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Diez poemas inéditos de Ricardo Jesús Mejías Hernández

viernes 24 de abril de 2020

Ars poética

Cada noche
en ese momento más profundo
abro mi puerta a las palabras.
Ellas vienen desnudas
en una comparsa ciega
como una mano en busca
de otra mano.
Dan un paso
cuelgan el frío en el perchero
bailan hacia el fondo
en busca de la luz
encuentran el aire y el humo de una vela
un hilo de ausencias
que anudan mis abrazos.
No duran mucho tiempo
en mi morada
ellas son libres como el rumbo
de los astros
como el final de cada poema.

 

Si llego a ser dios

por un día,
crean en mí con la fe
de una página en blanco;
haré de todas las nubes
países inocentes
llenos de pájaros.
La única verdad estará
en los poemas
o en la confesión de un árbol.
Y, siempre, vayan todos,
de brazos abiertos,
con la sequía en los labios,
con la sombra que les falta,
en mi espera.

 

Arriba sólo un bello mantel con sus flores

Una que otra palabra
te dirá que por ahí no es
que tal vez sea por debajo
de la mesa
el sitio exacto donde
aparecerá la luz
el pan que tanto
andabas buscando.

 

Azules

Soñamos despiertos
nos desvestimos en el aire
somos azules en este viaje
en esta estación donde salen
trenes de mentira.
Pensamos en el camino
en los cuerpos
en las piedras
en palabras.
Y qué importa lo que hay
al final de los mapas
si siempre hemos vivido
en el borde
con la sed de bebernos
y encontrarnos.

 

Cíclope

Llego a mi puerta
y limpio la palabra.
Traigo un saco roto
de nostalgias.
Soy flecha de dos puntas
duda
titubeo
llama ante el viento
temblor
intermitencia.
Ante la realidad
me convierto en cíclope
porque un ojo es suficiente
ante el horror.
Antes de partir
digiero un pan con cicatrices
y lo comparto con mi sombra.
Y la vida es siempre
como esos dos caminos
de mis pesadillas
se unen y semejan una cruz
y me persigno.

 

Por la poesía abrí el pecho

abrí los ojos
y sentí por primera vez
el latido de las sombras.

 

Luz

En el puño llevo tu nombre
y lo abro muy lento
como un sol en la noche.
Es la única manera
de llegar a la calma
cuando siento que la Tierra
da un paso al frente
y me olvida.
Sólo entonces me siento
en mi trono y soy testigo
del paisaje inmóvil.
Sentado en mis ojos
espero la luz.
Sentado en mi fiebre
puedo sentirme más humano.

 

Capitán

Soy capitán en eterna vigilia.
Mi barco abre la tierra
como un corazón que ya no late
A veces ya no veo las olas
ni siento el rumor que golpea
en las piedras del alma.
Me reconozco en las costas
que siempre ven naves zarpar

testigo inmóvil ante las despedidas
de los que se entregan al misterio del mar

tan ligeros
y sin anclas.

 

Destino

Las hojas de los árboles
pueden ser como las palmas
de las manos.
Las nervaduras son
como esos infinitos caminos
que nunca tomaremos.

 

Entrega

Me entrego a tu pensamiento
como quien sabe que va en camino
del cielo
como quien viene de besar
tu nombre
y deja un rastro de vida.

Ricardo Jesús Mejías Hernández
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