Servicio de promoción de autores de Letralia

Saltar al contenido

Del libro inédito Cierta como Morgana, de Javier Olalde

lunes 25 de noviembre de 2019

1.4

Ninguna fe más persuasiva,
más resuelta,
más irresistible,
aunque no te cobijen las mañanas
ni te divulguen las farolas cuando
voy por las noches suponiéndote.

Mi credo es cuanto tengo que te afirme,
eres tan cierta como los augurios
y las valquirias o
los unicornios,
como la isla de Avalón
y la hada Morgana,
a pesar de que ignoro dónde ocurren los días
que frecuentas
y que la soledad no se detiene.

Y ensancho las palabras pretendiendo abarcarte,
sin que tu nombre se alce en ese vuelo
de los últimos pájaros
mientras las claridades de la tarde se apagan.

Rechazo las razones
que refuten la fe de tu creencia.
Ningún dogma más cierto
que la privación en la que me hallo
y el invariable eclipse que te oculta.

 

2.4

Aún puedo vislumbrar
el improbable aroma de las horas contigo,
la retardada pausa de tu rostro en mis ojos
y la aventura intrépida
de alcanzar los espacios extremos de tu cuerpo.

Todavía concibo
el color de mis manos derramándose
por la piel de tu pecho y de tu espalda
hasta estancarse en el calor vibrante de tu vientre,
mientras, imperceptible,
el rumor de la calle nos arropa
y comparto el empuje de tu alentar profundo.

E imagino que todo cuanto es verdad
ocurre en ese momento,
que no existe más mundo que nosotros
y que el espacio-tiempo de nuestras sensaciones
se acrecienta y se expande
en la holgura sin fin del multiverso.

Y hasta supongo que pudiera cumplirse
esta infundada percepción
acaso.

Renuncio a otro futuro.

 

3.8

Como no estás,
resido en un país extraño
donde los días no te conocen
aunque les hablo alguna vez de ti
y de los días en el país que habitas,
cuando el sol del invierno
resbala por tu frente
y deslumbra tus ojos,
y no te deja ver
si habías pensado antes en mí
mientras el cielo aún era
de gris y de amenaza.

O en noches de verano, frente al mar,
cuando se alza la brisa
y estremece tus hombros,
y presagias no sabes qué sospecha
que tal vez me menciona
y que desoyes
porque la noche es suave
y ancha y lenta
y eres feliz acaso.

Al tiempo que ahora,
en este país extraño en donde vivo,
tu presencia se me ha vuelto palabra,
carne, sangre, cuerpo de poema.
Es todo lo que tengo de ti,
poemas que leerás o no,
palabras

 

4.8

Será un clamor de soledades,
un no saber dónde mirar,
porque no te hallarás en ningún sitio
ya luzca el sol o llueva
o se despliegue el luto de la noche sobre
aquellos lugares que acostumbras,
pues no estarás
y habrá una ausencia tuya
hasta que vuelva todo a ser lo mismo
que fuera, aunque sin ti,
en algún tiempo, entonces,
cuando estos mismos versos
continúen recordándote
en los estantes de las bibliotecas
sin conocer tus datos ni tu nombre
y esperen todavía, siempre
en vano.

Javier Olalde
Últimas entradas de Javier Olalde (ver todo)