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Dos poemas de José Ramón Muñiz Álvarez

viernes 26 de julio de 2019
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No voy a repetirme

I

No voy a repetirme,
no quiero repetirme,
llorando como suelen los amantes,
gimiendo como suelen los amantes,
perdiéndome en mil mares de sollozos.
Tampoco tú supiste
perderte en el naufragio
de lágrimas por estos desamores
que quieren que te escapes de mis manos,
si acaso se me antoja que te atrapen.

 

II

No voy a repetirme.
Podré contar entonces
nostalgias de momentos deliciosos
que quedan para siempre en la retina
del hombre melancólico que llora.
Y no serás de nuevo
la voz de mis poemas,
que ya serán poemas de añoranza
que cantan al ocaso que se pierde,
que llaman al ocaso que se pierde…

 

III

No voy a repetirme.
Sí voy a repetirme,
tendré que repetirme nuevamente,
gritar de nuevo el nombre de tu nombre,
si es cierto que no sé cómo se llama.
Podrás ser el invento
febril en estos versos
que dejan que me insultes con desprecios,
huyendo de mi mano, disfrutando
ser ángel que se va por las alturas.

 

El faro silencioso

I

El faro silencioso
que mira, desde el cabo,
contempla los paisajes apartados,
lejanos como el vasto precipicio
que mira la belleza más agreste.
Y tú, como esos mares
me dices con tus ojos
que formas esas olas, sus espumas,
los piélagos eternos que suspiran
el llanto de corales y de arenas.

 

II

Y el agua de la playa
se mira en tu pupila,
se advierte en tus ojuelos delirantes,
que oyeron a los viejos narraciones
de tiempos de tormentas y galernas.
Y, en tiempos de galernas,
supieron tus pestañas
del golpe de las olas, de la espuma,
de rayos en la altura y de la lucha
del mar con los pesqueros más humildes.

 

III

A veces, esa madre
se torna en un abismo,
convierte su belleza en furias vivas
que arrancan la ilusión, que hieren hondo,
que saben abatir al más valiente.
Y, hablando de valientes,
¿son pocos los que cruzan
las olas, cuando el alba se aproxima,
luchando con corrientes y con vientos,
dejando el alma allá por un salario?

 

IV

Y sé que tu pupila
contempla, con dureza
—también con hermosura—, los abismos,
el mar de los abismos que nos mira,
que sabe suspirar o amenazarnos.
El verde de tus ojos,
el verde de los mares,
la furia bella y clara que nos hiere,
sorprenden a ese faro que barrunta
después de las auroras los crepúsculos.

 

V

Y viene ya el ocaso,
y vienen los crepúsculos
y saben a tristezas, a otoñada,
a lanas y a una ropa que nos cubra,
que evite los cuchillos de la brisa.
Son estas humedades
testigos de un invierno
que ya no está muy lejos, que regresa,
que invade nuestros reinos hechizados,
los reinos del hechizo en que vivimos.

José Ramón Muñiz Álvarez
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