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Diez poemas de Libro de percances, de Ricardo Jesús Mejías Hernández

lunes 5 de julio de 2021

Libro de percances ganó en 2015 el XIX Concurso Nacional de Literatura Ipasme y fue publicado en 2017 por el sello Negro sobre Blanco.

Muerdo la sílaba de tu adiós
respiro un aire suicida
me amoldo a este cuenco
o espiral infinito
que es la soledad.
Soy flecha suspendida
plegaria al vacío
escombro.

 


 

Pronuncio el agua
el aire
vengo de lo profundo
sacudo el manto de sal
procuro hacer notar
mi temblor
mi intermitencia
pero estas redes
trenzadas por la desdicha
me atrapan
como una palabra
o semilla.

 


 

Me voy
llevo mis palabras
mis silencios
dejo la casa chica
llevo un espejismo en las manos
busco la sangre
el camino
el río
soy barco salido de las entrañas
de la tierra
sin carta de navegación
sin mar o cielo que lo espeje.

 


 

Callada
como alma en el fondo
de un pozo

así es la ruta
a seguir

de la sangre
a la herida

al inicio de este pacto
de silencio.

 


 

Es mi cuerpo un portal
antesala
túnel hacia el tiempo
detenido
hacia el nombre detrás
de la trinchera.
Hay acá la piedra
que espera levedad.
Hay acá el estigma
de tanta visita.
Hay acá un libro
lleno de percances.

 


 

Viajo sobre un cuchillo
o sobre un poema
vehículos de placer
o dolor
siempre en los bordes
del cielo o del abismo.
Recuerda que Dios
es bipolar
y forma parte
del juego.

 


 

Voy a colgar la sonrisa a la espalda
para sorprender a la muerte

ya no será mi atavío
el miedo

el largo ruido que arrastra
quedará en el polvo.

Voy a colgarme al sol
y su distancia

debo ser inmune
a la noche
a sus personajes
a su telón roído.

Voy a colgarme para siempre
al silencio

tal vez así
ya no me alcance.

 


 

Mapa herido
te dejo mis raíces
mis antiguas fronteras
mis pies descalzos en el aire.
No puedo seguir en tu única casa
la que no huye
la que selló las ventanas.
Vuelvo al animal
a ese
que tiembla en la sombra
que se desnuda en las calles
que reza.

 


 

Hoy sólo puedo ofrecer
mi rostro
mi sombra
mi cuerpo ausente
mi talento para traducir
el silencio
el rezo de un barco
o tal vez
saber lo que piensas
cuando todos duermen.

 


 

No me quites la noche
dame el poema como un agujero negro
donde entre una vez
y calle para siempre.

Dame la razón
para seguir este camino
a tientas.

Ricardo Jesús Mejías Hernández
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