niega su color al mundo entero.

Ya brilla el sol, y en él una alegría,
Que acá en la tierra rompe la tristeza
Y da blanco color al alba fría.

Allí la siento, llena de belleza,
Corriendo entre los astros con el día,
La vida dando a la naturaleza.

 

Soneto XIV

Hirió el sol la belleza de la helada,
La escarcha y el granizo que, sagrado,
El alba derritió y, alborotado,
Dejó libre correr a su morada.

El viento heló de nuevo a la invernada
La lluvia que al ser ya cristal cuajado,
Tranquila, silenciosa, en este estado,
Dejó pasar feliz la madrugada.

Y el sol volvió a nacer en lo lejano
Y el rayo a deshacer la nieve bella,
Si bien no fue como lo es en el verano.

No pudo, en cambio, aquella vaga estrella
El hielo deshacer del que ya cano,
Ornó el cabello con mortal querella.

 

Soneto XV

Las rosas de la vida deshojaron
Las horas sin clemencia, y el rocío
Que trajo la mañana del estío
Allí donde las noches la miraron.

Rondó después la muerte, y la encontraron
Los vientos de la tarde a su albedrío,
En un callado y triste señorío
Donde un mirar sincero alborotaron.

Partió Pilar de donde la quería
Aquel cariño bello de los suyos
A una morada lóbrega y callada.

Cayeron de su vida los capullos,
Segados por la tarde, aunque no fría,
Que no le dio esperanza en sus arrullos.

José Ramón Muñiz Álvarez
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