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Poemas

miércoles 4 de octubre de 2017
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Minerva Margarita Villarreal

En nuestro tiempo, en pleno siglo XXI, resulta extraño, incluso me atrevo a afirmar que para muchos, hasta contra natura, leer poesía como la que ahora se presenta. Diría: es una poética teológicamente dolorida, melancólica, pero erudita y, al mismo tiempo, lírica. La tradición constituye cultura y pensamiento. Estos dos aspectos sobresalen en la obra de Minerva Margarita Villarreal. La poeta continúa la tradición y la actualiza, pues no resulta anacrónica, sino vigente. Es notable, en cada poema, el cuidado del verso, el trabajo en la composición y el real esmero en la expresión que sensibiliza y dice algo.

Fernando Salazar Torres
Responsable de la selección

De la serie Voces actuales de México

Aparece

Antes del alba sus manos traen el cielo hasta el muro de piedra
y en lecho de madera abro los ojos que no abro
Su hábito solar….su descalzo venir
estando aún dormida con otros ojos vi
Tersa Teresa de las metamorfosis
blanca es rosa su piel….roza casi su rostro
Detrás del respaldo que no hay
ella misma es respaldo:
Cara….brazos….torso….manos….sobre mi cabeza
Inclinada está:
Cúmulo de luz Teresa bajo el velo negro en la tiniebla rémora
sus pies desde otro plano
la vigilia previa de atravesar
el curso de los astros
e irrumpir
Tersa de las meditaciones
En la tierra el espanto:
Más que asombro
mantequilla líquida penetrando
por no sé qué resumidero
el cuerpo:
Seré una alcantarilla en manos de Teresa
una fiebre de oro de las llagas de Cristo
un cielo desprendido del siglo dieciséis
una viuda oscilante….un dominico en ascuas
una familia perseguida
y de cuatro maneras germinará lo plantado:
Agua del pozo
Agua de noria sin anegar el huerto
Agua de río o del arroyo
Lluvia del cielo:
La humanidad de Cristo desnuda tus pupilas
su tórax alanceado aún gotea
Bañémonos Teresa en esta rojedad
En la tierra el espanto
Bañémonos Teresa
El espanto Teresa
Bañémonos Teresa en esta rojedad

 

Esa otra vida

Ladeándose….vadeando….yendo sin rumbo
desde la almohada ardiendo
densa fiebre habría de bendecir
para todo transformar
Ir de la lava de la ira a la armonía de la flor
del hastío a la alegría
de la indignación al llano
previamente alzado por Dios
cuando me eleva
mi llanto adereza su mano
y cuelgan los frutos
llagan:
El rosal donde Cristo abre el ojo
de mi dolencia
La pócima de ingredientes amargos
Con grandísimo desatino
todo me daba vueltas
Muy en lo alto
me observaba
postrada
dándome todo vueltas
Ya el mundo nada dice
pues allá donde nadie ha pisado la luz
con ella doy vueltas
y resuenan en mí
las letras escondidas de su alfabeto
Mamá volátil y encerrada
el mundo se me ha ido
¿Acaso dudas que vengo de la resurrección?

 

Laude

Del color del viento
del aire que erosiona los muros
De cómo transparentan los matices
de piedras y arenales
el verde sedoso del olivo
bajo el rayo
a lo largo del día
Tersa crucificada:
Así miré tu sangre
la canción de tu sangre
Consunción
oscuro follaje
que mana el agua viva

 


 

Dentro rompe la creciente
y salgo de las sombras
que se alojaron en mí
Mi animal huye por la montaña
Hacia allá salgo todos los días
empapada de oscuridad
y de regreso
ya que la luz declina
la nube divide y parte en dos al sol
Dos soles bañan lo perdido
Allá quedaron mis pies buscándolo
mis ojos               
mi perdido animal
Pero nada serás 
sin estos versos
convertidos en pájaros
en círculos
en pasos               
que mis años alargan

 


 

La pátina del hierro el amarillo adobe el óxido adoquín
Un eco un chillido un pájaro elevando
los incendiados muros
que el fuego amó
Gravitaciones torceduras
en el margen turbio de las cosas
brilla el silencio
La paila
bajo la teja
que da al patio
de mosaicos rojos
Entro y salgo
y la puerta es tu pecho
entro y salgo
y tus labios me besan
me besa tu inclemencia
me atraviesa tu aliento
Verde sed
a la orilla del río
suntuosidad de hojas flotantes
de viñas y de higueras
cuyos frutos
devoran los pájaros
Las perlas o la sangre
manteles de alabastro
las copas esparcidas
el hierro en que clavaste
el corazón
Todo flota
y el espacio deja de serlo
La muerte y lo que llama de la muerte
Entro y salgo en el instante en que el vino
se vierte sobre la mesa
y vuelven
tus sandalias
con su paso de lluvia
y tus pies a mi pecho
y mi lengua en tus dedos
Porque la noche fue
contada entre los días
y vino entre los meses
y prendió su grano de luz
cuando este templo asciende
en este espacio
en esta mesa

 


 

Probar el fruto
y saber
que eres tú

 


 

Lejos de la rosa,
de la primavera y su verde consigna;
alejada también de los príncipes,
de sus dardos
sobre las cabezas de las doncellas;
ese cristal en vuelco
donde cinco minutos de arena
repasan años de furia:
el matrimonio,
la felicidad que habría de aparecer,
la inhóspita tristeza,
los detalles y lluvias que deslavan la vida.
Lejos, de espalda al paraíso,
frente al cañón donde los vientos aguijonean,
me uno a su revuelta,
van con ellos mis deseos, los pétalos y hojas,
las vidas que me aguardan;
a ellos me uno,
misteriosos señores de la huida.

 


 

No era la alteración de sus cuchillos
el festivo diapasón que sugería
sino una contrita y despeinada manera de irse escondiendo
Medrar medrar bajo la sangre de la cruz
oración que no termina cuando cesa
y hollar al mismo tiempo en el norte
de este pecho perforado
Medrar medrar bajo la sangre de la cruz
andar en círculo….con el centro vacío
y en añicos el cristalino verbo
Despuntaban carcomidos los ojos de la tierra
Vaciabas en la copa pulida tus dedos glaciales y líquidos
eras el mismo cáliz
Medrar medrar bajo la sangre de la cruz
beber beber hasta embriagarme

Minerva Margarita Villarreal
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