“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
Saltar al contenido

Poemas de Ricardo Jesús Mejías Hernández

lunes 21 de marzo de 2022

Mis manos

A veces se convierten en alas,
llevan las palabras a lo alto
y las dejan caer
sobre campos desiertos.
Otras veces me dicen adiós
desde otro cuerpo,
desde otra casa que les abre
la puerta.
¿Con las manos debo sostener
la cabalgadura o hacer el camino?
¿Qué ofrece una mano abierta?
¿Qué oculta una mano cerrada?
Las manos pueden desnudar
la vida de alguien,
el cuerpo de alguien,
la sonrisa de alguien,
también vestir todo de poema
con sus guantes.
Con estas manos
hago poemas
sostengo una flor imaginaria
enciendo las velas
dibujo tu rostro en el aire
Con estas manos
hago la señal de la cruz
cuando me asalta el miedo
con ellas borro mi pasado
como un espejismo
con ellas he construido
un muro una fortaleza
un sitio para ocultarme
del mundo.
Con estas manos
he despedido la dicha
en los andenes
he dibujado barcos
en el cielo
he sembrado la vida
para siempre.

 


 

Eres un sitio en mi poema
una voz
una palabra que late
bajo el pecho.
Eres un silencio en mi camino
una pausa en el puente
un sorbo de aire.
Eres aquello que se guarda
en los pliegues del tiempo
en el blanco de las hojas.

 


 

Guerra

Ya no lucho más,
atrás quedó la vieja trinchera,
hoy me expongo
hoy me exhibo
hoy me entrego
en este poema,
dejo entrar a las miradas
como los ramos amarillos
en las dulces venas de la nieve.
Me ofrezco en sacrificio
en esta guerra.

 


 

En el nombre de las cosas
debo afirmar que mis palabras
hasta ahora
no alcanzan a decir
lo tanto llovido
y es la sed mordida
por tanto silencio
una sequía milenaria
que algún día
será satisfecha
como un campo sembrado
por la mano de Dios.

 


 

Afuera está el grito
la fiesta del mundo
mientras en mí
crece muy solitaria
una palabra.

 


 

El poema es la mirada
que quedó en la ventana,
una parte de mí
que muerde el espacio
inconquistable,
horizonte común
para quien no espera
nada.

 


 

Me debato entre las letras
con las que pronuncio tu nombre,
con aquellas que te pienso,
con las que exhalan tus gemidos.
No son las mismas.
Construyo un lenguaje
común para el encuentro
de todos nuestros sentidos.
A veces no sé cómo decirte
que el aire falta acá adentro,
que soy como una roca
tropezando con los pies.
No importa seguir este camino
aunque luzca equivocado,
aunque la luz ya no florezca
y tu sonrisa sea un adiós.
Vale la pena cada una
de las letras,
cada encuentro en el
lenguaje,
la falta de aire y los
tropiezos,
seguir algún camino
aunque sea equivocado,
siempre en nombre del amor.

 


 

Me pides un poema
hoy
precisamente hoy
que veo las hojas despedirse
ahora que todo es alfombra
de olvido
hoy cuando las nubes nacen
de una mano temblorosa
hoy que llevo un solo
zapato
precisamente hoy
que estoy ante las tribunas
del miedo.

 


 


a todos les diremos que fue
la poesía
nunca negaremos la verdad
que la magia de este lazo
de niebla que nos une
que el sonido de fondo
como el mar
que la sombra al par de nuestros
pasos
es ella
es por ella
por la poesía.

 


 

Personajes

He pensado esconder
la jauría de mis personajes
su dicción de relojes
toda esa algarabía
que me atormenta.
Abofetear a cada uno
poner un cinto en sus bocas
antes de guardarlos
en sus cajas.
¿Qué me impide hacerlo?
Tal vez también lleve
sus ropajes
su tufo de mentira
ese corazón de trapo
esas palabras tan ajenas.
¿En qué clase de tren vamos?
¿Hacia dónde?
He querido borrarlos
quitarles su azul imposible
inaudito
llover sobre su fuego
que me quema.
Hay un gran teatro acá
con tribunas de angustia.

Ricardo Jesús Mejías Hernández
Últimas entradas de Ricardo Jesús Mejías Hernández (ver todo)