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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Poemas

lunes 13 de febrero de 2017
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Jorge Contreras Herrera

La presente selección de poesía corresponde a tres libros diferentes, ¿Quién soy otro sino tú?, Inventario de caricias y El espejo adecuado, de Jorge Contreras Herrera. Su tono es reflexivo, acaso filosófico, especialmente por los temas referentes a la otredad. Este desdoblamiento, además de amoroso, se vincula con la dimensión esotérica y religiosa. La idea de Dios y la magia, como ejercicio facultativo por encima de la razón, priman las ideas centrales de varios de sus poemas. Es un autor interesado por temas espirituales.

Fernando Salazar Torres
Responsable de la selección

De la serie Voces actuales de México

Cuando pienso en ti

Cuando pienso en ti, estalla una burbuja de colibríes en mi respiración galaxia emplumada de tornasol y sonrisa. Eres toda Babel, y cualquier lengua, viva o muerta, habla de tus ojos y de esa intensidad de libélula: férvida mirada en el cáliz de luna creciente. Eres volátil y no pongo en duda tu maestría para caminar sobre el agua. Eres tú quien espolvorea de magia las alas de los ángeles, para volar y volver a las alturas de infinitos cielos. Tú me nutres de magia y por ti es que soy generoso.

Tu piel es más fina que el aliento de una plegaria y tu garbo, portento de dragona de corazón incendiado. Cuando caminas, las piedras se erigen y se rinden ante el polvo de tus pasos. Y si me pusiera a hablar de tu ternura, corro el riesgo de derramarme en suspiros y desaparecer; pero puedo decir que sientes y vives la médula de cada palabra y te estremece el alma, que desde dentro de ti surge una claridad que eriza cada vello de tu cuerpo y los ojos se te endiosan como dos mandalas en donde Shiva y Agni ofician ceremonias y es así que los ritos florecen en sentido.

Y tus labios: mineral fundido se enrojecen en el crisol de una profecía milenaria, es entonces cuando la tierra tiembla sus poemas, y no es otra cosa que el paso que se abren los colibríes de día, para tiritar por ti toda la noche.

Eres misteriosa, casi innombrable, pues tu nombre se pronuncia con el corazón limpio, porque al nombrarte, invariablemente surgirán flores espléndidas cargadas de sueños.

Eres una niña de mil eternidades y sabes poner a tus pies al sol y a la luna, no para jugar, sino para cuidarlos. Eres mi templo, mi oriente y occidente, mi norte y sur, mi cenit y nadir. Y todas las lenguas de Babel, vivas y muertas lenguas de Babel, no alcanzan para expresar todo lo que sucede, cuando pienso en ti.

(de ¿Quién soy otro sino tú?)

 

Nostalgias

Siento nostalgia del que pude haber sido
y siento nostalgia del que aún no soy;
nostalgia por el que soy y por el que no soy
y siento la nostalgia de otro que soy por el que soy ahora.

Me rodean nostalgias que me extraño por dentro
y quisiera ser aquél que fui cuando aún no era
para extrañarme por el que soy ahora.

Las nostalgias me invaden por dentro y fuera
si toco nadie abre, si abro nadie entra.
Mis múltiples yoes miran desde sus distintas dimensiones
el lugar donde yo no soy yo.
Siento nostalgia de mí y de ti
nostalgia del que soy cuando estoy contigo.

(de Inventario de caricias)

 

La falsa rutina

Mi cama es una ilusión donde duerme otro que fui
un fantasma retador de recuerdos y rutinas.
No existimos, nada existe, nunca fuimos.

 

Los dados sobre el espejo

“Dios mío, estoy llorando el ser que vivo;
me pesa haber tomádote tu pan;
pero este pobre barro pensativo
no es costra fermentada en tu costado:
¡tú no tienes Marías que se van!”.

César Vallejo

Efectivamente,
Dios, no tienes una cicatriz en el costado
no te duelen las mujeres que se van
las que aman por amar y las que aman sin amar.

Yo quisiera jugar a los dados
sentarme contigo a comer el pan
beberme el vino del siglo
e invitar la siguiente ronda
por las Evas que se van…

Yo no sé si tú piensas en el suicidio
o en algún momento pierdes la voluntad
y tienes que levantarte de todos modos
con la esperanza de que algo pasará…

Yo no sé si, Dios, tengas que creer en algo
si se te impone alguna religión.
De cualquier modo,
Dios, no tienes una herida en el costado
no te duelen las mujeres que se van.

 

Para decir adiós

Quizá el sol se detenga
al atardecer de un domingo
y uno de los dos lastime al otro
sin la intención de hacerlo
pues sabes, como yo,
que es inevitable.

Cómo son las cosas:
la casa habitada
se deshabita un día.

Quien dice adiós
dice, “regreso, no me voy, no me he ido”
para decir adiós, no hay que decirlo.

 

Invocación

Yo supe el tono de voz 
con el cual despertaste al sueño 
vi abrir tus ojos y de tu mirada emerger magia para mí.
Me das en silencio, o en el aleteo de un parpadeo
un himno, cantos, poemas completos.

Un día no estabas, la noche era negra como una yegua negra
sin ojos, sin hocico, sin relincho.

Me cansé de llamarte
y caminé triste, sin moverme.
Entonces supe que me llamabas
que me llamas sin llamarme,
otro responde, y aunque grito
no me oyes.

Te invoco
grabando estas letras en tu frente 
en el corazón de la noche.
Pronuncio este misterio en tu oído;
levántate:
yo soy tú.

(de El espejo adecuado)

Jorge Contreras Herrera
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