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Poemas de El libro de la vejez y la viruela, de Carlos Orellana
(inédito)

miércoles 16 de junio de 2021
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Poema de otoño

Mis días están contados:
Treinta pelos me quedan,
Una mandíbula que aún ríe
Como buena caja registradora,
Muelas curadas con acrílico,
Un viejo corazón que todavía bombea
Sueños y utopías.
Pero la obsesión por el alma,
La obsesión por el colesterol
Dominan mi pensamiento.
Días hay en que me asalta el recuerdo del amor.
Ah, el amor,
Los evanescentes episodios de la juventud,
El talle, la sonrisa, la equivocada manera
De decir adiós.
A ratos imagino
Que estos años han sido
Una calavera en el desierto,
Tiempo que se agolpa
Como rata perseguida.
Y siento no haber alcanzado el alto paraje,
La fértil sombra,
La piel puede haber vivido
para nada.
Desconfío, entonces, de los días de sol
En el invierno. Desconfío del invierno.
Su apagada bruma
Que ahora viste los edificios de la ciudad,
En esta mañana quieta,
En esta penumbra vacía de deseo,
Como una legumbre muerta.
Alguien ha prendido la radio
Y ha convocado a los más queridos
y tristes fantasmas.
Parece que lloverá.

 

Nuestras manos ya no presumen…

En los últimos años me gusta la calma:
las diez mil cosas no tienen lugar en mi corazón.
Wang Wei

Nuestras manos ya no presumen
De ser fuertes,
Sino sabias como un pez.
Los olores más humildes alcanzan
Una estatura desconocida:
Los limones o las axilas femeninas,
La canela o la humedad invernal
En los parques.
El amor ha empezado a convertirse
En una estación final,
Nos parece que la mujer con la que dormimos
Estuvo siempre allí,
Como sembrada
Por una mano invisible.
Nuestros antepasados nos miran en el espejo,
Mientras nos rasuramos,
La amistad es un pequeño
Árbol de menta escondido
En el vasto jardín.
Escuchamos a los jóvenes
Gritar nuevamente
Contra este mundo
Que gira con ellos y sus gritos.
Los jóvenes nos producen muchos sentimientos:
Burla, lástima, envidia, indignación.
Los no jóvenes nos producen muchos sentimientos:
Ira, desprecio, conmiseración, respeto.
¿Y qué sentimos por nosotros mismos?
Algo confuso
Como un súbito remolino en el agua
Que pronto será un estanque.

 

Poema escrito en una mañana de niebla

Para Giovanni Quero

Bajo tierra,
Bajo noche,
Bajo la costra que forma el tiempo
Sobre el latido muerto,
Están los amigos que ya no veo,
Ni puedo llamar por teléfono
A horas tardías
Para hablar
De la sustancia y la nada,
De la coyuntura y la eternidad.
Miro por la ventana de mi departamento y es otoño,
La niebla sobre edificios y calles
Empieza a disiparse,
pero el otoño insiste en llamarse otoño
Y las calles, calles,
Y yo, un testigo ignominioso
De todas las vidas que fueron.
Sigo llamándome Carlos,
Sigo latiendo,
Sigo escribiendo
Sobre el viento,
Enumerando
Las muertes,
Hasta que una niebla feroz
Rompa los vidrios de mi ventana,
Ingrese a mis habitaciones,
Me desencapsule,
Y me haga niebla,
Latido muerto,
Canto perdido
En una inmensidad desconocida.

 

Tao

Quiero más de un verano y un otoño,
Hölderlin.
Quiero envejecer leyendo el Tao y no el Evangelio.
Quiero preparar la cama donde voy a morir
Y poner en una jaula las palabras
Para soltarlas a mis hijos el último día.
Quiero ocultar mis pecados,
No son muchos,
Bajo una piedra negra sin arrepentimiento.
Son pecados humanos, tienen
Sangre y latidos,
Tienen una propia vida y una propia muerte.
No los llevaré conmigo,
No me conviene,
Entraré desnudo al Purgatorio,
Entraré cantando una monótona canción de amor.
No espero la resurrección de la carne.
Moriré vegetariano.

Carlos Orellana
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