“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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El silencio de las playas
(poema para el Concejo de Carreño)

viernes 4 de febrero de 2022

Introito

El beso de la brisa nos habla en las Asturias que beben el septiembre. La muerte del verano nos condena, quizás, a esa nostalgia de otro tiempo, tal vez cuando la luz era más clara. Las tardes son lluviosas, los mares se hacen grises, y el alba nos convoca, con tristeza, con llantos, a iniciar un nuevo día que habita los silencios de las playas. Y siento los silencios de las playas, y escucho los lamentos de las playas, y habito los silencios de las playas.

Y corre la mañana, que vive persiguiendo la luz del sol cobarde. Los aires del otoño se adivinan, los viejos castañares aún esperan, muy pronto serán oro con la bruma. Y pienso en la mañana que corre a su destino, y el alba va perdiéndose con calma, dejando un rastro bello que se pierde tal vez en el silencio de las playas. Y siento los silencios de las playas, y escucho los lamentos de las playas, y habito los silencios de las playas.

Y miro en lo lejano, sospecho la tristeza que llega tras septiembre. Y octubre va avisando, en cada valle, del sueño en que sumerge cada prado, si viene, cuando toca, con su aliento. Y digo que está cerca, y siento que está cerca. Lo dicen los rumores de estos días que sienten esa herida más cercana, si escuchan el lamento de las playas. Y siento los silencios de las playas, y escucho los lamentos de las playas, y habito los silencios de las playas.

Y siempre es el silencio de las playas.

 

I

Las playas de Carreño
descansan sin apuro,
mirando precipicios.
Las olas que las bañan son las olas
que siempre se repiten en la arena:
no suelen comentar nuevas noticias.
Y sé que las arenas
escuchan con respeto
el canto de las olas apagadas,
las voces de las olas apagadas
que animan el silencio de las playas.
Y siento los silencios de las playas,
y escucho los lamentos de las playas,
y habito los silencios de las playas.

 

II

Me pierdo en el Tranqueru,
contemplo las gaviotas,
admiro las gaviotas.
Sus vuelos no sospechan las ventiscas
que llegan en invierno al mar Cantábrico,
que vienen de los mares arreciando.
De todos modos, sueño
los sueños de otras veces:
la lluvia que desciende mansamente,
la lluvia que desciende y que se empapa
de todo lo que toca en cada playa.
Y siento los silencios de las playas,
y escucho los lamentos de las playas,
y habito los silencios de las playas.

 

III

Y dejo que la brisa
comulgue en el espacio
con todo lo que roza.
Y el sol es un cobarde que se acuesta
temprano, como un niño que se rinde,
si quiere caminar por los pasillos.
Y siento la palabra
de nubes que caminan:
entiendo que caminan a otros reinos,
que buscan los lugares alejados
que ignoran el silencio de las playas.
Y siento los silencios de las playas,
y escucho los lamentos de las playas,
y habito los silencios de las playas.
Y siempre es el silencio de las playas.

 

Finale

Asturias es hermosa. Lo dice cada valle, debajo del “orbayu”. Septiembre viene siempre con la lluvia, con sol y con tristezas melancólicas que dicen la verdad de estos rincones. Asturias es hermosa, tan bella como el agua. Los ríos van buscando su destino, caminan lentamente, cuando llegan al fin a los silencios de las playas. Y siento los silencios de las playas, y escucho los lamentos de las playas, y habito los silencios de las playas.

Asturias es hermosa. Lo dice la paciencia que vive en esas cumbres. Y siempre los cordales misteriosos parecen un castillo a los que viven en zonas de las costas del olvido. Asturias es tan bella que nada hay ya más bello. Pensad en esa brisa levantada al horizonte, que busca cada cabo, que sospecha la voz de los lamentos de las playas. Y siento los silencios de las playas, y escucho los lamentos de las playas, y habito los silencios de las playas.

Y siento que esa Asturias se pierde en su belleza, mirándose en los mares. Y siento que esa Asturias encendida se pierde en cada gota que la lluvia regala al aire fresco de otro día. Y digo que es Asturias el eco de un poeta. Y al pronunciar su nombre me emociono, dejando que recorra cada verso la voz de los lamentos de las playas. Y siento los silencios de las playas, y escucho los lamentos de las playas, y habito los silencios de las playas.

Y siempre, siempre es el silencio de las playas.

José Ramón Muñiz Álvarez
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