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Tres poemas de José Ramón Muñiz Álvarez

viernes 29 de octubre de 2021

Despunta la mañana nuevamente

I

Despunta la mañana nuevamente.
Parece que la brisa va arrastrándola,
que va trayendo el beso de la altura.
La luz del sol se mira en cada charco,
se torna en un anhelo al contemplarse,
viviendo del reflejo en que se mira.
Y el brillo del otoño la hace hermosa,
la ve crecer hermosa cuando nace,
la mira respirar en cada nube,
la ve buscar la luz en cada nube.

 

II

Yo busco las auroras más tempradas.
Diréis que colecciono esa alborada
que brilla en cada valle, en cada llano.
Y espero que regrese, que me diga
palabras de lugares muy remotos,
mansiones y castillos de leyenda.
Y sueño que me dice los secretos
que existen en la noche cavernosa
del sueño misterioso de la muerte,
si existe algún lugar donde se esconde.

 

III

Y pongo mi esperanza en sus pinceles.
Mirando el alba clara, soy espera,
y quiero regalarme a la esperanza.
No hay nada más dañino que entregarse,
sin más, al sinsentido de esperanzas
que nunca se ofrecieron a nosotros.
Y sueño que, en los brillos de la altura,
se advierte, de una forma más que tenue,
el rostro de mi madre y las abuelas,
queriendo regalarme su sonrisa.

 

La metáfora

I

Me gusta la palabra del poeta
que busca, entre las sombras, cada faro;
que sabe, entre las sombras, cada faro;
que siente, entre las sombras, cada faro.
Me gusta el verso claro, cuando vuela,
su luz, como esos faros en la noche;
su voz, como esas llamas en la noche;
su sed, como una estrella entre las sombras.
Y, al ser como una estrella entre las sombras,
me gusta el verso oscuro,
…………………………………..la metáfora.

 

II

Yo mismo soy oscuro como el verso
que busca, entre las sombras, cada faro;
que sabe, entre las sombras, cada faro;
que siente, entre las sombras, cada faro.
Yo mismo sé sentirme como el verso
que llora como un faro en plena noche,
que gime como un faro en plena noche,
que siente como el alba, cuando nace.
Y, al ser como la aurora que despierta,
me gusta, en el ingenio,
…………………………………la metáfora.

 

III

Y escribo versos raros, a capricho,
que buscan, entre sombras, cada faro;
que saben, entre sombras, cada faro;
que sienten, entre sombras, cada faro.
Y digo que soy faro, cada noche,
buscando las cuartillas en los muebles,
buscando lapiceros y bolígrafos,
volviendo a recargar la vieja pluma.
Y todo es recargar la vieja pluma,
si es hora de gustar
…………………………..de la metáfora.

 

Contacto

I

Y supo el aire puro
mezclarse al aire puro,
formar el aire puro,
volar al aire puro, donde, puro,
soñaba el aire puro ser más puro,
más limpio que la voz del verso puro
que habita donde, puro,
sereno como el alba,
se torna el aire puro un verbo puro,
tan puro como el cielo, claro y puro.

 

II

Y, siendo claro y puro
—seguía siempre puro—,
sintiéndose tan puro,
su aliento fue contacto con el bosque,
su verso fue palabra con el bosque,
sus voces fueron voces en el bosque,
y el bosque, como bosque,
diciendo ser el bosque,
buscaba en su pureza el aire puro,
soñaba en su pureza el aire puro.

 

III

Y supo el aire puro
mecerse con el bosque,
soñar, en pleno bosque,
que todo era más puro y que, más puro,
mostraba, como el aire siempre puro,
su voz y su belleza al oro puro
del alba sobre el claro,
del fuego de esa aurora
que quiso ser el bosque con el bosque
y ardió como los bosques que se incendian.

 

IV

Y quise ser un beso
perdido por tus labios,
y ser olor a bosque,
llegar a ser el monte que te enreda,
que entraña sus entrañas en tus ojos,
vendido como el cielo gris y triste
que tiene esos ocasos
que muestran sus crepúsculos,
la luz callada y tenue en sus crepúsculos
detrás del bosque herido y silencioso.

 

V

Y quise ser contacto
del beso de tu beso
y el beso de los bosques
que son el aire puro, si despiertan;
que sueñan aire puro, si se duermen;
que dicen ser el aire, cuando el aire,
jugando a hacerse puro,
promete ser más puro
que el bosque donde habita el aire puro
y el monte que acaricia el aire puro.

 

VI

Y el monte siempre puro
que vive el aire puro
respira el aire puro
y advierte que en tu boca siempre es pura
la voz del aire puro de los sueños,
la voz del aire puro de los versos,
el eco siempre puro
que sabe ser más puro
si, al ser la voz dejada al aire puro,
supone ser un bosque con el bosque.

 

VII

Y yo no soy un bosque,
no soy el aire puro,
no quiero ser el aire
que vive siempre libre, siempre puro,
pues quiero ser un bosque en esos valles
que tienen las montañas que respiran
tu beso silencioso,
tu beso cristalino,
cuajado, como entonces, de aire puro,
si alguna vez el aire fue tan puro.

José Ramón Muñiz Álvarez
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