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Mar alterado

lunes 30 de agosto de 2021
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I

Y, llegando de un mar alterado que miró la niñez aburrida del muchacho que pude haber sido, decidí componer estos versos. Y, al mirar esa luz del otoño, comprendiendo la voz de la lluvia, que nos habla en secreto lenguaje, fui anotando sucesos curiosos. Y ese sol que lamenta el crepúsculo que sugiere los versos más dulces, al hallarme entre montes y bosques, me pidió que escribiera el poemario.

 

II

Y, al venir de un rincón alejado de las costas abruptas de Asturias —pues la espuma se sabe mi amiga—, preferí meditarlo tranquilo. Y es momento de hablar con el alba de los pasos callados del joven que dejó de ser joven un día, contemplando las nubes que siguen. Es momento de hablar del murmullo que recorre el espíritu mágico de los bosques que llenan el valle, con su aliento feliz y brumoso.

 

III

Y en las brumas que dictan condenas, que suponen al cárabo triste, que conocen a todas las brujas, es mi verso, por fin, aquelarre. Y, al llegar desde tierras lejanas al lugar de los bosques de tejos, esa bruma del tiempo de antaño me recuerda la voz de lo celta. Y quedó, donde quedan las costas, la tristeza del hombre que parte, que se va de la tierra más suya, regresando a un lugar que conoce.

 

IV

Porque quieren los osos del bosque ser aliento del libro que escriba, si las noches, de negro azabache, me acompañan, prestando su luna. Porque quiere la noche que escriba el dolor del minero que sufre, el dolor del minero que bebe, el dolor del minero que olvida. Porque quieren los viejos fantasmas de los castros que sienten orgullo en la altura feliz que defienden que se escriba por fin su grandeza.

 

V

Porque quiere la historia que grite, porque quiere el licor que lo cante, porque bares y tascas lo dicen en un mundo de bares y tascas. Y, en un mundo de bares y tascas, entre vinos y densas cervezas, imagino los versos que llegan a la mente, pues son un regalo. Y el regalo que tengo y es mío será pronto un regalo de todos, una vez os susurre los versos que sugieren las horas ociosas.

 

VI

Estos versos que escribo son míos, al nacer de la fuente en que bebo, pero son, al nacer, cosa ajena, si es que ofrendo los versos que escribo. Y vosotros, que estáis escuchando, sentiréis que son vuestros los versos al sentir el paisaje y la brisa del paisaje en que estoy acogido. Pues son vuestros los bosques que llenan el lugar que describe la lira, pues son vuestras las nieves y otoños que dirá la poesía que nace.

 

VII

Y, ofreciendo los versos que entrego, podré hablar de Lumajo, de Sosas, de Caboalles, de montes y sotos, de lugares que están junto a Asturias. Y, si causa esto en mi gran deleite, porque siempre fui fiel a mi Asturias, os diré versos bellos y acaso gustaréis de escuchar cosas bellas. Porque, cerca de Asturias, mi tierra, en la vuestra, los versos escapan como el agua que llega del cielo, impregnando el paisaje dormido.

 

VIII

Porque el verso que escribo es el verso que se pierde entre brumas y rocas, como música bella de Bruckner, como el trémolo fuerte de Bruckner. Y, escuchando esta música densa como el aire que trajo la brisa solamente con ser de humedades, os diré que las musas me obligan. Y diré que el castillo calizo se convierte en la negra pizarra que contemplo en los viejos tejados del lugar donde estoy, donde habito.

 

IX

Y supongo que aquí todo el mundo conoció ese poder asombroso que se agarra a la entraña y al pecho, al mirar esos montes y cumbres. Porque todos los montes y cumbres son anhelos de nuestro inconsciente, si es que quiere buscar lo más alto, si es que quiere perderse entre nubes. Pues las nubes, hermanas del cielo, de los dioses que acaso existieron en conciencias pueriles de antaño, nos dirán lo que saben del mundo.

José Ramón Muñiz Álvarez
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