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Poemas de Reinhard Huamán Mori

martes 9 de julio de 2019
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Desde mi ventana

A simple vista,
pareciera que todo lo que escapa
a estos cuatro irreductibles ángulos
careciera de forma definida.
Si acaso sustancias que apelan al sonido
para dar sentido a dicha porción de mi horizonte.
Por ejemplo,
un avión aparece repentinamente
dentro de ese encuadre rectangular.
Sobrevuela el océano sin apremio,
hasta que al cabo de unos pocos segundos
se desvanece para no dejar rastro.
Si por alguna razón pestañeara
—o bajara la cabeza—,
ese minúsculo punto de acero
que desfigura el paisaje
dejaría de existir por completo,
y con él su tripulación.
Un poco como ocurre con el tiempo,
al que creemos amaestrado
y bien aclimatado a una circunferencia.
Cuando lo cierto es que
cada secuencia que ordenamos,
cada palabra en fila india,
no son más que una paradoja que atenta contra sí misma.

 

Pretérito imperfecto

En teoría, la ruta es bastante sencilla.
Concisa, pensamos.

La presunción evidencia nuestra simpleza.
Partimos de un punto A para llegar a otro B,
sin dilación, apenas entusiasmo.
Nada tan absurdo como confiar en lo evidente.

Un lugar común plagado
de abjuraciones, tropiezos y constelaciones.
El afecto no retribuido es también
una forma de experiencia.
Sus consecuencias, acotamos.

Y mientras,
es el intervalo lo que en realidad cuenta.
El grosor, ancho por largo. Su volumen.
El número de curvas que tiene la espiral
antes de precipitarse en el olvido.
De todo lo demás prescindiremos.

Sin embargo: Algo pasa con la quietud de los árboles
………………………………./ destinada siempre a replicarse
………………….Algo pasa con aquel abstruso amor
………………………………./ condenado a vagar sin forma definida
………………….Algo pasa con el centro de este mundo
………………………………./ desplazado por tu densidad y mi vacío

Periódicamente,
algo ocurre con cada una de las voces que no escuchamos,
—que no queremos que no podemos—
hasta que un buen día empezamos a contradecirnos.

 

Interludio

Hay algo al final de estos senderos
que no es el mar
pero desfallece,

te lo digo porque
hago el viaje todo el tiempo.

Más que el recorrido son las expectativas,
las ansias por llegar y recortar
ese amplio trecho
que se ensancha mientras avanzamos.

Pero no es el mar.
Tal vez la luz, sus ángulos…

Movimientos

*

Sobre el verde del terreno
se agitan los insectos.
Cambian las temperaturas.

El invierno se desplaza
en un desfile de polen, polvo
y exoesqueletos.

A lo lejos
el nerviosismo de los pájaros
abre grietas a través del horizonte.
Lo perfora en absoluto silencio.

*

Hago una pausa.

Me detengo.

El rumor del viento
adquiere forma en la cavidad de los oídos.
Su textura con sólo escucharlo.

Lo sé muy bien,
soy el único que reconoce
el camino de regreso.

Pero no es el mar, aunque pueda olerlo.

 

Solaridad

la luce si fa avara – amara l’anima
Eugenio Montale

En ocasiones,
incluso el sol impide la visibilidad.
Indiferente a si el párpado
permanece extendido o replegado,
menoscaba el cálculo.
Paulatinamente,
se aglomeran en un mismo punto las distancias
hasta aturdir con secretismos
la nitidez de sus halos.

Las más de las veces,
nos enreda de sarcasmo con sus hilos.
Envenena el paisaje de luminosidad,
— i r i d i s c e n c i a —
y nos obliga a sopesar
entre lo que percibimos
y aquello que reconstruimos.

Indefensos a plena luz,
su juego dificulta el presagio.
Perfila, entonces, el momento:
empieza primero por los márgenes,
socava el sentido. Calcina sus imágenes
y lo reduce todo a volátiles despojos.
Marasmos de espejo contrariado.

Perforada la certeza,
siempre a salto de mata entre
coartadas, arborescencias y sofismas,
la ceguera repercute en la paciencia.
Traslucido el horror, abjura la evidencia.

En la oscuridad de la mañana,
inexactos se vuelven los minutos,
anacrónicos los números.
La multiplicidad de los fosfenos
contamina la visión.
Enerva el nervio la sevicia
a la espera de que se resquebraje la tarde
y que desde su cúpula desoven las estrellas.

Al menguar la calma, avanzamos por inercia:
hacia los extremos se extienden las extremidades.
Sólo nos resta inferir el tiempo con las manos,
extraer de su presencia aquel cúmulo
de retales desperdigados,
indistinguibles bajo esa trombosis solar
que desde lo alto se proyecta.

En la soledad más honda, predispone el fuego a la desdicha.

Reinhard Huamán Mori
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