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Al sol diré que quiera darte amparo

lunes 26 de agosto de 2019
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Soneto VI

Despertará feliz la luz del día
Atenta a la belleza del espacio
Y el blanco del coral verán despacio
Mezclarse en su curiosa algarabía;

Mas no estarás tú ya donde solía
La nieve decorar tu pelo lacio,
El hielo del granizo, ese palacio
De luces que, en tu boca, fue alegría;

Que la sonrisa tierna, la mirada
Y la expresión más dulce que la aurora,
Durmió con el verano su invernada:

Hoy vuela a ti, cansada y a deshora,
La lírica más triste ayer usada,
Donde los hielos guardan su demora.

 

Soneto VII

Al sol diré que quiera darte amparo,
A las estrellas que el palacio habitan
De noches tristes, cuando allí crepitan
Sus fuegos de color, su vuelo raro.

Será el fulgor del sol tal vez más claro:
Más brillarán los astros donde gritan
Y más luz te darán donde levitan
Sus cuerpos temblorosos sin reparo.

Diré al cielo que acoja allá en la altura
La cálida sonrisa, la mirada
Que dijo, sin palabras, tu ternura.

Ya no estarás aquí con la alborada
Ni habremos donde hallar tanta dulzura,
La llama de tu risa alborotada.

 

Soneto VIII

Tu pecho se apagó cuando el semblante
Sin luz buscó la luz que no encontraron
Tus ojos cuando en vano la buscaron
Temiendo no encontrarla en ese instante.

La luz faltó, y buscaste delirante,
Al tiempo que los labios se callaron,
Tus ojos levemente se cerraron,
Y no encontró tu pecho el aire errante.

Hoy rozas, entre escarchas el granizo,
La nieve que los valles más lejanos
Esconde con su manto de tristeza.

Qué rápido tu vida se deshizo,
Qué frágiles cayeron los veranos,
Qué pronto te dio el hielo su dureza.

 

Soneto IX

La tarde derrotó tu fortaleza
Y muerte dio a tus torres y castillos
Después de que la sombra los anillos
Del sol febril tomó con aspereza.

Su espada, helada y triste, con dureza
Tu pecho atravesó y, donde, sencillos,
Volaban dos alegres herrerillos
También tu alma voló, rica en belleza.

Llamaron las campanas en la altura,
Y alzaron con su largo recorrido
La seca, amarga y triste singladura.

Mil lágrimas oyeron su sonido,
Mil lágrimas la paz de tu figura,
Mil lágrimas tu amor desde el olvido.

 

Soneto X

No morirá la voz de la esperanza
Ni negará su fuego a quien lo quiera
Al darle su más grata primavera
A quien valiente espera y no la alcanza.

No morirá la voz por la tardanza
Que el tiempo impone, pues, donde la espera
Aguarda con paciencia una quimera,
Muy pronto será dicha su bonanza.

Que no podrá la daga de la muerte,
Si fue tan poderosa al arrancarte,
Negarme ahora el capricho de quererte.

Será mi fe feliz con no olvidarte,
Mi pecho lo será con no perderte,
Será mi voz más clara al recordarte.

(del libro Las campanas de la muerte, 2008).

José Ramón Muñiz Álvarez
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