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8 poemas de alcohol que nada tienen de buenos a pesar de las apariencias

miércoles 21 de marzo de 2018
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Antes del humo y la humedad

Antes del humo y de la humedad
el musgo se esparció por tu piel petrificada de
mirada verde
borroneada de sustento de calle y explanada
de sustrato urbano en el caserío
que duerme apagado y bosteza
una de esas resacas amargas

Antes de ser noche hubo primero un
confín de bocas de cemento y aceras
rotas de asfalto en capa y varillas de
un azul de herrumbre y aliento

Antes de ser ciudad hubo un bosquejo
de barrio deshilado con sus vicisitudes
y sus helados en funditas de leche y
y batata

Antes de la lluvia y del horizonte
se poblaron las calles de vientres
inflamados y juveniles
confundidos e inocentes

Y fuimos ciudad almidonada
Estela de sombras múltiples
Ministerio de desazón y llanto

Antes del humo y la humedad
Fueron grises los montículos del barrio
Y fuimos ciudad almidonada
Y juntos todos
Juntos
Nos hicimos de cemento y varilla

 

Espera de ruta

He visto alguna vez
Un vórtice de brisas y huracán
Una mirada de piedra instaurada
Una lágrima abrasiva y torrencial. Lo demás
Es inconstancia de un pregonero
Que ya se extingue como muchas
De esas cosas que se fueron y que
no serán o serán piedra endurecida
Un poco de enmohecida nostalgia se torna ventarrón en estas
Soledades
Mientras enciendo un cigarrillo
Antes de abordar el Metro

 

Matrix

A veces miro estas vastedades de agua y de sol
Estas sales y estos azúcares de alas y plumas; pero ver
Es, tan así, una cucharada de azul que me invade el trastorno
Y el cercano punto de una distancia sin matices.
Y puedo sobrevivir como náufrago de adioses e irrespetos
Y puedo sobrevivir como conjunción de iones en cada cigarro
En cada trago que bebo: en cada sol que me aturde
A las dos de una tarde gris bajo el elevado de la 27
Puedo, incluso, si lo piensas, escabullirme y salir en tu mirada
Con las pupilas rotas
Y la piel hinchada después del estornudo que me provoca
La maldita voladora sin muffler

 

Apocalipsis 3.5

Y me decido por estos rumbos desiertos
Entre cactus azules y arenas blancas fustigadas por el sol
es, nada más decirlo, un espejismo de casas empastadas
caminos estrechos y ríos mordidos por la sequía.
Allí en algún momento hubo montañas y el verde quizá
fue gobernante del rocío y del valle
entre esqueletos cabezas fósiles se calcina la lluvia ya
inexistente. Extinta en la pelambre de la tierra
Decidir, es por cierto, una ambigüedad, un insulto pues
Ya nada puede decidirse, todo fue decidido hace tiempo
y por ello se pinta ineluctable, impostergable e
Irreversible la extinción

 

Apocalipsis

Hay un instante de piedra
Absolutamente gris. Color de madera
Lengua de hormiga a las dos de la tarde

Y la brisa se disuelve en metal
A poca distancia de donde el hombre
Reza de rodillas el Padrenuestro

hay una sombra que no necesitó luz
para reinventarse después que pasaron
las lluvias

 

Absolutamente gris

Y de repente todo fue lastre y cadencia
Plataforma de voces mudas
En la ciudad que se extinguió
Un día de estos.

 

Sin brazos ni Cristos

La mirada se extiende serena
En esta calle de asfalto roto
Y tránsito despoblado

Hay un espejismo que flamea en el aire
Que se destinta con el paso ausente del anciano
O con el irónico deslumbramiento del ocaso

Y decir no hay ciudad sino reflejo
Es tan cierto como estos barrios en punto
Como estas veredas de cemento agrietado
Como estas cruces sin brazos ni Cristos

 

Procesiones

Incienso. Humo que tiembla latente hoy en la barca
Hay gente multitud de gente que marcha descalza
Con los dedos empolvados con el sol embebiendo sus poros
Incienso. Humo de lentejas y destellos. Mucha gente en el
Gentío y la humareda. Mucha gente que levanta sus cruces y
Lame las llagas rosadas a piel viva de sus pecados de sus
Latidos insumisos y los perros realengos también miran
Perdidos en un horizonte de pisadas humanas que se encorvan de
Cuerpos encorvados en las madrugadas saladas de carne
Y polvillo incierto. Mucha gente
Mucha gente en el gentío y la humareda
El incienso se esparce en una capilla amplia
De rezos amarillos y pupilas laceradas de rezos amarillos y pupilas
Laceradas porque Jesús grita Jesús grita y es un grito de llanto
De llanto de sangre que brama por sus mejillas es muy pesada la carga
Mucha gente que levanta sus cruces y agoniza
Mucha gente mucha gente mucha gente que sucumbe en el asfalto
Árido desmayo de lenguas resecas. Flores de ajonjolí y albahaca
El incienso se esparce en una capilla amplia
Agoniza el ladrido sangra la sangre de Cristo
Mucha gente que levanta sus cruces y
Lame las llagas rosadas a piel viva de sus pecados de sus…

Néstor Medrano
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