“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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Tres poemas de Ronel González Sánchez

lunes 7 de marzo de 2022

Compasión

Los criminales odian ser compadecidos.
Pobre criminal que recibió maltratos desde el kínder.
Pobre criminal con sus abusadores padres,
su temor a la oscuridad y sus animalitos degollados.
Un asesino necesita respeto
y no misericordia de los simuladores.
Un asesino es venturoso cuando hay cobertura de la prensa.
Un asesino no es una víctima.
Para eso, obviamente, están las víctimas, y las candidaturas.
Los criminales requieren escenarios factibles
para engendrar performances.
No importa si en la misma ciudad o con las mismas armas.
En eso, también, son parecidos al poeta.
Cero compasión con el criminal de la palabra.
Un poco de respeto, quizás, pero mucha tortura.
Obséquienle todo el dolor del mundo.
Ya él se encargará de desmembrarlo,
y de pasar inadvertido como el viento en la noche.

 

Unidad de crímenes intensivos

La poesía, como la vida, falla.
Le falta el aire al poema y hay que ponerle oxígeno.
Se precisa intubar los vocablos,
intervenir vías endovenosas,
la inserción de catéteres.
Ahí es cuando se implican mecánicos de euritmia,
albañiles de la expresividad, carpinteros gramáticos.
Milagrosamente el poema mejora,
pero hay veces en que los protocolos son respaldos
o maniobras inútiles,
y no es descabellado aplicar la eutanasia
o darle vía libre al criminal que yace en el poeta.
De cuando en cuando estrangular la retórica al uso,
la ilación y las alegorías
no es un procedimiento que deba despreciarse.
Ya cuando el infortunio resulta irreversible,
no es necesario convencer el autor
de las operaciones que hay que poner en práctica
con el poema agónico.
Dependen de su arbitrio
y una buena porción de sangre fría.
Si los intensivistas no ofrecen a la obra
un regreso dinámico,
no debe importunar que la escena insinúe
ser un crimen perfecto.

 

Estética de saltar al vacío

No es necesario una cara visible
para que los asesinatos se produzcan.
No es imperioso disparar a mansalva
o ahogar a un individuo
para obtener el crédito de infame consumado.
Estrangularle la palabra a un poeta,
volverle opresivo el horizonte,
ceñirle esposas de humo
para que no escudriñe la mugre del paisaje,
son modos de erigir una nefanda estética,
deudora del marbete que distingue al recluso.
La expulsión silenciosa de Machado, Juan Ramón y Cernuda,
edificó en la sangre palmarios contrafuertes,
lápidas de perpetua desmemoria.
Puso a escoger entre la poesía y la noche.
Ahora sabemos que no es imprescindible
una estampa notoria
para ponerle nombre a un infractor,
una era, una ignominia.
Uno de los crímenes en serie más atroces
contra la sensibilidad de una cultura
es forzarla al exilio.

Ronel González Sánchez
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Comentarios (5)

Muy agradecido por la publicación de mis crímenes poéticos en Letralia, un modo de hacer que estos poemas lleguen a muchas personas de un idioma tan rico como es el español. Muchas gracias, nuevamente, y pueden contar con mis colaboraciobes.

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Excelentes poemas, agudas incisiones al asunto de la justicia poética… y de crímenes afines. Ronel González, siempre un maestro, uno de los poetas verdaderos.

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Muy buena selección de este gran poeta y excelente persona.

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Hermosos poemas, conmovedor. Un lenguaje que traspasa, desborda e inquieta. Bellos!!

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Cuando las palabras son dagas, sables, espadas que atraviesan las vísceras y se puede sangrar luego de acceder al lenguaje hermosamente dolorido de un autor. Cuando un poeta, su poesía o ambos se encuentran internados en la UCI y uno funge como familiar acompañante, el lector siente y padece cada una de sus penas, se doblega ante el dolor de sus heridas y quisiera junto a él como las bestias, lamer sus cicatrices y seguir sobreviviendo en la hostil y densa jungla. Estos poemas son tres columnas de mármol, tres más que sustentan el templo creador de Ronel González Sánchez. Brillante y sensible escritor que no necesita compasión, que merece (Sin quizás) mucho respeto, menos agonía, para evitar forzándolo al exilio, otro crimen contra la sensibilidad de nuestra cultura.

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